La ciudadanía y el buen gobierno democrático

El autor examina dos modelos de ciudadanía: uno motivado por el propio interés y otro inspirado en el bien público. «El modelo inspirado en el bien público», afirma, «requiere que los ciudadanos con intereses privados también tengan un conocimiento del bien público y se interesen en promoverlo».

Ralph Ketcham es catedrático emérito de historia, Asuntos Públicos y Ciencias Políticas de la Escuela Maxwell de Ciudadanía y Asuntos Públicos de la Universidad de Siracusa, en Siracusa, Nueva York.

En un seminario celebrado recientemente en una universidad de Estados Unidos, se pidió a un participante de Vietnam que respondiese al concepto de democracia del politólogo Robert Dahl, de que debe responder a los ciudadanos, que «son libres de concebir y utilizar medios pacíficos de criticar, presionar y reemplazar a los dirigentes».

En el análisis de Dahl, los dirigentes están obligados a prestar atención y responder a las diversas voces y necesidades del pueblo, expresadas no sólo a través de instituciones representativas, sino también por otros medios pacíficos, como peticiones, manifestaciones, grupos de presión, de defensa, etc., que existen en una sociedad libre y liberal.

El modelo de ciudadanía inspirado en el bien público requiere ir más allá de las diversas actividades interesadas de votar, organizar, ejercer presión, manifestarse y unirse a partidos y grupos que representan intereses especiales. (Pág. 3)

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