La Revolución Francesa

Francia en 1789 contaba con 26 millones de habitantes, la mayoría de ellos en edad de trabajar. La situación coyuntural y el sistema en sí perdían cada vez capacidad de respuesta. En 1789 Francia tenía un exceso de población, las rentas estatales bordeaban unos 500.000.000 de libras anuales, a pesar de ello era insuficiente para cubrir los gastos del Estado.

Cabe resaltar que en este juramento está implícito un aspecto de suma importancia para comprender lo que se proponía hacer el Tercer Estado; Si leemos el juramento y tomamos atención de las últimas tres líneas, concluiremos que, hasta ese entonces, los representantes del Tercer Estado no tenían en sus planes constituir una República, sino más bien una monarquía constitucional.  Por eso expresan su deseo de no separarse hasta elaborar una «Constitución para el reino«.

Aparentemente el rey cedió en su posición, ya que después de la sesión real en la que el monarca esbozó un programa de reformas, llegó a invitar a los otros dos estamentos a reunirse con la Asamblea Nacional. Desde el 27 de junio de 1789 las reuniones del cuerpo constituyente tenían la anuencia real, pero sólo se reunieron los tres estamentos a partir del 9 de julio de ese año.

La actitud del rey era bastante sospechosa. Estas sospechas fueron confirmadas por la movilización del ejército que ordenó el rey. Surgió entonces un miedo colectivo entre los franceses ante los rumores en torno al acallamiento de la Asamblea Nacional, utilizando la fuerza de las armas; este miedo se hizo más latente porque el rey, el día 11 de julio destituyó al Ministro Necker. Aquella fue la chispa que hizo estallar la pólvora (según Godechot).

El pueblo francés se sublevó y estalló la violencia colectiva en la mayor parte de Francia, se sucedió el episodio de la «toma de la Bastilla» en París; iguales acontecimientos se sucedían en el resto de Francia. Era el 14 de julio de 1789.

Dada la gravísima situación el rey Luis XVI volvió a llamar a Necker y aceptó ahora sí, lo dispuesto por el Tercer Estado reunirse en Asamblea Nacional. Para entonces ya había sido creada la Guardia Nacional al mando de Lafayette; éste se apoderó del control interno del país, e incluso acompañó al rey para que regresara a París. La élite había perdido pues, el monopolio de la fuerza o del ejercicio de la coerción.

La Asamblea Nacional con el fin de apaciguar los ánimos, el 4 de agosto resolvió abolir el régimen de privilegios e instaurando la igualdad ante el pago de impuestos, además de establecer la supresión de los diezmos para la iglesia católica.

Para el 26 de agosto de ese año (1789), ya se había concluido con redactar la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, que constaba con 17 artículos. El espíritu de esta declaración era proclamar   los derechos de la burguesía, pero para obtener legitimidad, la redactaron de tal manera que pudieran ser asumidas por todos los ciudadanos, es decir pretendió y consiguió con los años universalizar estos principios. [3]

El sustento filosófico de este documento es sin duda la proclamación de los derechos del hombre que por naturaleza posee, y que se expresan en los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad; conceptos que a mi entender trascendieron los linderos filosóficos para convertirse en los mitos movilizadores de esta revolución.

Proclamar la libertad y la igualdad en una sociedad como la francesa, en la que las diferencias sociales eran marcadas, significaba liberar fuerzas sociales imposibles de controlar; significaba además enunciar principios igualitarios, que si bien es cierto habían sido discutidos desde siempre por los filósofos; las masas no tenían por qué entender los límites a la libertad e igualdad. Su interpretación era simple y llana, equivalía a romper con las cadenas de la represión y reconocerse como hombres libres.

El rey aún no había sancionado los acuerdos del 4 de agosto, ni los del 26 de ese mismo mes (Derechos del Hombre y del Ciudadano). El carácter explosivo de la declaración inquietó al rey, el cual no sancionó los decretos; esta situación y los graves problemas de abastecimientos de alimentos, exaltaron nuevamente a los franceses.

París estaba enojado y hambriento, por lo que las mujeres el día 5 de octubre de 1789 marcharon a Versalles reclamando al rey por alimentos y por la sanción de estos acuerdos. Las mujeres acompañadas por la Guardia Nacional llegaron a Versalles entre el 5 y 6 de octubre y llevaron de regreso al rey a París. El rey ratificó la abolición de los privilegios declarados el 4 de agosto, y sancionó la Declaración de los Derechos del Hombre y el ciudadano.

La constitución fue elaborada hasta el 30 de septiembre de 1791, autodisolviéndose la Asamblea Nacional y proclamándose Asamblea Legislativa.

La Asamblea Legislativa: Autodisuelta la Asamblea Nacional, se convoco a Asamblea Legislativa, ella se reunió por primera vez el 1 de octubre de 1791. El control de la Asamblea legislativa la tenían los Girondinos.

Ellos de ideas republicanas, querían hacer la guerra contra todos aquellos que se opusieran a la revolución. Bajo estas circunstancias y producto del conflicto bélico exterior entre Francia y los reinos de Prusia y Austria; se sucedieron los hechos más violentos hasta entonces de la Revolución Francesa, conocido como el primer terror. Los desencadenantes de este proceso son dos:

  1. La contrarrevolución externa e interna que buscaba restaurar en plenos poderes al rey.
  2. El apoyo del rey a esta contrarrevolución tanto en el exterior como en el interior del país no solamente significó las refutaciones doctrinales de la revolución por parte de algunos doctrinarios, caso de Burker y otros; sino también cumplían un doble propósito: Acabar con la revolución y restaurar al rey de Francia con plenos poderes, sin una Constitución que lo limitase, además existió el interés de los reinos europeos en evitar las proclamas anexionistas hacia Francia.

Ya en agosto de 1791 los monarcas prusiano y austriaco habían conferenciado en Pilnitz, en la que acordaron invadir Francia sino se le devolvía plena libertad a Luis XVI, además de exigir la disolución de la Asamblea Nacional y de reintegrar los bienes y honores a los nobles.

Esta declaración provocó una reacción desfavorable en Francia; no se concebía que otros Estados interviniesen en los asuntos internos del país. Sin embargo, la guerra entre Francia y las monarquías absolutistas debía estallar.

El rey que prácticamente vivía prisionero en Tullerias, buscaba desde mucho antes encontrar una salida rápida a la situación en que se encontraba. Como sabemos intentó en 1789 fugar de Francia, su plan falló, pero él y la reina no perdían las esperanzas de librarse de tal situación.

Ante la declaración de la conferencia de Pilnitz, Francia se preparaba para la guerra, las monarquías europeas aliadas buscaban restaurar al rey Luis XVI. Los girondinos radicales republicanos y enemigos de los contra revolucionarios, proclamaban que Francia debía declarar la guerra a los enemigos de la revolución. Dada la situación de conflicto exterior el rey el 20 de abril de 1792 leyó ante la Asamblea Legislativa la declaración oficial de guerra contra Austria. Sin embargo, los choques bélicos ya habían empezado, con malos resultados para Francia.

La Asamblea Legislativa sospechando que el rey y la familia real suministraban información al enemigo, aprobó una serie de decretos destinados a impedir que el rey intentase dar un golpe de Estado y reforzar su defensa.  Luis XVI conociendo los reveses del ejército francés, y esperando que los ejércitos enemigos ingresasen a Francia, vetó estos decretos. Los ministros girondinos habían renunciado el 16 de junio de 1792, como protesta al veto del rey.

Este veto generó el alzamiento de los ciudadanos parisienses que se sucedió el 20 de junio de ese año; ellos invadieron Tullerias y desfilaron durante 8 horas exigiendo el levantamiento del veto; pero el monarca se negó a retirar el veto.