La libertad y la igualdad ejes centrales del liberalismo

El liberalismo clásico ha evolucionado y en esa evolución, las ideas libertarias ya no son suficiente para alcanzar el ideal democrático; ya no basta proclamar y garantizar las libertades individuales, si no todos los individuos tienen la misma capacidad de ejercerlas. Allí es donde empieza a tener preponderancia las ideas de la igualdad.

Lo primero que debe quedar establecido es que el liberalismo surge como respuesta discursiva contra el absolutismo, en un contexto que se estaban conformando los estados—nacionales, en el cual la burguesía teniendo el poder económico, no tenían el poder político que lo ostentaba el rey y la nobleza en Europa.

El discurso reclamaba formar parte de la estructura del poder, sea adaptándose a la existente (Inglaterra), sea construyendo un nuevo régimen (Francia).

Así como proclamaban y ejercían la libertad en la esfera de la economía, también reclamaban el ejercicio de la libertad en la esfera política. Es por ello que el liberalismo es la ideología de la libertad individual.

Por ello, se contrapone el Estado frente al individuo y se propugna que el gobierno sólo debe dedicarse a garantizar la seguridad interna y externa, proteger los derechos individuales, la vida, la libertad y la propiedad privada, ya que estos derechos son inviolables y sagrado, que incluso son superiores frente al Estado.

En el mismo sentido, el Estado era considerado como un mal necesario, cuya función gubernativa era consentida a través del contrato social que suscriben los gobernados y gobernantes cuyo principio legitimador del ejercicio del poder, ya no era el soberano, sino el pueblo.

Es decir, la soberanía ya no residía en el rey, sino en el pueblo como mito legitimador. Como el pueblo es la fuente de legitimidad y como éste no puede ejercer el autogobierno, es que surge la idea de representación política, para lo cual el procedimiento para elegir a los gobernados es el sufragio universal.

La libertad

Para garantizar la libertad individual, se plantea el principio de separación y equilibrio de poderes y funciones en órganos distintos entre sí. El antiguo régimen precisamente concentraba el poder en el soberano, por lo que, se estaba sometido a su voluntad; dado esa experiencia histórica, es que, los teóricos liberales, no solamente propugna la separación de poderes, sino también, el someter a los gobernantes y a los ciudadanos al dominio de la ley, por lo que, se afirma que el liberalismo político daba paso del gobierno de la voluntad (arbitrariedad) al gobierno de las leyes.

De estos argumentos, se notan dos ejes conceptuales: Por un lado, el vínculo del individuo frente al poder político; y, por otro lado, la concepción que tiene el liberalismo sobre el hombre.

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Recapitulando, se evidencia una relación individuo-estado, es decir la unidad de análisis la comprendía el individuo frente al gobierno y no a los individuos agrupados frente al gobierno, por lo que, en alguna medida se ignoró la existencia de los grupos sociales, se planteó que el Estado debía tutelar solo las libertades individuales, ya que toda función adicional asignada, provocaría tiranía.

Si en el liberalismo clásico o primigenio, el eje central para construir todos los argumentos en torno a la relación entre el Estado y los individuos era la libertad; con el desarrollo del liberalismo toma mayor preeminencia, las ideas de la igualdad.

¿Qué pasa cuando las mismas ideas libertarias que se propone aplicar a los individuos[1], también se propone que se apliquen a los grupos humanos? El liberalismo clásico ha evolucionado y en esa evolución, las ideas libertarias ya no son suficiente para alcanzar el ideal democrático; ya no basta proclamar y garantizar las libertades individuales, si no todos los individuos tienen la misma capacidad de ejercerlas. Allí es donde empieza a tener preponderancia las ideas de la igualdad.

La igualdad

La idea de la igualdad es una categoría que ha estado presente en las ideas liberales primigenias en dos ejes: a) La igualdad ante la ley, y b) la igualdad de trato, consideración o respeto, sin tomar en consideración la condición económica o social de las personas.

Pero son precisamente, las condiciones económicas y sociales[2] que el sistema económico provoca entre las personas, que imposibilitan a algunos de ellos, desarrollar su condición humana. Es por esta razón, que, sobre la base de las ideas liberales reconceptualizadas, que, por ejemplo, John Rawls formula su teoría de la justicia, así como Jürgen Habermas, formula su propuesta de democracia deliberativa.

Habermas sostiene que la política no puede restringirse al discurso ético, ni puede asimilarse a un proceso explicativo de una forma compartida de vida o de identidad colectiva, por ello considera que el concepto de democracia deliberativa debe concebirse como forma de regular por igual interés de todos, entendiendo esto como justicia.

Los ciudadanos son parte de los procesos de comunicación intersubjetiva que fluyen entre el parlamento y las redes informales de la esfera pública, por lo que estos no aseguran el éxito de la democracia deliberativa, sino la institucionalización de los procedimientos y condiciones de comunicación; en tal sentido, sostiene que ni Estado,  ni la economía son donde se deriva el poder comunicativo, sino de los proceso legalmente institucionalizado de formación de la voluntad, así como de los públicos culturalmente movilizados sobre temas políticos (Grupos de presión).

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Por ello entiende que, los procedimientos y los supuestos comunicativos de la opinión y de la formación de la voluntad colectiva, son las fuentes de la racionalización discursiva de las decisiones de la administración, la que está constreñida por las leyes.

En otros términos, John Rawls plantea que la justicia social que él propugna no debe afectar negativamente a ningún individuo, sino ser beneficiosa para todos, ya que, la justicia no puede estar sujeta a transacciones. Por ello, al hacer su planteamiento teórico, parte del supuesto que, las personas tienen, independientemente de sus interés y deseos propios, una idea compartida de justicia que les permite aquilatar su valor como ordenador social.

Rawls se preocupa que las instituciones y la estructura social, establecen desigualdades profundas entre los seres humanos y que, precisamente, la justicia social consiste precisamente en cómo se asignan los derechos, los deberes y las oportunidades económicas y sociales a los sectores sociales; es decir, la “división correcta de las ventajas sociales”.

Su propuesta teórica, parte del supuesto que los individuos no conocen de antemano su ubicación en la estructura social, ni menos el grado de bienestar económica que tendrán, ni tampoco los valores acerca del bien; a ello le llama el velo de la ignorancia[3], que es una situación inicial de partida que se pone, para establecer el ámbito de la justicia por imparcialidad, es decir, una situación en que todos, establecen un acuerdo (contrato) para establecer los primeros principios que regirán una sociedad.

Entonces, la justicia sería un acuerdo de colaboración, en la que cada individuo oponiéndose a sus egoísmos, también es capaz de colaborar para alcanzar un bien colectivo.

En dicha situación hipotética, Rawls sostiene que los individuos optarían por el principio de maximin, es decir, maximizar los beneficios sociales a los menos afortunados. El autor, repara en que el concepto de cooperación social es consecuencia de extender a la sociedad, los mismos principios de elección por un individuo, por lo que, por extensión se llega a la justicia.

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Notas

[1] Se reconocía un segmento de gentes, de diverso origen que se consideraba diferenciado frente a la nobleza y el Clero, y que a su vez proclamaban que ellos constituían por sí solos la NACIÓN. Ver, por ejemplo: Qué es el Tercer Estado, obra de Emmanuel Sieyès, quien fue uno de los ideólogos de la revolución francesa.

[2] Considerar que, los dos ejes básicos de igualdad, sólo se podían ejercer entre quienes se consideraban “iguales”. En un inicio estos “iguales” eran muy pocos, incluso entre los burgueses que en su lucha política querían abarcar a todos, este “todos” era muy restringido. La atribución de derechos civiles y sociales evidencia precisamente cómo se van reconociendo derechos a sectores sociales que originalmente no eran considerados: iletrados, campesinos, mujeres, niños, etc.

[3] Desprovistos de interés propios y ajenos.

[4] Aunque una discusión recurrente en el país está vinculado al rol que debe tener el Estado frente a la economía y las funciones específicas que debe cumplir,

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