Los canales de comunicación en el sistema político

Las estructuras de comunicación son: 1) contactos informales cara a cara; 2) estructuras sociales tradicionales, como la familia, los grupos de trabajo o religiosos; 3) estructuras gubernamentales como los poderes del Estado y la burocracia; 4) estructuras de insumo o demandas políticas, las que son formuladas por las organizaciones políticas y los grupos de presión...

De allí que podemos concluir que los medios de comunicación gra­cias a su función informativa, asumen cierta cuota de poder político y los convierten en un gremio muy poderoso en cualquier sistema político y por ende en un poderoso grupo de presión. Gobierno y medios son poderes que se contrapesan, en un marco digamos informal, por estar fuera del orden institucional y constitucional. Se pueden observar casos de mani­festación de poder.

Por ejemplo, el gobierno puede sutilmente o abiertamente, dar preferencias o ser permisivos en cuanto a la importación de insumos o equipos, pagos de impuestos, fraccionamientos, etc. O pueden limitar el accionar de los medios, reduciendo o negando publicidad estatal, estable­ciendo límites a la propiedad de los medios, dando preferencias informati­vas, etc. Todos estos actos gubernamentales pueden inducir a la autocen­sura del medio de comunicación como forma efectiva de evitar dichas pe­nalidades y en los casos más extremos la censura.

Mientras que los medios de comunicación, con el hecho de poner en el debate público asuntos que los gobernantes quisieran mantener en re­serva pueden desencadenar crisis políticas de diferente magnitud, que pueden llevar desde renuncias y cárcel de funcionarios públicos, ministros de Estado e incluso jefes de gobierno o Estado.

Los medios de comunicación son los que se encargan de procesar esa gran cantidad de mensajes que los grupos de presión, gobierno y opo­sición política envían, para lo cual, actúan como un “filtro”, [13] ya que sólo se selecciona parte de toda la información disponible, difundiéndose la que es de interés para la política informativa del medio de comunicación en concordancia con la línea editorial que se ha asumido respecto del go­bierno. Por ello se establecen una unidad de medida, en tiempo o espacio y por cobertura informativa que se le da a tal o cual noticia.

Los medios, dijimos cumplen la función de filtrar la abundancia de información que se genera en una sociedad, y proporcionan sólo una frac­ción de la misma. Esta función como es evidente da poder, que claro está limitado por las influencias e intereses del gobierno, los grupos de presión, las organizaciones sociales y políticas.

Filtrar la información, trae una serie de consecuencias que debemos reseñar. Existen múltiples hipótesis al respecto. En la relación nivel polí­tico®medios de comunicación®ciudadanos, existe un asunto que ha moti­vado un gran debate y polémica, ya que está referido a la influencia y el impacto de los medios en la política.

Existen variadas corrientes de interpretación, sin embargo, la de mayor relevancia está referida a que los medios pueden influir en la for­mulación de la agenda (agenda—setting), debe entenderse que el hallazgo se refiere a la posibilidad que tienen los medios para inducir en los ciuda­danos a pensar en determinados temas y hacerles sentir que ellos son los más importantes. “Los problemas que reciben especial atención en las no­ticias nacionales se transforman en los que el público televidente consi­dera más importantes para el país”. [14]

Dicha teoría, entiende que los medios nos sugieren qué pensar, pero no nos pueden inducir a cómo pensar sobre el tema. Ello desvirtuaría la creencia de que los medios tienen un don manipulador y oculto imposi­ble de ser detectado por las mentes inadvertidas de los ciudadanos. “Los medios al seleccionar, ordenar y silenciar los temas de discusión, le crean la agenda al público, le crean un marco de atención, un espacio público informativo”. [15]

Experimentos como el llevado a cabo por Iyenga y Kinder, nos muestran que al introducirse temas en las coberturas informativas, la ma­yoría de los sujetos sometidos a esta prueba, concluyeron que esos eran los más importantes, cambiando incluso su parecer respecto de los asun­tos expuestos, antes y después del experimento. Hay que destacar que, en uno de los casos evaluados, no se consiguió el resultado esperado, y fue en el que se enfocaba el tema de la inflación. Dichos investigadores con­cluyeron que “los experimentos avalan firmemente la hipótesis de la orga­nización de la agenda”. [16]

Al respecto debemos advertir, que no es el propósito contradecir la investigación realizada pues no se cuenta con base empírica para ello, sin embargo, es pertinente hacer las siguientes interrogantes. El experimento aisló a un grupo de personas de su contexto social y las sometió a un ví­deo expresamente editado con el propósito de comprobar las hipótesis. No se pudo evaluar el impacto de la organización de la agenda con el con­traste social y las vivencias que los sujetos. Es más, de los temas trata­dos, cuatro de ellos, eran asuntos demasiado complejos, como el asunto energético y la defensa.

Temas que regularmente debemos considerar como expertos a las personas que declaran sobre los asuntos y a los in­formes que propagan los medios de comunicación. En cambio, en el caso de la inflación, que sí es un asunto más directamente vinculado a la vida de las personas que fueron sometidas a la investigación, no necesitaron de ser expuestos al tema especialmente, pues ya estaban convencidos de que ese era el tema principal.

Consideremos otros elementos de juicio. El argumento es que los medios generan la agenda, la hacen pública y nos dicen en que pensar, admitamos también que no nos pueden decir ¿Cómo pensar? La pregunta que resulta es ¿Dónde han obtenido la información? ¿Cuáles han sido las fuentes informativas o materias primas para que los medios traten tal o cual tema? Es pues indiscutible que el gobierno, la oposición, los grupos de presión y los ciudadanos tienen su propia agenda, y al no tener la op­ción de difundirla independientemente de los medios de comunicación, resulta entonces, que éstos no necesariamente generan la agenda pública de discusión de la nada, sino que la entresacan de las distintas demandas informativas de los demás miembros del sistema, que hemos descrito lí­neas arriba.[17]  Es decir, “el medio no posee la capacidad de crear informa­ción por sí mismo, sino sólo procesar y distribuir información proporcio­nada por los hombres que lo controlan[18] y por supuesto, por sus fuentes informativas.

Podemos entender que no sólo es la agenda que los medios de co­municación proponen a los ciudadanos. Tenemos, además: a) La agenda del gobierno; b) La agenda de la oposición; c) la agenda de los grupos de presión y los ciudadanos; d) la agenda de los medios de comunicación; y, e) la agenda de los organismos estatales.

El problema radica en que tanto los demás canales formales de co­municación, al no disponer o dirigir la información en un sentido u otro, caen regularmente en la interpretación que le dan los medios a la informa­ción que recibe, y toda interpretación involucra distorsión y en el peor de los casos descontextualización.

En el caso de la televisión en un noticiario o programa en general, la posibilidad de sacar de contexto una noticia con imágenes es posible de conseguirse. El daño informativo que se produce es más grave porque los seres humanos retenemos las imágenes con mayor facilidad y si una noti­cia es sacada de su contexto —con cualquier propósito—, es evidente que quienes reciben esta información tendrán una opinión distorsionada de la misma.