Hermelinda

¡Que triste amada mía lo días amanecen! ¡Que lentas son las horas, que estoy lejos de ti! Para calmar la duda que tormentosa crece, acuérdate Hermelinda, acuérdate de mí. 


Escucha amada mía, la voz de mis cantares, que brotan de mi lira, cual desolado son. Arrebola tu ausencia, temiendo mil azares, enferma tengo el alma, y herido el corazón.

Ya para mi las aves, no cantan sus amores, ni vierte su perfume la aurora matinal. Y el tímido arroyuelo, que bulle entre las flores, tu rostro peregrino refleja en su cristal.

¡Que triste amada mía lo días amanecen! ¡Que lentas son las horas, que estoy lejos de ti! Para calmar la duda que tormentosa crece, acuérdate Hermelinda, acuérdate de mí. Para calmar la duda que tormentosa crece, acuérdate Hermelinda, acuérdate de mí.

Seré tu fiel amante que solitario llore, al recordar las horas, de dicha y de placer. Bañada con mis lagrimas, tu frente encantadora tus ojos dos luceros, fijados hacia mi. Bañada con mis lagrimas, tu frente encantadora tus ojos dos luceros, fijados hacia mi.

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