La guerra irregular

Se argumenta generalmente -y es aceptado por la mayoría- que la pobreza es el "caldo de cultivo" para procesos violentos como el vivido por el Perú. Tal argumento que a primera vista, parece dar una explicación racional a un fenómeno como este. Sin embargo, si observamos con detenimiento el argumento, notamos que se usa una situación dada (la pobreza con la decisión de librar la guerra irregular).

El primer objetivo, es predisponer al subversivo de una moral alta, sabiéndose que su lucha tiene una justificación ético-ideológica, que haga posible asesinar sin sentirse culpable de sus actos. La propaganda tenderá pues a reforzar las creencias y los principios básicos de la doctrina del movimiento armado, atacará al enemigo desnudando cada una de sus debilidades y resaltará cada una de las «arbitrariedades» que comete. Esta tarea de todos los días, debe impedirse que con el fragor de la lucha o en la eventualidad de la derrota, la moral se pierda.

El segundo objetivo, es conseguir que los indecisos se activen y se conviertan al movimiento subversivo, sea como simpatizantes activos o pasivos; y en el peor de los casos, conseguir la inacción de este segmento poblacional. explicar las causas y la situación en que se encuentran, así como explicar los motivos de la lucha.

El tercer objetivo, es minar la moral de los soldados del ejército regular, argumentarle que está luchando en el bando contrario, y motivarlos a desertar. A los jóvenes que están listos para enrolarse, convencerlos que están cometiendo un acto inmoral. Si se logra dicho objetivo, más la demostración de fuerza que hagan los subversivos en el desarrollo de la guerra irregular, minará la moral del soldado, haciéndole creer en la imposibilidad de derrotar a la subversión.

Se tienen que conseguir los mismos resultados con el cuadro administrativo del Estado y por lo menos con los líderes de opinión, someterlos a situación de ablandar sus apreciaciones respecto de la subversión.

Combate clandestino: El paso a esta etapa, no significa el dejar de lado, las tareas que en la etapa anterior han sido reseñadas, sino que, significa incrementar a las acciones de la etapa anterior, tareas nuevas en el proceso de conducir la guerra irregular. Los propósitos de esta segunda etapa son dos:

Primero desgastar moral y materialmente al enemigo, y aislar psicológicamente al adversario de la población en la zona de operaciones. Las características propias de esta etapa son la organización del mando en las unidades operativas de acción, distintas del mando político central; es decir, cada unidad operativa tiene un jefe responsable, con amplia libertad de acción, que sólo rinde cuenta de sus actos al comando político de la dirección central, y está en condición de subordinado.

Luego, en el aspecto de las comunicaciones entre los niveles operativos y directivos, se busca reducir la posibilidad de infiltración por parte del ejército regular, por lo que, se contacta la comunicación vía los enlaces. Los enlaces son simpatizantes activos de la organización clandestina que sirven de correo o vía de comunicación entre los dos niveles.

Se utilizan, además, señales y códigos cifrados que sólo tienen significado para los integrantes de la organización encargados de las comunicaciones; para finalmente hacer uso de los informantes de la zona, sobre todas y cada una de las necesidades de información que requiere el comando general u operativo. Los medios para hacer efectiva esta etapa de la guerra irregular son los siguientes:

El terrorismo

En este acto, haciendo uso de algún artefacto explosivo, se daña material, física y moralmente al adversario. Sus objetivos principales son los siguientes: a) hacer sentir inseguridad al adversario e intimidarlo, además de convencer a la población de la debilidad del adversario y de su incapacidad de defensa; b) demostrar que el aparato de seguridad estatal es incapaz de dar seguridad a la sociedad; c) incitar al adversario al contra terror, es decir, que tomen medidas de represalia que afecten a la población para distanciar a las fuerzas del orden de la población civil.

Los primordial es crear el efecto psicológico del temor colectivo y la intimidación para impedir la acción. El terrorismo es uno de los instrumentos de la guerra irregular, y en teoría, es usado como complemento de otras acciones subversivas, nunca debe ser el acto principal, ya que se perdería el efecto que se desea.

El arma más usual de este acto subversivo, es la bomba, esta simboliza para el subversivo su poder de atemorizar a las gentes y demostrar que es capaz de lograr sus objetivos.

Incendios y asaltos: Los incendios tiene por objeto causar un daño tangible en la propiedad sea pública o privada, produciendo temor e inseguridad entre la masa del adversario. Ello obligará, a reforzar las medidas de seguridad, que a su vez, dispersará las fuerzas de la policía y el ejército regular; con ello, se debilita su capacidad de garantizar el respeto a la propiedad, conllevando a que en el caso de grupos o empresas privadas, negocien con la subversión a fin de garantizar las plantas de producción de posibles atentados.

El asalto, tiene la finalidad de captar dinero para financiar la guerra irregular, se intenta crear la imagen que se trata de una «expropiación», por lo que se propagandizará la habilidad de los subversivos para cometer estos asaltos con la mayor espectacularidad posibles, sin copiar las tácticas que emplean los asaltantes comunes.

Secuestros: Tiene por objeto conseguir dinero y/o liberar subversivos detenidos por la fuerza regular, canjeándolos por los secuestrados. Los secuestros por dinero son los más comunes, y el secuestrado debe poseer ciertas características para que ──a juicio de los subversivos── los efectos de dicho acto tengan justificación.

El ganar la aprobación de la opinión pública, es el primer objetivo, y para ello, el secuestrado debe ser un personaje que socialmente tenga poca o ninguna estima por la mayoría de los ciudadanos, destacando todos sus puntos débiles como las «injusticias que ha cometido a lo largo de su vida»; además debe poseer el dinero suficiente para poder pagar su rescate, y de no ser así, el movimiento subversivo ya tiene la justificación para asesinarlo.

El sabotaje: Es la destrucción deliberada de un negocio, fábrica, medio de transporte, vía de comunicación, plantas eléctricas, etc. Se diferencia del terrorismo por su finalidad, en el sabotaje el efecto material del hecho es lo que importa, más que el hecho psicológico; mientras que en el terrorismo el efecto psicológico es más importante que el daño material del hecho. El sabotaje no implica necesariamente el uso de la violencia a gran escala, un poco de arena, piedras, etc. en el área específica de una fábrica o central hidroeléctrica es suficiente para alterar en el mayor tiempo posible su normal funcionamiento.

Asesinatos selectivos: Tiene por objeto eliminar físicamente a seres humanos que a juicio de los subversivos son traidores a su causa o enemigos de la misma. En el primer caso, se asesina a personas que, perteneciendo al movimiento subversivo, se le comprueba actos de traición; sin juicio previo y de las formas más atroces se asesina a estas personas. En el segundo caso, se asesina a personas que son consideradas enemigos de los movimientos subversivos; tiene por objeto crear un efecto psico-político de temor colectivo entre los encargados de enfrentar a la subversión, sean jueces, periodistas, políticos, líderes sociales, militares, etc.

Si se logra el objetivo, la inacción en el campo de las fuerzas regulares permitirá avanzar a los subversivos, consiguiendo el objetivo de crear un clima de inestabilidad, incertidumbre y temor colectivo.

Incursiones: Son acciones armadas en la que, las instalaciones de los adversarios sufren el ataque guerrillero en momentos de inferioridad numérica. Su finalidad es la destrucción y/o captura de material bélico del adversario; se distingue del sabotaje y del terrorismo, porque el subversivo entabla combate directo con las fuerzas regulares que custodian las instalaciones atacadas.

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