Los ciclos de la democracia electoral en América Latina 1900 – 2000

La democracia ha enfrentado tiempos turbulentos en América Latina. Durante generaciones, la región fue considerada como territorio de tiranos militares; los reformadores civiles saltaban a la palestra, sólo para ver sus mandatos interrumpidos por generales provenientes de los cuarteles. La democracia ha sido vista como frágil, temporal y superficial en contenido. (Pág. 1)

Sin embargo, parece que durante los últimos 25 años la democracia ha echado raíces en la región. Muchos observadores consideran este desarrollo como una señal de madurez política, donde los ciudadanos de la región han pasado (¡por fin!) de la adolescencia a la vida adulta; otros observadores piensan que este desarrollo es el resultado inexorable y benévolo de la liberalización económica y del libre comercio; otros más le dan crédito a la influencia y al ejemplo de Estados Unidos. La implicación general es que ahora la democracia es vibrante, fuerte y en continuo perfeccionamiento al paso del tiempo.

Cuando América Latina se preparaba para entrar al siglo XX, existían tres formas definidas de régimen político. Una era el caudillismo, el sistema mediante el cual los hombres fuertes militares o paramilitares luchaban entre sí a fin de imponer su autoridad sobre la nación (o región) y disfrutar de las prebendas de la victoria. Eran luchas brutales por el poder: las reglas de combate eran primitivas y los gobiernos surgían y caían con regularidad.

Un segundo patrón tomó la forma de “dictaduras integradoras”: dictaduras centralizadoras que buscaban reducir las tendencias centrípetas del caudillismo y establecer la hegemonía del Estado nacional. Algunos ejemplos son Diego Portales en Chile, Juan Manuel de Rosas en Argentina y Porfirio Díaz en México. A menudo, estos gobernantes provenían de las filas del ejército y, una vez en el poder, siempre contaban con el respaldo de las fuerzas armadas para sostener su gobierno.

Una tercera variante podría llamarse “oligarquía competitiva” o “republicanismo oligárquico”. Los regímenes de este tipo hicieron uso de elecciones periódicas para ocupar puestos políticos y por lo general cumplieron con el procedimiento constitucional formal. (Pág. 2)

Uno de los teoremas más comunes de la ciencia política sostiene que es más probable que los países con experiencia democrática previa se vuelvan democráticos que aquellos países sin dicha experiencia. En contraste con la idea del contagio regional, que subraya el papel de los desarrollos simultáneos en países vecinos, esta hipótesis se centra en el papel del aprendizaje histórico dentro de cada país. (Pág. 22)

En su forma más optimista, la hipótesis estipula que los países deberían ser capaces de alcanzar una democracia estable sobre la base de una experiencia democrática previa. Los países con repetidas experiencias obviamente están teniendo problemas con la democracia. Los países sin experiencia previa no tendrán la oportunidad de asimilar lecciones importantes. (Pág. 23)

Factores endógenos de América Latina resultaron más persuasivos. El análisis de las series de tiempo reveló la aparente existencia de un “efecto dominó” a través del cual la democratización del País X aumentaría la probabilidad de un cambio similar en los países vecinos Y y Z. Dicho proceso fue aparente en América del Sur durante gran parte del siglo y en América Central durante la década de 1990. (Pág. 29)

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