Los canales de comunicación en el sistema político

Las estructuras de comunicación son: 1) contactos informales cara a cara; 2) estructuras sociales tradicionales, como la familia, los grupos de trabajo o religiosos; 3) estructuras gubernamentales como los poderes del Estado y la burocracia; 4) estructuras de insumo o demandas políticas, las que son formuladas por las organizaciones políticas y los grupos de presión...

Debemos aclarar que a pesar de ser los medios de comunicación un canal formal, tienen como fuente de información adicional a los rumores, comentarios de tercera mano y la de informantes ubicados en todas las áreas de actividad pública y privada; si bien las fuentes no tienen el ca­rácter formal —en el sentido descrito—, si proporcionan —a veces— va­liosa información. En ese caso, la formalidad se asume porque es el medio quien difunde la noticia y se oculta la fuente que proporciona los datos.

La comunicación de masas o masiva, tiene larga data y se mani­fiesta con más énfasis cuando se masifican los medios de comunicación. Puede definirse como: “la comunicación dirigida a un público relativa­mente numeroso, heterogéneo y anónimo.” [10] En tal sentido, la comunica­ción de masas al dirigirse a un público con tales características, manifiesta una debilidad estructural que debe destacarse, no puede ser recepcionada sin que el público así lo quiera, y si un mensaje no es captado o recibido no se ha producido la comunicación y, por consiguiente, la información no ha llegado a su destino.

Ello implica que la comunicación de masas si bien tiene una gran área de acción por la cobertura que tiene, no puede llegar a todos los públicos (auditorios con intereses diversos), esto es especial­mente válido en el caso de los temas políticos  y sociales, ya que se ha comprobado que las personas son selectivas al momento de adherir a un medio de comunicación para informarse, sólo lo hacen a través de aque­llos que confirmen o refuercen sus creencias; en tal sentido podría asu­mirse que el papel de la comunicación masiva no es manipuladora sino que refuerza o manifiesta pautas sociales de conducta y creencias de una sociedad. De allí que sus funciones sean: “1) la vigilancia del entorno, o suministro de noticias; 2) los comentarios sobre temas de actualidad o noticias que adoptan la forma de actividades editoriales o propagandísti­cas; 3) la transmisión de la herencia social o educación ya sea en el sen­tido formal o en el de provisión de normas sociales; 4) variedades (diver­sión).” [11]

Era creencia común, cuando hizo su aparición la televisión, que los gobiernos la convertirían en una forma de manipular y controlar a los ciu­dadanos. Un temor similar surgió con la prensa, la radio y en la actualidad sucede respecto del Internet. Estas visiones pesimistas de las tecnologías de la comunicación, han surgido a lo largo de la historia de la humanidad, aparecen por el temor a lo nuevo y por la dificultad de actualizarse al cambio.

Francis Fukuyama en un debate sobre la «Revolución de las co­municaciones» dijo respecto de la televisión, «La pantalla de televisión, que se suponía iba a ser el instrumento del control estatal centralizado, resultó justamente lo opuesto, y esa pantalla de televisión es básicamente la red de computadoras personales y esto, en realidad, ha facultado a los  individuos y ha eliminado el control y el embotellamiento de la información que los gobiernos autoritarios y otras clases de jerarquías mantenían pre­viamente. Estas son esencialmente tecnologías de libertad». [12] Sobre la base de ese «temor», es que innumerables autores vaticinaron que la hu­manidad iba a ser sometida a los arbitrios del poder oculto de los medios y que éste se convertiría en una especie de humanoides que acatarían todo lo expuesto por los medios de comunicación.

Los medios de comunicación tienen una posición muy especial en el sistema político, aunque funcional y estructuralmente no formen parte de él, desde tal perspectiva, proveen información política en un contexto de información general, por ello, tienen una importancia decisiva en cuanto proveedores de información política, sin embargo, presentan algunas li­mitaciones que podemos resumir en el tiempo, el espacio, la cantidad de información y la prioridad.

La radio y la televisión lidian con el tiempo, en cincuenta minutos diarios en promedio tienen que resumir veinticuatro horas de aconteci­mientos nacionales y mundiales, desde los políticos, deportivos, hasta del espectáculo. Es obvio que la cuota de información política es pequeña. Las revistas y los periódicos, se las ven con el espacio.

En un promedio de treinta y cinco páginas resumen todo lo acontecido en un día, ello se en­cadena con el aspecto de la cantidad de la información, en un contexto de superabundancia informativa, es decir, exceso de información política y hasta diríamos compleja información política, los medios simplifican lo complejo de la política, la hacen entendible, en una sociedad en que la política es vista y sentida muy desfavorablemente.

Refirámonos, a las prioridades informativas de los medios. La pre­gunta que nos debemos hacer es: ¿Qué criterios usan los medios de co­municación para establecer sus prioridades informativas y cómo enfocan la noticia de tipo político? Grosso modo, y teniendo en cuenta que, cada me­dio tiene un público objetivo, los criterios para dar a conocer una informa­ción serían: a) El número de personas o grupo(s) involucrados en el he­cho; b) el ámbito geográfico e importancia del suceso, es decir, si la in­formación tiene dimensión nacional, internacional o local; c) el interés que puede tener el medio de difusión en hacer pública esa información (sea económico, político, social, etc.); d) El espacio y/o tiempo que se cuenta para emitir o difundir la  información.

Todos estos elementos son complementarios y no excluyentes, ya que todos o sólo algunos harán posible que los medios de comunicación difundan o no la información. Estos criterios o prioridades varían de acuerdo a cada medio de difusión.

Consideremos estos aspectos referentes a la información política y comparémosla con la demás información disponible. Surge el problema de ofrecer lo que más interés tienen los ciudadanos, que en este caso es la demanda por entretenimiento, deportes, humor y novelas, quedando la política relegada.

El interés por la información política se eleva sólo cuando estamos inmersos en una campaña electoral o cuando sucede algo fuera de lo común, por lo que incluso se ha llegado a convertir a la política en un espectáculo y se tiene que insertar dentro de los programas de en­tretenimiento las figuras de los políticos y los asuntos políticos.

Pero entonces, ¿Porqué los medios mantienen programas informati­vos y políticos, si incluso no tienen la audiencia de los programas cómicos, partidos de fútbol o las telenovelas? Se llega incluso a que una misma empresa editora mantenga paralelamente distintos tipos de prensa —algunos ejemplos: La República y El Popular; el Ojo y el Bocón, Expreso y Cable Canal de Noticias, El Comercio y Canal N. La respuesta es porque esta función informativa da una alta cuota de poder e influencia política, que los convierte en el «cuarto poder».