Víctor Andrés Belaunde y el método positivo

Otro importante adherente al positivismo en sus primeros momentos fue Víctor Andrés Belaúnde (1883‑1966), actitud que plasmó en 1914 en su tesis "La

Otro importante adherente al positivismo en sus primeros momentos fue Víctor Andrés Belaúnde (1883‑1966), actitud que plasmó en 1914 en su tesis «La filosofía del Derecho y el Método Positivo» para optar el grado de bachiller en Jurisprudencia en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En dicho trabajo desarrolló su pensamiento en el primer capitulo que llevó el nombre de «El Método Positivo».

Para Belaúnde, el positivismo tiene indudable importancia para conocer la realidad peruana, enunciando ¿Qué es lo que quiere el positivismo, cual es su bandera? Responde la realidad, la experiencia, la observación. Lamenta sin embargo que no haya tenido expresión en los planes de estudio, hecho que nos hubiera permitido conocer la realidad económica,  política, física y étnica del país». (23)

Critica en consecuencia, el positivismo universitario, por no constituirse como sistema, sino, por el contrario adoptar una posición explicativa. Por tal razón de todo su aparato conceptual, Belaúnde sólo tomó lo que era válido para analizar nuestra realidad: el método, lo único a su juicio de valor sustancial y perenne.(24)

Belaúnde manifiesta que «la verdad es lo que es, que la verdad es la realidad, y que fuera de ella no hay verdad posible, y que por tal razón no hay ciencia que merezca el nombre de tal». (25) Para conocer la realidad es necesario observarla tanto objetivamente como subjetivamente, ambas se manifiestan a nuestra conciencia por hechos o fenómenos, que se constituye como la realidad cognoscible. Lo que se aparta de ella no puede llamarse ciencia.

Por tal razón infiere: «el único método verdadero es el científico vale decir el positivo, que parte de los hechos para elevarse a las doctrinas, que parte de lo concreto para llegar a lo abstracto, de lo particular a lo general; método al cual debemos todos los progresos en las ciencias naturales y hoy, por lo menos la orientación firme y segura de las ciencias que estudian al hombre y a la sociedad». (26)

Expresó también que el movimiento científico moderno ha echado por tierra las antiguas distinciones de ciencia, por estar éstas insumidas en la vieja dicotomía: materia—espíritu. Señala que sólo existen ciencias reales, por tener como objetivos la realidad interna y externa. A su juicio, el positivismo y su método han dado origen a la nueva filosofía y al nuevo derecho, que ha permitido el desarrollo del derecho civil, el derecho criminal, el derecho político y la filosofía del derecho.

Infiere en consecuencia —en la citada tesis— que la antigua filosofía, el antiguo derecho basados en principios apriorísticos y dogmáticos han cedido el paso a la nueva filosofía y al nuevo derecho que tiene su fundamento en el método positivo.

Con la irrupción de las ciencias positivas, los ideales bajo los cuales se entronizó en un momento determinado la humanidad, recibieron un golpe de muerte al no encontrar correspondencia con la nueva realidad. Belaúnde, se expresa en la citada obra de manera dura, cuando dice: «Los antiguos ideales postizos, sin apoyo ninguno de la realidad, servirían hoy tan sólo para retardar la marcha de la humanidad. Los ideales religiosos, nacionalistas, llegaron ya su fin, prestaron ya sus servicios. Darles hoy nuestro apoyo para que realicen sus conclusiones exageradas, seria destruir toda la obra de la civilización» (27)

La ciencia positiva trae en consecuencia nuevos ideales, producto de la comprensión y análisis de la realidad, que ahora es observado con criterio científico. Refiriéndose al derecho a quien se acusa de tener un ideal económico Belaúnde responde: “¿Hay acaso algo más grande que el bienestar general de la humanidad? ¿Hay acaso un principio más grande que aquel que sostiene que todos los hombres tienen derecho a la felicidad y que busca con ese objeto una mas justa y conveniente repartición de la riqueza?» (28)

Belaúnde, obviamente empleó solamente el método positivo en sus primeros trabajos, mas no continuó en esa tendencia, por cuanto no estaba convencido de los efectos que debía producir.  A su juicio el positivismo ejerció en nosotros una actitud desviante «porque originó cierto afán cientifista, cierto prurito de erudición, cierta manía de citar autores y de referirse a hechos exóticos o lejanos porque nos apartó completamente de nuestros propios hechos y fenómenos y puso el pensamiento universitario a espaldas de la realidad y de la vida nacionales». (29)

Su critica al positivismo se acentuó en 1917 al comentar la tesis de Mariano Ibérico sobre Bergson en articulo que escribió para el diario «El Perú», en ella denunciaba el florecimiento del idealismo en la universidad y el fin del positivismo, del que decía: «se va sin habernos dejado, por culpa nuestra lo que nos debió dejar: sentido de la realidad, método y sistematización. Su bandera entre nosotros: la observación fue postiza. El positivismo no consistió en ver directamente nuestra vida, sino en recargar nuestros estudios con ideas inútiles y excursiones fatigosas a bibliografías exóticas y pedantescas. No fue un realismo de vida sino de biblioteca. Pero si dejó en algunos el petulante e injustificado desprecio por los valores ideales religiosos y dio ares de ciencia a las conclusiones dogmáticas y mezquinas, que el radicalismo jacobino tenia asentadas y propagadas, agitando el fuego de aquella inquisición roja, tan nefanda y anacrónica como la extinguida inquisición negra del coloniaje. El positivismo sufrió entre nosotros una lamentable deformación: fue el cientificismo a la vez erudito y superficial» (30)

Esa fue la razón por la cual Belaúnde, se alejaría del positivismo y adscribiría a la corriente espiritualista que se inauguraría a partir de la influencia de Rodó en el Perú.

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