Hacia el mundo posmoderno

«En los siglos XVI y XVII, la difusión de la alfabetización y el desarrollo de las burocracias militares y económicas dieron lugar al surgimiento de naciones y estados, y al inicio de la era moderna. Sin embargo, el científico político James Kurth ve hoy el ascenso de un nuevo orden que no será forjado por las instituciones nacionales, sino por los medios internacionales de comunicación masiva y por la cultura popular, la alta tecnología y las corporaciones de alcance mundial. Kurth, que es profesor de la Escuela Superior Swarthmore de Pennsylvania, prevé un sistema mundial que “va más allá de la nación—estado”y busca la estabilidad en organizaciones políticas y económicas de tipo multinacional.

Su conclusión es que, en muchos aspectos, el mundo posmoderno será semejante a la sociedad pluralista de los Estados Unidos.

Según dijo el filósofo del siglo XVII Thomas Hobbes, la condi­ción natural de la vida del hom­bre es ser «pobre, desagradable, torpe y pequeño». Para poder huir de ese estado natural, el hombre erige criaturas artificiales que imponen su soberanía por medio de la espada, los «grandes Leviatanes». Los actores principales de la historia han sido egregios Leviatanes, que se distinguen por ser ricos, civilizados, brutales y grandes.

Es decir, han sido enormes macro-organizaciones, lo bastantes completas y complejas para funcionar en las dimensiones económicas, culturales y militares de la vida social, y con la magnitud suficiente para im­ponerse en los ámbitos donde esas operaciones tienen lugar.

Los grandes Leviatanes de la era premoderna fueron las ciudades-es­tado, los señores feudales o los impe­rios multiétnicos. Por su propia índole, la mayoría de ellos no fueron muy vastos o cohesivos. En la era moderna surgieron naciones-estado, que son Leviatanes en verdad muy grandes.

Hoy, al inicio de la era posmoderna, parece probable que haya nuevos tipos de macro-organizaciones. No obstante, también es factible que vayan a ser ricas, civilizadas, brutales y grandes, como siempre, junto con todo lo de­más que puedan ser.

La nación-estado fue la forma de organización más distintiva y eficaz de la era moderna, esa gran época que se inició hace medio milenio y que sólo a últimas fechas llegó a su año. Cada uno de sus dos elementos, la nación y el estado, fue el fruto de tal época.

En la mayoría de las latitudes, la era mo­derna sólo trajo consigo uno u otro de esos elementos: a veces se desarrolló la nación, pero no el estado; en otros casos se desarrolló el estado, pero no la nación consecuente. Sin embargo, cuando los dos elementos se fusiona­ron en una nación-estado, fue posible crear las organizaciones sociales más eficaces y liberar las energías más explosivas.

Antes de la era moderna había tribus, grupos étnicos, pueblos y aun “nativos”; sin embargo, todos ellos sólo se convirtieron en naciones con el arribo de la alfabetización, su difusión entre las diversas clases con un idioma común y, sobre todo, con una literatura compartida». (Pág. 8)

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