La Comisión de la Verdad y Reconciliación en las encuestas

Si bien se requiere un estudio de la cobertura mediática para realizar un análisis global de la respuesta presentada, resulta evidente que o la información entregada por los medios de comunicación era limitada o que la expectativa suscitada por la creación de la CVR no había despertado mayor interés a los dos meses del inicio de funciones.

Un hecho que llama profundamente la atención, es el nivel de información que muestra la ciudadanía sobre la labor de la CVR, la misma que siempre fue bastante menor que la que declaraba no estar informada y estar poco informada (Ver GOP UL). Esta respuesta está relacionada directamente con la cobertura noticiosa y con la capacidad de la CVR de hacer pública su labor y el cumplimiento de sus metas a lo largo de su gestión y no sólo al final.

En lo que se refiere a medios de comunicación, la mayoría de ciudadanos cree que existió una campaña de desprestigio contra la CVR (Ver GOP UL), aunque para Apoyo Opinión y Mercado esta nunca haya merecido la formulación de alguna pregunta.

Al igual que para la CVR, Sendero Luminoso es percibido por la ciudadanía como el principal responsable de los hechos de violencia acaecidos durante las décadas de los 80´ y los 90´, seguido del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. En este punto, es preciso señalar que la ciudadanía también responsabiliza en menor medida a las FFAA y FF PP y a los gobiernos de Belaúnde, García y Fujimori por lo sucedido.

Otra de las conclusiones que muestra este trabajo, es la limitada confianza que la ciudadanía muestra hacia el Estado y el gobierno como instituciones encargadas de poner en práctica las recomendaciones de la CVR, por lo que un importante porcentaje considera que el informe final no conseguirá mayores beneficios para el país. Es en esta línea que según el GOP UL, la opinión pública mostró su descontento hacia el pronunciamiento presidencial sobre la CVR.

El Comercio y el diario Correo, tienen mayor afinidad ideológico-política, que se traduce principalmente en una clara oposición al APRA, que no comparte La República. Sin embargo, El Comercio resulta ser más conservador que Correo, al menos en el aspecto de tener mayor cercanía a los sectores tradicionales de la iglesia.

No obstante, El Comercio, La República y por cierto también Correo, son de predominante arraigo capitalino, tanto desde su concepción y elaboración como de su lectoría (ello pese a las encomiables ediciones en localidades provinciales de algunos de ellos). Así pues, si se tiene en cuenta que los medios citados se incluyen necesariamente entre los más importantes del país, agregando a esto que la gran mayoría de prensa escrita también reporta a Lima, se observa que la formación de la opinión pública en el Perú también es centralista, siendo así que el país “se percibe” y “se piensa”  desde la capital, fenómeno contraproducente al afán de inclusión de la CVR, la que también destaca, como central y negativo, en la parte correspondiente a los medios de comunicación de su informe final.

Sin embargo, las discrepancias de los diarios en estudio son positiva a la democracia, pues según Sartori genera contra equilibrio de pareceres, aunque debe aludirse, a tono con lo señalado en el párrafo anterior, que no existe una estructura policéntrica de medios de comunicación en el país, lo que relativiza mucho al primer factor.

Pese a la importancia de los diarios analizados, los sondeos de opinión dan a conocer que la mayoría de entrevistados se encuentra poco informada de la labor de la misma.

Ello revelaría a nuestro juicio, mucho más que relativas carencias en la labor de difusión prevista en la CVR, la presencia de factores preexistentes a la propia comisión y seguramente estructurales al país que afectan la calidad de nuestra democracia.

Uno de estos factores, se relaciona a lo expresado por Conaghan en términos de que la prensa escrita tiene muy escasa lectoría, de otro lado centralizada en Lima; debiéndose notar que las estaciones televisivas, si han otorgado cierta cobertura (en realidad no significativa) a la CVR, que por su propia naturaleza no llegan a impactar a las mayorías respecto a la comisión, pues según asevera Sartori, “los problemas no son visibles”.

Otra explicación, por cierto, complementaria, consistiría en señalar -en la línea crítica de Bourdieu sobre las encuestas- que en efecto es ingenuo asumir “que la producción de una opinión está al alcance de todos”. Un problema serio consistiría en que a la mayoría de compatriotas no le interesaba la labor de la CVR o no sabía cómo expresarla, lo cual en ambos casos se relaciona a nuestras consabidas carencias en materia de educación.

Esto lamentablemente, contribuye a revelar nuestros hondos problemas de inclusión, ciudadanía (muy delgada sociedad civil o pequeña y decreciente clase media), y centralismo. Todo esto marcha necesariamente en detrimento de la calidad de nuestra democracia, que siempre, como enfatiza Conaghan, se relaciona al acceso de información y oportunidad de una deliberación informada.

Finalmente, debe concluirse que predominantemente se produjo un notorio desencuentro entre el  parecer favorable sobre la CVR manifestado en los sondeos y algunos diarios, y el parecer contrapuesto de la mayoría de la clase política, en particular de la que reporta a los partidos políticos que estuvieron al frente del gobierno entre 1980 y el 2000, destacándose que quien le dio  mayor cobertura, sobre todo propicia a la crispación, fue Correo, entre otros, a partir de la cesión de importante espacio informativo a políticos tales como los congresistas José Barba y Rafael Rey.

Estimamos sugerente el esquema de Wolton que indica que la democracia se robustece por una relación conflictual entre políticos, medios de comunicación y encuestas, éste resultaría viable en sistemas democráticos más consolidados, pero no sujetos a un proceso de transición que, en nuestro caso particular, es cada vez más precario.