Información, política y gobierno

Etimológicamente información proviene de la palabra latina informare in, formo de lo que deriva informar” que significa formar, dar forma, moldear, representar idealmente. Información, política y gobierno.

Pautas de acatamiento y legitimidad

Como se dijo, el poder por sí mismo no es efectivo si no se vincula con la búsqueda de otros valores e intereses, asimismo intentar doblegar voluntades mediante la amenaza o el uso de la fuerza es parte, pero no completa el espectro del poder, pues existen otras expresiones que per­miten conseguir cambios, como la influencia, la costumbre y sobre todo el manejo común de un código de información entendible que involucre a los agentes actuantes en el acto de poder.

Un asunto adherido al poder y la información es la cuestión de la le­gitimidad. La legitimidad en su sentido más lato se entiende como el ejer­cicio del poder en función de alcanzar los valores establecidos en una so­ciedad, y, por lo tanto, su consecución no implicaría una violación de otros valores socialmente aceptados.

El vínculo entre poder, legitimidad e información se evidencia cuando comprendemos que la legitimidad implica dejar de lado la violencia o la amenaza de su uso para conseguir cambios y que la información so­bre aquellos valores comunes de la sociedad, son compartidos y entendi­dos por un número importante de los miembros, y que, el ejercicio del go­bierno se realiza en tanto estos valores son respetados y alcanzados en mayor o menor magnitud.

Cuando decimos que un gobierno o un hecho es legítimo queremos significar en primer término que son cuestiones que tienen un amplio acuerdo social acerca de su pertinencia, que no cuestiona otros valores y está enmarcado dentro de ciertas pautas sociales inherentes a una socie­dad. En segundo lugar, la legitimidad nos introduce al consentimiento y al alejamiento del uso de la violencia para el logro de ciertos resultados.

Cuanto más acuerdo hay sobre una decisión existe menor posibilidad del uso de la violencia. Inversamente, cuando una decisión involucra un nivel de rechazo o resistencia, más probable es el uso de la violencia para la ejecución de la decisión, ahora bien, las decisiones políticas no necesaria­mente pueden satisfacer a todos los sectores, por definición unos son más beneficiados que otros, y no es de esperar la unanimidad, “las decisiones políticas implican ventajas o perjuicios para determinadas personas y gru­pos de la sociedad, incluidas las propias élites.” [8]

En tal sentido, la formación de las pautas de acatamiento y legitimi­dad de un sistema político, están incluidos en las pautas informativas que los miembros consideran socialmente relevantes y cohesivos. La cohesión de las sociedades, los temas en común, las ideas, valores y creencias son pautas informativas que configuran a un sistema político, le dan contenido y sentido, por lo que también, lo diferencia de cualquier otro.

El consenti­miento que los ciudadanos manifiestan ante un determinado sistema polí­tico, solo es posible de conseguir si la información socio—política que se difunde es reconocida como un código con significado para la comunidad política que lo interpretará, es decir, como parte de la cultura política de una sociedad. [9] Por eso, la legitimidad como sustento del acatamiento a la autoridad, tiene sentido si lo relacionamos con lo que Deutsch expresa: “el “mito de legitimidad” consistente en un conjunto eficaz de memorias inte­rrelacionadas que identifican con mayor o menor claridad las clases de órdenes y fuentes de órdenes a las que se debe otorgar preferente aten­ción, obediencia y apoyo, porque se vinculan con algunas de las pautas generales de valor predominantemente en la cultura de la sociedad y con los aspectos importantes de las estructuras de personalidad de sus miem­bros.” [10]

Es decir, la legitimidad de un sistema político y la manera en que es conducido, solo es posible de ser entendido si conocemos el código infor­mativo que los ciudadanos consideran como válido e invalido en el ámbito de la política, la información que circula, tiene una importancia decisiva porque modela las relaciones políticas y proporciona un procedimiento para que sus miembros puedan interactuar y saber cómo y porqué obede­cer, así como el límite de la obediencia.

El hecho de identificar símbolos, palabras, modos de hacer y valorar la política, está inmerso en nuestros sistemas de creencias que es resul­tado de procesos complejos de acumulación histórica de pautas, roles y costumbres.  En tal sentido, cuando nos referimos a la memoria, dejamos en claro que, ante un objeto político, tenemos ciertas experiencias que son transmitidas y trasladadas de generación en generación y que resumen el conocimiento acumulada por una sociedad; en tal sentido, un nuevo reto involucra aprender para reaccionar y constituir un producto social que será utilizado en cuanto se repita una situación similar.

Teniendo consideración por lo expuesto, debemos precisar los senti­dos y usos que se le da a la legitimidad. La legitimidad según Deutsch se expresa de cuatro maneras específicas. La legitimidad por el procedi­miento, la legitimidad por representación, la legitimidad por resultados; y, la legitimidad en países y culturas diferentes.

Otra clasificación, propuesta por Friedrich considera que existe la legitimidad religiosa, que admite una cantidad de subtipos; jurídica (filosófica); tradicional; y procesal pragmá­tica. [11] Desde diferentes perspectivas ambas clasificaciones tienen un nú­cleo común, pues en todos los casos se refieren a las siguientes cuestiones fundamentales en cualquier sistema político: a) la justificación ideológica que permite a un grupo social ejercer el gobierno; b) la manera o proce­dimiento por el cual, un grupo o gobernante se hace del gobierno; c) los procedimientos que se emplean en el ejercicio del poder, y finalmente, d) la efectividad en que se responde a las demandas sociales.

La primera expresión de legitimidad, está relacionada con aquellas creencias compartidas en cuanto a quien, y en nombre de quien se debe gobernar, en tal sentido, a lo largo de la historia la justificación ideológica ha variado haciéndose más compleja y abstracta. Tenemos por ejemplo, el derecho divino de los reyes, la investidura religiosa y en la actualidad el pueblo entendido como depositario de la voluntad y soberanía del cuerpo político, desde tales perspectivas un gobierno es aceptado en tanto estos principios sean socialmente cohesivos, si esto no es así, existe la probabi­lidad de que un sistema político sucumba, pues se rompería la creencia común que sustenta el gobierno y en tal medida, obligaría a los gober­nantes usar la fuerza para mantenerse en él.

Principios de legitimidad

  1. Justificación ideológica que permite a un grupo social ejercer el gobierno. Mito integrador;
  2. Procedimiento por el cual, un grupo o gobernante se hace del gobierno;
  3. Los procedimientos que se emplean en el ejercicio del poder, y finalmente;
  4. La efectividad en que se responde a las demandas sociales.

La segunda expresión es el procedimiento por el cual un grupo o gobernante se hace del gobierno, se manifiesta cuando el gobierno y  los gobernantes son elegidos siguiendo una regla establecida previamente para la circulación o alternancia en los cargos, en algunas sociedades la sucesión hereditaria, en otras la selección entre miembros de un grupo social, la designación divina y las elecciones, son todos procedimientos que han sido previamente establecidos y considerados como valederos por la sociedad.

En su momento, no se discutían, ni se ponían en tela de juicio tales procedimientos, en tanto representaban un arreglo institucional en cuanto a la elección, designación, sucesión o nombramiento de los cargos, “las elecciones representan una técnica de designación de representan­tes”, [12] y como sostiene Nohlen en distintos sistemas políticos las eleccio­nes varían en cuanto a su importancia y funciones; asimismo, sostiene que no son un procedimiento propio de la democracia, pero que sólo en ese sistema manifiesta cualidades totalmente distintivas que en otras for­mas gubernativas, “a) el concepto de elecciones varía según los sistemas políticos; b) la importancia de las elecciones difiere de un sistema político a otro, y c) las funciones de las elecciones cambian de sistema a sistema”.[13]

Las elecciones en los sistemas políticos cumplen funciones distintas en cuanto es un procedimiento para escoger a nuestros gobernantes; si la democracia representa los valores y comportamientos de los ciudadanos y gobernantes, entonces los procesos electorales adquieren una dimensión única y especial que cualquier otro sistema político. La diferencia radica en la competencia entre más de dos contendientes, la posibilidad de elegir y cambiar gobiernos, un ambiente de pluralidad y tolerancia que permite la discusión abierta y sin censura de los temas de interés público son nece­sarias, y convierte a la democracia en una forma de alcanzar el gobierno mediante la discusión y el contraste de las ideas.