La reelección interminable

La reelección es un mecanismo que permite a los electores renovar la confianza en sus gobernantes y a éstos, solicitar la ratificación de su mandato. Desde tal perspectiva, es una manera de propiciar la competencia entre los políticos, porque es una especie de premio o reconocimiento de los electores hacia la gestión de gobierno, y por ello, un incentivo para los políticos.[1]

¿Cuántas veces puede reelegirse una autoridad? Es una pregunta que no tiene una respuesta categórica, más aún, si uno es partidario, en principio, de la reelección como mecanismo para que los electores ratifiquen o no a sus autoridades electas.

En el caso del presidente de la república el tema está zanjado, no hay reelección inmediata. Los alcaldes, regidores, presidentes regionales, congresistas pueden reelegirse sin límites. Aquí, me parece si hay un problema que debería, por lo menos discutirse y tomarse una decisión al respecto.

El problema es que muchos alcaldes en nuestro país logran ser reelectos no una, ni dos veces, sino hasta cinco veces consecutivas. Muchas personas podrán decirme. ¿Cuál es el problema? Sus electores ratifican a sus alcaldes pues “hacen una buena gestión”.  Evidentemente, desde tal perspectiva no hay un problema.

Ampliemos el enfoque y preguntémonos.  ¿Cuántas reelecciones son legítimas? ¿La alternancia en el poder es deseable? ¿La reelección podría propiciar corrupción? Si nos hacemos estas y otras preguntas sobre el tema de la reelección, entonces si podemos notar que hay algunos problemas por enfrentar. La afirmación: “reelección es corrupción” no solo es un slogan de campaña electoral que los opositores al alcalde gobernante usan para propiciar su ascenso al poder, también encierra una posibilidad real de que una “gestión de gobierno” que tenga el control de un municipio por tres o cuatro periodos consecutivos, es decir por doce años pueda generar una estructura en la que la frontera entre la organización municipal y el grupo de gobernantes y funcionarios sea difícil de reconocer. Y es que el control del presupuesto, de las compras, de la gestión de personal sin un marco institucional adecuado permite que los funcionarios crean que los cargos que ostentan son de su propiedad.

Lo dicho no puede ser categórico en el sentido de creer que en todos los gobiernos municipales en que se reelige el alcalde existe corrupción, pero qué duda cabe que los casos denunciados son muchos y los no conocidos pueden ser mayores.

Desde la perspectiva de la alternancia, también surge un problema. Los alcaldes y su grupo de regidores que se presentan a una reelección, casi siempre expresan un vínculo personal de amistad o cercanía que una relación en torno a un partido político. Este aspecto tiene varias aristas. Al no tener vínculo partidario, lo primero que se observa es el transfuguismo como práctica política. Alcaldes que son electos por el partido A, se reeligen por el partido B y luego forman su propia lista vecinal y se lanzan a la reelección.

Con ello rompen toda institucionalidad que es permitida por la legislación electoral vigente al no regular el transfuguismo y al admitir la existencia de listas a nivel distrital que se auto extinguen con el término del proceso electoral.  Se elude, también la competencia al interior de los partidos, puesto que, el alcalde al verse exitoso y con recursos cree ser el candidato “natural”, por lo que no tiene porqué competir por su reelección al interior de su partido. En ese escenario la alternancia vista como competencia al interior de los partidos para seleccionar a sus candidatos y como competencia entre organizaciones políticas se vuelve disfuncional.

En este último aspecto, resulta difícil organizar una competencia cuando más de diez movimientos, listas, partidos y otros se presentan en cada distrito por alcanzar un mandato de representación.  Simplemente es imposible que se logre algo provechoso al respecto.

Tomando en consideración lo expresado, la reelección es legal en tanto es permitida por el sistema electoral y legítima en tanto los electores vuelven a votar por sus autoridades. Sin embargo, podríamos concluir diciendo que la reelección indefinida genera más problemas que ventajas institucionales y más aún, si el marco legal es permisivo con la reelección, los electores también lo son cuando por más de tres veces se reelige a una autoridad municipal. Digo tres porque mi idea es que el cambio en la ley de elecciones municipales podría permitir una reelección consecutiva —dos mandatos— y bloquear otro consecutivo. De ese modo, podría alcanzarse un equilibrio que permita por un lado la competencia y por el otro premie el buen gobierno.

[1] Castañeda Castro, Carlos Fernando. Alan García reelección. https://www.politikaperu.org/articulos/doc.asp?id=116

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