Parte de Miguel Grau sobre el combate de Iquique

Terminada la acción del “Huascar” con la sumersión de la “Esmeralda” y después de haber salvado los náufragos de este último buque y recibidos a mi bordo...

Comandancia General de la Primera División Naval
Monitor “Huáscar “ Al ancla en Iquique, mayo 24 de 1879

Señor General de División Comandante de la Plaza de Iquique:

Conforme a instrucciones verbales que recibí del señor General Director de la Guerra en el puerto de Arica, me dirigí a este puerto con la división Naval de mi mando compuesta del monitor “Huáscar” y de la fragata “Independencia”, y al arribo a él, en donde se encontraban sosteniendo el bloqueo los buques de guerra chilenos: corbeta “Esmeralda” y cañonera “Covadonga”, emprendí el ataque contra ellos, batiendo a la “Esmeralda” que se mantuvo en el fondeadero, y mandando a la “Independencia” en persecución de la “Covadonga” que huía en dirección al Sur.

No me es posible por la premura del tiempo dar a V.S. los detalles de este encuentro que, desde luego, ha podido V.S. apreciar por sí mismo desde tierra, y me concreto por tal causa a decir V.S. que notando después de la primera hora de combate que nuestra posición en la boca del puerto, no nos permitía hacer buena puntería, a causa del movimiento del mar y sabiendo de que la “Esmeralda” se mantenía muy pegada a tierra por la parte norte de la población, porque tenía su frente guarnecido por una línea de torpedos, según me lo indicó el Capitán de Corbeta y de este puerto don Salomé Porras, que vino a bordo al principiar el combate, a la par que temiendo herir a la población con los tiros de mi buque, me decidí a entrar por la parte Sur, pegándome lo posible a la isla a fin de atacar con el espolón, pero como la “Esmeralda” salía entonces por la parte Norte, siempre muy próxima a tierra, cambié de propósito y goberné sobre ella directamente.

En dos ocasiones se defendió presentando la aleta en una y la proa en la otra, de manera que el golpe de espolón no le hizo mayor efecto en una ni otra, y el combate tenía lugar entonces con tiros de fusilería y ametralladoras, estando los buques en contacto. Finalmente dispuestos los dos cañones de la torre para disparar lo más cerca posible del buque enemigo y embistiendo por tercera vez a toda fuerza con el espolón, el disparo de los dos primeros y el golpe de este último, dado en el centro de su costado, sumergieron casi instantáneamente a la “Esmeralda”. Eran las 12 h. 10 m. p.m. el combate había terminado después de 3 h. 40 m. De una tenaz resistencia del enemigo.

La fragata “Independencia”, batiendo en caza a la “Covadonga”, logró aproximársele hasta embestirle con el espolón en la punta denominada Gruesa, pero como este último buque navegase muy pegado a tierra, próximo el momento de darle el golpe, sufrió la primera un violento choque en sus fondos contra una roca escondida y cubierta, choque le inutilizó su máquina y dio por resultado la pérdida del buque arrojado por la mar sobre los arrecifes de la punta.

Terminada la acción del “Huascar” con la sumersión de la “Esmeralda” y después de haber salvado los náufragos de este último buque y recibidos a mi bordo, me dirigí en demanda de la “Independencia”, que tenía a la vista en la punta Gruesa ya mencionada, con el ánimo de ayudarla al apresamiento de la “Covadonga”. Pero ésta desde el momento que se apercibió de la dirección que llevaba se alejó a toda fuerza con rumbo al Sur. La perseguí durante tres horas pudiendo notar a la pasada el estado en que se encontraba la “Independencia”, mas considerando la distancia de diez millas que aproximadamente me separaba de la “Covadonga” y que no podría estrecharla antes de la puesta del Sol, y ser en tal caso más conveniente ir en auxilio de la “Independencia”, viré y me dirigí sobre ésta.

Pronto pude apreciar que la pérdida de la fragata era total; mandé mis embarcaciones por la gente que había a bordo de ella y di orden de incendiarla. Esto cumplido he regresado a este puerto.

Adjunto a V.S. las relaciones de las bajas habidas en la dotación de este buque, de los muertos del enemigo, cuyos cadáveres han sido recogidos y de los prisioneros. Remito a tierra para su sepultura los cadáveres, para su curación los heridos y a la orden de V.S. los prisioneros.

Al terminar réstame manifestar a V.S. que durante el combate todos los tripulantes del buque de mi mando han cumplido satisfactoriamente con su deber.

Todo lo que tengo el honor de poner en conocimiento de V.S. para los fines a que haya lugar.

Miguel Grau.

Tomado de “El legado de Miguel Grau en sus cartas y otros documentos”, compilación de Cesáreo Martínez, publicado en Munilibros Nº 9 por la Secretaría de Educación y Cultura de la Municipalidad de Lima Metropolitana. 1986.

Tipo de documento: Acta | Editorial: Congreso de la República del Perú - CR