Travesura de Navidad en la feria de juguetes

Diciembre empezaba, aunque la fecha exacta se desdibuja en el tiempo. Recuerdo con claridad la inolvidable aventura que compartí con mi primo, él con 15 años y yo apenas con 6.

Ese día, mi primo llegó a mi casa en Jesús María, Lima. Nos encontrábamos solos, y desde la ventana, me contó emocionado que la feria navideña en la avenida Grau ya estaba abierta. Al instante, rememoré los paseos nocturnos en el automóvil de mi padre, por esa avenida repleta de gente, luces parpadeantes y el bullicio festivo de la temporada.

Decidimos lanzarnos a la aventura y visitar la feria navideña juntos. Sin embargo, nos enfrentábamos a algunos desafíos logísticos: mis padres y hermanos no estaban en casa, y la puerta estaba cerrada con llave. La única opción era salir por la ventana. De alguna manera, logré salir, y así comenzó nuestra travesía hacia la avenida Grau.

Tomamos un autobús que nos llevó a través de los distritos de Lima: Jesús María, el Centro de Lima y La Victoria. La noche caía mientras el bus ingresaba a la avenida, y a lo lejos, empezábamos a vislumbrar las luces y el bullicio festivo.

Al descender del bus y cruzar la calle, nos sumergimos en la feria. A ambos lados de la avenida, los puestos exhibían sus productos con luces brillantes y ofertas tentadoras. Entre tantos juguetes y árboles, un casco de astronauta capturó mi atención. Un vendedor lo mostraba con orgullo a otros clientes, así que, astutamente, me hice pasar por el hijo de una pareja siendo atendido y lo probé.

Con el casco blanco acolchado y una mirilla transparente con luz, me dirigí a mi primo preguntándole cómo me quedaba. El bullicio de la feria se desvanecía gracias al casco, y aunque no escuchaba bien, la emoción estaba presente.

Recorrimos la feria hasta llegar a la Facultad de Medicina de San Marcos, donde las luces y la multitud menguaban. Era la señal de que era hora de regresar. Observamos que, además de juguetes y árboles, el panetón era la estrella de las ventas; la mayoría de los compradores llevaban uno o dos, ¡algunos incluso cajas enteras!

El regreso es borroso en mi memoria, pero lo que sí recuerdo es que nadie se dio cuenta de mi ausencia, ya que la casa estaba vacía. Cansado pero lleno de recuerdos, caí en un sueño donde el anhelo por aquel casco de astronauta perduraba.

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