La socialización política

Se refiere a una serie de actitudes y creencias principalmente aceptadas por los individuos de un sistema social sobre objetos comunes en general, y donde la creencia primaria referida a la política es que estos objetos llevan a una relación con el poder, la autoridad y el gobierno.

Aceptar y mantener ideas y actitudes políticas en el seno de un grupo secundario, implica someterse a un control que se realiza sobre todos sus miembros, por lo que puede acarrear, que se deba matizar o incluso cambiar puntos de vista no compartidos inicialmente.

Surge el problema que a veces un individuo por el hecho de pertenecer a más de un grupo secundario y que entre ambos se mantengan puntos discordantes respecto de diversos temas incluidos el político.

Existe el conflicto interior de individuo, en que debe compatibilizar sus apreciaciones para evitar la situación de enfrentamiento entre las distintas ideas y actitudes que manifieste.

En cuanto a los grupos de referencia, podemos establecer que, si ya se ha perdido la relación cara a cara, se mantiene el sentido de pertenencia, creado por valores, creencias y normas que son respetadas y acatadas por los miembros.

Tomemos por ejemplo a los gremios laborales o empresariales. Organizaciones de esa naturaleza, exigen objetivos, jerarquías y liderazgo, en ese contexto, sus miembros deben someterse —en mayor o menor medida—, a ciertos parámetros en su comportamiento en cuanto cumplen el rol de asociados, mantener una posición uniforme frente a eventuales grupos rivales y coherencia frente a sus principios básicos.

Como estas organizaciones tienen un tamaño tal, que la relación cara a cara, es difícil sino imposible entre los distintos niveles de la organización y el individuo.

El tamaño de la organización, hace algo difusa la posibilidad de influir y presionar personalmente, por lo que se hace necesario que estos grupos envíen mensajes atendibles por ellos y que sirvan como para asumir o no sus opiniones. «Un grupo de referencia puede ser positivo si la persona adopta sus opiniones siguiendo las normas del grupo; o puede ser negativo cuando las normas indican a la persona lo que no debe pensar«.[6]

En una investigación realizada en 1992, en que se entrevistó a profesores afiliados al Sutep [7] sobre la representatividad de sus dirigentes, encontramos que algunos de ellos, aunque manifestando su pertenencia e identificación no conocían a profundidad sobre la concepción marxista que defendía sus estatutos e incluso se llegaron a conocer casos, en que conociendo esto, mantenían su afiliación por el hecho de ser docentes. ¿Qué los une y cómo acatan los acuerdos? El sentido de tener en común una profesión y el interés por mejorar sus condiciones sociales y económicas.

Debemos destacar que en este proceso de socialización se utilizan lo que denominamos los canales informales de comunicación como la vía o el camino para la transferencia de las pautas sociales comúnmente aceptadas por una sociedad.

Un agente de socialización de vital importancia en la vida de los individuos y que generalmente es sometido el mayor porcentaje de la población es la escuela. Los planes de estudios incluyen siempre lo que denominamos el “calendario cívico escolar” que es una forma de transmitir los valores sociales, políticos, económicos e incluso religiosos de una sociedad.

El recuerdo y honores a héroes y fechas históricas, las ceremonias con el saludo a la bandera, el canto al unísono del himno nacional, etc., son formas de manifestación de la socialización política. Otra forma de so­cialización radica en la manera en que se presentan los hechos históricos, basta echar una mirada a los manuales de historia del Perú para comprender que se les da mayor énfasis a algunos sucesos y a otros se los minimiza.

La diferencia estructural de la escuela como socializador político radica en que éste proceso está más cuidadosamente estructurado que en el resto de los agentes de socialización política.

En la Universidad, algunas pautas cambian, pues existe la posibilidad de cuestionar los valores y los contenidos educativos que se reciben; la libertad de cátedra garantiza más de un punto de vista, además, el individuo tiene una mayor experiencia y ha desarrollado su conciencia crítica.

Ahora bien, cabría preguntarnos ¿Qué diferencia la socialización política en la escuela y por extensión en la universidad del adoctrinamiento político?

Tres diferencias esenciales son posibles de resaltar. Una primera diferencia está en el motivo.

En la socialización se dan las pautas de aquello que es aceptado socialmente en un momento dado, sin esperar que sea por ello, aceptado totalmente e incluso puede ser puesto en tela de juicio y por ende cambiar las pautas de socialización; en el adoctrinamiento, no se dan pautas o guías, se dan verdades inquebrantables, imposibles de ser puestas en duda, no quedando otro camino que el acatamiento e incluso estando en contra o dudando.

Otra diferencia está en la opinión del ciudadano. La socialización no involucra, cercenar o limitar la capacidad crítica de las personas, pudiendo suceder que una persona o grupo de personas cuestionen los valores, creencias y prácticas que se les transmite; mientras que, en el adoctrinamiento, se corta o limita muy seriamente la capacidad de pensamiento crítico, más bien se induce a pensar y razonar en relación con las verdades que han sido reveladas y que son verdaderas por sí mismas.

Una tercera diferencia, radica en que la socialización implica siempre la preparación y adaptación constante del individuo ante la realidad política, mientras que el adoctrinamiento, siempre es una manera unívoca de enfrentar el mismo proceso.

[1] MIRÓ QUESADA RADA, FRANCISCO, Introducción a la ciencia política – parte especial, Lima – Perú, Cultural Cuzco S.A., 1997, p. 116.

[2]  MANHEIM, Ob. Cit., p. 50.

[3]  MIRO QUESADA, Ob. Cit., p. 118.

[4] RADDA BARNER, Voces con futuro -. Opinión de niños y adolescentes, Lima, Abril 1995, Nº. 13, Año 3.

[5] LANE y SEARS, Ob. Cit., p. 85

[6] MANHEIM, Ob. Cit., p. 74.

[7] HUAMANÍ C., ESTHER; PALACIOS D., DELIA M. Y CASTAÑEDA C., CARLOS F., Representatividad de los dirigentes del Sutep, Lima – Perú, Escuela Profesional de ciencia política, Universidad Nacional Federico Villarreal, 1992.

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