Más allá del interés propio

Un número sorprendente de personas actúa en muchas ocasiones respondiente a emociones hondamente sentidas y opta por dejar de lado su interés propio en favor de lo que juzga la acción recta o moral

En la riqueza de las naciones (1776), Adam Smith asentó por vez primera la famosa proposición de que «no es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero de lo que esperamos la comida, sino de su atención a su interés propio». A la zaga de Smith, la mayoría de los economistas han aceptado un modelo del comportamiento humano en el cual el hombre es un individuo racional, siempre en pos de llevar al máximo su propia ventaja.

En un libro que hoy está despertando enorme atención, sin embargo, el economista Robert Frank propone una posibilidad más sutil, el «modelo del compromiso».

Frank advierte que un número sorprendente de personas actúa en muchas ocasiones respondiente a emociones hondamente sentidas y opta por dejar de lado su interés propio en favor de lo que juzga la acción recta o moral. Con todo, según lo muestra el autor, este sistema de valores no es irracional; a la larga, la persona honesta se beneficia ella misma, así como la sociedad en conjunto.

La mayoría de los economistas sienten hondo temor de que sus iguales los tomen por ingenuos. Se sienten a disgusto, por ejemplo, cuando se les pide que expliquen por qué un dentista atiende sin cobrar a la junta directiva de una institución caritativa del lugar. Tal vez preste sus servicios por pura generosidad de espíritu, pero los economistas mundanos son renuentes a hablar de semejantes motivaciones.

Se sienten en terreno mucho más sólido cuando imaginan que el dentista confía en ganar consideraciones para tener, con el tiempo, más muelas que sacar. Y en efecto: cuando examinamos las listas de miembros de los clubes rotarios y otras organizaciones de “servicio”, hallamos sobreabundancia de dentistas, abogados, agentes de seguros y demás que tienen algo que vender, pero no hay muchos empleados postales o pilotos de aerolíneas.

El modelo de interés propio ha prestado buen servicio a la economía. Ayuda a explicar, por ejemplo, por qué las tasas de divorcios en los EUA son más elevadas en los estados que ofrecen beneficencia social.

No obstante, el hecho escueto es que mucha gente no se ajusta a la caricatura de “primero yo”. Hacen donativos anónimos a estaciones de televisión pública y servicios de caridad privados.

Donan médula ósea a extraños que padecen leucemia. Sufren grandes molestias y gastos para que se haga justicia, aun cuando no vaya a deshacer el daño inicial.

Tipo de documento: Artículo | Editorial: Revista Facetas

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2 comentarios

    1. En otros términos, el altruismo egoísta. Es decir, la lógica racional en que solo se busca maximizar el beneficio propio tiene un límite (las barreras culturales) y, por otro lado, el beneficio común y personal -algo así como un equilibrio inestable- es posible.

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