Elecciones vecinales o políticas

Si consideramos lo anterior y reconocemos que la decisión que tomamos al votar, expresa nuestra preferencia hacia tal o cual opción para que éste a su vez haga tal o cual acción en nombre nuestro y referido a la cosa pública, estamos pues ante un proceso de tipo político, porque el área en que esas decisiones se van a tomar corresponde a la política, al área común de los ciudadanos que está referido a la cosa pública.

Segundo aspecto a considerar; si las elecciones municipales no son políticas, porqué los políticos, los movimientos, los partidos políticos, o los políticos llamados independientes participan en este proceso en forma activa. Aclarando lo vertido, la actividad política de un ciudadano puede ir del aspecto básico de votar hasta el extremo de participar como candidato a cualquier cargo de elección popular. Si esto es cierto, porque se afirma que las elecciones municipales no son políticas si los que participan activamente como candidatos y colaboradores son precisamente en ese momento los más activos políticamente, ya que buscan alcanzar el poder municipal.

Tercero, realmente se presenta y elige al mejor vecino o mejor dicho participa el mejor vecino, o participan personas interesadas en hacer carrera política. Los que se lanzan a ser candidatos buscan paulatinamente alcanzar nuevos cargos a nivel gubernamental. Son contadas las excepciones en que un candidato a burgomaestre u regidor no intente alcanzar nuevas responsabilidades públicas, hecho común y normal en una democracia en la que los electores premian o castigan los actos gubernamentales de sus autoridades.

Cuarto, no es cierto que, en algunas elecciones municipales, justamente por tener contenido político ha propiciado la participación, rechazo y cambios en la política nacional. Por ejemplo, Alan García, en ese entonces Presidente de la República y durante las elecciones municipales de 1986, ante la eventualidad de la derrota del candidato de gobierno en Lima, Jorge del Castillo, apareció públicamente con él en los balcones de palacio para manifestarle su público apoyo y pedir el voto de los ciudadanos; no fue Ricardo Belmont un fenómeno político que trastocó y modificó el discurso político de nuestro país durante el proceso electoral municipal de 1989, cuando inició la prédica «independiente»; y finalmente, el Presidente Alberto Fujimori no manifestó «todo el apoyo» a sus candidatos municipales y especialmente al candidato de Lima, el Ing. Jaime Yoshiyama.

Ejemplos que muestran con claridad —según mi punto de vista— que las elecciones municipales son y tienen un contenido político indiscutible, pues manifiestan preferencias ciudadanas en cuanto a hombres y planes para cargos públicos, enriquecen el sistema y el discurso político, y pueden manifestar según el contexto socio—político, apoyo o rechazo a la labor que desempeña el gobierno de turno (nacional o municipal) e incluso las mismas actitudes hacia la oposición.

Basta pues de argumentar que las elecciones municipales no son políticas, porque los hechos nos demuestran que, aunque los ciudadanos, políticos e «independientes» no les guste usar el término político para describir la política, ella aflora en nuestros comportamientos y actitudes cuando se refieren al poder y la búsqueda del gobierno en cualquier nivel.

Debe pues considerarse que la dicotomía elecciones municipales – elecciones políticas no es válida, porque no tiene referente empírico que lo pueda sustentar.

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