La independencia política

La aparición de la independencia política en el discurso público propició el surgimiento de una nueva forma de hacer política, en la que los políticos se revisten de un nuevo ropaje conceptual.

Y el común de los ciudadanos cae en ese error, que nos cuesta demasiado, pues al dejar la política fuera de nuestro campo de interés, cometemos el error de desatender aquella condición innata a nuestra humanidad y que decide lo esencial de nuestra vida en sociedad.

Sabrán nuestros independientes, que además no son políticos, que la principal actividad que realizan es justamente, la de hacer política. ¡Qué contradicción!

El pensamiento político de los independientes

Aclarada la cuestión entre políticos e independientes, nos toca abordar el pensamiento político de estos. Resulta incuestionable que todas las personas concebimos en nuestras mentes un sistema de creencias que involucran una serie de apreciaciones valorativas respecto de cuestiones trascendentales en las que se incluye la política. Todos poseemos de manera más o menos estructura una visión de lo que «debe ser» la política y por ende la conducción de la cosa pública, pero, no todos estamos dispuestos a involucrarnos directamente en esas cuestiones.

Otro factor que pocas veces se toma en cuenta es que, al asumir una doctrina, ideología o simple creencia, lo que cuenta en realidad es la intensidad de nuestra adhesión, pues ello será el indicativo que defina nuestra vinculación emocional hacia ese cuerpo de ideas.

No es lo mismo ser una persona altamente comprometida con una ideología y activar en ese sentido, que ser un simpatizante de la misma, pero que no se llega a los niveles de la acción y mucho menos a creer que esas ideas son infalibles y absolutas, por tal razón no es parte de la visión que se tiene de la realidad.

Y el meollo de la cuestión está aquí. Nuestro país en los últimos años ha vivido en el vaivén ideológico de extremos altamente intenso, por lo que se llegó a asumir que la política involucraba siempre, la disputa ideológica entre dos visiones absolutamente divergentes de ver el mundo. Ello como resultado de la pugna ideológica entre el liberalismo y el marxismo. Lo que se incrementó en los últimos cincuenta años al desatarse la guerra fría.

En ese contexto, la política entre nosotros significaba el distanciamiento absoluto entre quienes ideológicamente pensaban distinto, y el principal objetivo no era solucionar problemas sino alcanzar el poder para demostrar que tal o cual posición ideológica era la que tenía la razón.

Pero la ideología tiene una utilidad práctica en la movilización de las voluntades, pero es inútil para solucionar problemas fácticos que afectan a los ciudadanos de carne y hueso. Por tal razón, cuando esas ideologías llegaron al poder y fueron incapaces de solucionar los problemas, en vez de replantar la ideología se culpaba a terceros sobre los propios desaciertos o a la realidad misma. Y eso es dogmatismo.

Entonces, la ventaja de la independencia política entre los políticos es que, al caer los ismos políticos como el marxismo y las interpretaciones obsesivas del liberalismo, se tenía que coger algún nuevo elemento que justificara su accionar; las ventajas son innumerables y pueden resumirse en las siguientes:

  • No existe una ideología que deba hacerse realidad;
  • No existe el imperativo ético ni moral de actuar de una manera determinada por la ideología; No hay objetivos ideológicos por alcanzar;
  • La intensidad de cualquier nueva ideología es baja;
  • Se le debe más fidelidad al líder principal;
  • Se alcanzan objetivos sobre la base de resultados palpables.

Y en ese nuevo contexto ideo—político, se adhieren a valores políticos más generalizados y aceptados por la mayoría de la sociedad, aunque indudablemente todos reclamen para sí la defensa de estas ideas. Así, ahora políticos de diversa corriente ideológica reclaman ser los «auténticos» defensores de la democracia, y todos se autodenominan de ese modo, resultando que se hace mucho más difícil distinguir quien es quien. Pero adicionalmente, perdura en sus mentes, que la lucha política involucra ir más allá de las diferencias de ideas, y se convierte la lucha política como una pugna personal entre los distintos líderes que tienen puntos de vistas distintos uno de otros.

La mayoría de ellos preserva para sí su formación doctrinal, pues evidentemente es muy difícil romper definitivamente con el pasado, aunque deben —por la coyuntura— callar. Entonces debe quedar claro, que, aunque se autodenominan independientes son políticos y poseen en mayor o menor medida una ideología política en diferente magnitud e intensidad.

Es menos estructurada, se basa sobre valores políticos más generales, y sobre todo se ha construido sobre la base de su formación política en la juventud. Ya no serán marxistas ni liberales estrictamente hablando, aunque se hayan formado en esas corrientes, serán una recombinación de diversas corrientes doctrinales, pero lo que debe quedar claro, es que las ideas que manifiestan no son de la intensidad a la que adherían en décadas pasadas.


[1] Tesis para optar el título de politólogo.

[2] Jaime Barreto, Wilson. Marketing Político. Ed. Universidad del Pacífico. 1990, Págs. 92 – 93.

[3] ESTILO DE RENOVACIÓN. Ayuda memoria para la prensa. Abril de 1995.

[4] RUBIO CORREA, MARCIAL, El poder de los independientes, en ALVAREZ RODRICH, AUGUSTO (EDITOR), El poder en el Perú, Lima – Perú, Apoyo S.A., 1era Edición, 1993, p. 51.

[5] Loc. Cit.

[6] Ver: https://www.politikaperu.org/articulos/doc.asp?id=4

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