La relación ciudadanos – congresistas

La relación ciudadanos—congresistas tiene dos momentos definidos. La campaña electoral y el mandato legislativo. Trataremos el primer momento.

Durante la campaña electoral el candidato oferta acciones y soluciones a los problemas de orden local, establece posición sobre los principales temas de la agenda política y en función a su relación con el gobierno de turno, apoya o cuestiona su funcionamiento. Los ciudadanos demandan soluciones a un sinnúmero de cuestiones, que van desde aspectos personales hasta nacionales, incluyendo cuestiones de orden colectivo, en función a la(s) organización(es) de las que forma parte.

En esa dinámica, empieza a crearse la futura relación entre el potencial representante y sus electores. La cuestión es qué piden y qué ofrecen los actores de la relación. La mayor parte de las veces, los ciudadanos esperan soluciones rápidas y fáciles.

Mientras que las ofertas electorales no están relacionadas a las reales capacidades del futuro parlamentario. Es decir, ofrece lo que no podrá realizar por sí sólo, porque en el Parlamento se toman decisiones colectivas, y se ofrecen soluciones que no forman parte de las funciones de un congresista en ejercicio.

Las encuestas muestran que, en diferentes circunstancias, el Congreso de la República, tiene márgenes de aprobación variable a lo largo del tiempo.

Evidentemente, esa variación tiene que ver mucho con el papel que desempeñan los congresistas con sus actos públicos y privados, sus declaraciones y especialmente por sus decisiones; ya que muchas veces, tienen que decidir, aún a costa de su popularidad.

La popularidad, el grado de recordación y la intención de voto, son indicadores para medir el desempeño público de los políticos. ¿Serán estos parámetros los adecuados para evaluar el desempeño de una institución colegiada?

El Parlamento como institución debe ser popular, en el sentido de contar con la aprobación de la mayoría de los ciudadanos; o debe, aspirar a ser respetada como instancia fundamental de la democracia.

Es muy difícil que los parlamentos sean instituciones populares, ya que albergan los diferentes puntos de vista de los grupos políticos.

Hacer comprender a los ciudadanos que las decisiones políticas son complejas y que enfrentar los grandes temas nacionales generan siempre puntos de vista diferentes, es quizás una de las tareas que la institución debe emprender para ganar ese respeto tan necesario para la consolidación de la democracia.

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