Si actualmente se analizan campañas políticas, uno se da cuenta que las encuestas que tratan las chances de candidatos y partidos cada vez tienen más impacto. Parece que para los medios de comunicación tienen el especial atractivo de presentar a las elecciones más como carreras de caballos que como competencia de ideas.
Captar la audiencia con porcentajes, con el subir y bajar de cifras causa más tensión y es más fácil de presentar que, por ejemplo, las opiniones de candidatos a temas específicos.
Cifras de las últimas campañas en Estados Unidos muestran este desarrollo muy claramente: desde 1968 hasta 1992 la transmisión por televisión difundiendo encuestas se triplicó. Según Robert Kubey y Vincent M. Fitzgerald, en 1968, por cada minuto de información sobre encuestas las cadenas de televisión entregaban cuatro minutos de cobertura de campaña.
En 1992 esa relación se había reducido a 90 segundos de cobertura periodística por cada minuto dedicado a los sondeos. En palabras de los autores: Los directores periodísticos de las cadenas generalmente culpan al público, y no a ellos mismos, por esta falta de orientación temática en sus transmisiones. La gente odia la política -se quejan-.
Los televidentes cambiarían de canal si damos información sobre temas. Pero las encuestas y la constante cobertura contribuyen a la falta de participación popular y de experiencia en los temas de la campaña. Además, en la ciencia de comunicación desde hace varios años se está discutiendo en que forma las encuestas pueden influir la opinión del público.
En Alemania, por ejemplo, hay un debate sobre el voto táctico, debido a la situación que en ese país un partido necesita un mínimo de 5 por ciento de votos para poder entrar en el parlamento. Si, por ejemplo, los seguidores de un partido se dan cuenta que todas las encuestas, con cierta seguridad, dan a su partido solamente un 4 por ciento, tal vez no votan por este sino por uno cercano para no emitir un voto inútil.
También en el pasado se han dado cuenta que alguna gente que quería votar por un partido grande vota después del conocimiento de encuestas por el partido pequeño, con el cual el partido grande tiene vinculaciones de coaliciones políticas, para ayudarlo pasar la barrera.
Este factor es investigado más claramente que, por ejemplo, aspectos como el voto en favor del partido que parece el claro ganador (bandwaggon effect) o el voto de misericordia. También están los casos de votantes que se quedan en casa porque las encuestas les muestran que su voto no es necesario -porque su partido está ganando con amplia mayoría- o que no sirve, porque la elección ya se da por perdida de antemano. En todos los casos, además, hay que mencionar que no todos los institutos de encuestas, dedicados a la demoscopía, son igualmente serios.
Muchos ejemplos muestran que hay resultados bastante influidos por los intereses del que paga el sondeo. Hay deficiencias en la capacidad científica de algunos institutos, en la elaboración de cuestionarios, en la capacitación y la contabilidad de los encuestadores, en la interpretación de los datos. La seriedad y validez no siempre están garantizados. También, por supuesto, hay resultados que se saben, pero que no se publican porque en el momento no conviene. Todo esto ha dado a la demoscopía, a los ojos del público, una fama de un mero oracle, que tampoco está justificada.
Muchos son los avances que la técnica de sondeos ha logrado desde sus inicios. A la opinión pública, por ejemplo, le da la chance de comparar datos reales con la imagen que se ve en los medios de comunicación.
Aquí la demoscopía sirve como un instrumento de control para el análisis de la realidad que casi todos, en gran parte, conocemos a través de los medios. Por ejemplo, en Alemania, hay diferentes formas de pluralistic ignorance, que es cuando la mayoría se equivoca bastante sobre lo que piensa la mayoría. A la pregunta, como es la situación económica personal después de la reunificación alemana, amplias mayorías en ambas partes del antes dividido país contestaron bueno o muy bueno.
Preguntado, como piensan que es la situación económica en general, iguales mayorías opinaron con mal o muy mal. ¡Sorprendente!
Un resultado que, sin la ayuda de la demoscopía, no se podría analizar. Los estudios a largo plazo también muestran su validez y su importancia, por ejemplo, en la investigación sobre cambios de valores en una sociedad como base de cambios en el comportamiento social y político.
Hay que preguntarse cómo se puede motivar a institutos privados para realizar investigaciones en las cuales es necesario preguntar las mismas preguntas, por anos, a la misma gente o a la misma muestra, o si hay necesidad de una capacidad investigadora independiente, por ejemplo, dentro de las universidades. Igualmente hay muchos casos para analizar en la comunicación política y la demoscopía da valiosos instrumentos. Pero claro: todo depende, que se hace con estos instrumentos!
Con su investigación en el Perú, Fernando Tuesta Soldevilla contribuye mucho al análisis de la demoscopía no solamente en su país. Está llenando un vacío en el análisis de la comunicación por un lado y con sus resultados está invitando a un debate amplio basado en datos serios sobre lo que se puede esperar de las empresas de sondeos y que no; como se pueden usar las múltiples técnicas, que consecuencias pueden causar y que hace falta para un aprovechamiento mejor.
La Fundación Konrad Adenauer agradece al autor su valiosa contribución para los estudios de comunicación política y para el mejoramiento del conocimiento común sobre un área que a todos nos afecta, pero sobre la cual no sabemos lo suficiente. Agradecemos también a la Universidad de Lima y a su Fondo de Desarrollo Editorial, a la rectora Ilse Wisotzki y al director ejecutivo, José Valdizán Ayala, la valiosa colaboración en esta publicación, con la cual presentamos los resultados de la investigación a un público amplio.
La Fundación Konrad Adenauer, con su programa Medios de Comunicación y Democracia y su apoyo para estudios como el presente, quiere contribuir a un fortalecimiento de la democracia, en la cual los medios de comunicación cumplen un rol cada vez más clave. La democracia siempre está basada en el conocimiento de su funcionamiento, en una información libre y completa para cada ciudadano, en la libertad de expresión y el intercambio libre de ideas. Se necesita por ello de periodistas y profesionales de la comunicación que sepan lo que hacen, que sepan interpretar, analizar y después, especialmente, orientar a su público. También a ellos dedicamos este libro. (Págs. 4-5)
Editorial: Konrad-Adenauer-Stiftung | Año: 1997 | Páginas: 118 | Descargar PDF