El proceso de la decisión política: revalorización del modelo decisional

nos proponemos abordar el problema de la decisión política, desde la Ciencia Política, a partir de la revalorización de los modelos explicativos decisionistas, superando, es cierto, las concepciones del racionalismo clásico, pero intentando demostrar que

Lindblom [15] sugiere que la toma de decisiones si bien no puede identificarse plenamente con la resolución racional de un problema, sin embargo, puede equipararse de manera general a ella, la pregunta ahora surge respecto a cómo los encargados de diseñar las políticas definen la situación con relación al problema con el cual se enfrentan, en todo caso se trata de una corriente dentro de la teoría de toma de decisiones.

Allison [16], en su libro menciona tres modelos que abordan el problema del proceso de toma de decisiones, es cierto que no son los únicos modelos, pero a diferencia de los demás modelos estos tienen en común analizar situaciones de crisis antes que situaciones de normalidad, como por ejemplo suele hacerlo el neo institucionalismo.

Pero no tenemos espacio para tratar en detalle todos los modelos que quisiéramos abordar, por ello sólo nos referiremos al modelo de Racionalidad limitada desarrollado por Herbert Simon, el cual no desestima los aportes del modelo racional clásico sino, por el contrario, permite completar el trabajo explicativo desarrollado por este.

El modelo de Simon revalora el aporte de los modelos decisionistas frente a las actuales propuestas normativas que como ya dijéramos líneas arriba se queda en el “debe ser” y no permite entender los hechos tal como se presentan.

Debemos empezar por señalar, como hace Simon[17], que una gran parte del comportamiento de los individuos es intencionado, es decir, está orientado hacia metas u objetivos, como lo plantean los racionalistas clásicos, y esta intencionalidad trae como consecuencia que cada decisión comprenda la selección de una meta y de un medio para alcanzarla, hasta aquí ningún problema.

Por otro lado, el concepto de finalidad implica la noción de una jerarquía de decisiones en la que cada paso hacia abajo consiste en alcanzar las metas expuestas en el nivel inmediato superior, pero no debe suponerse que esta jerarquización de finalidades está perfectamente organizada o integrada en un comportamiento real, como sí suponen los racionalistas clásicos.

Otro aspecto importante a tomar en cuenta es que toda decisión encierra una transacción, es decir, la alternativa finalmente elegida no permite nunca una realización completa de objetivos, sino que es simplemente la mejor solución disponible en las circunstancias dadas, es decir que la decisión final de un grupo pasa por la negociación en la selección de alternativas tal y como lo postula Allison[18] o Lindblom[19], y que los racionalistas clásicos rechazarían porque probablemente dicha decisión no sea la que necesariamente coincida con la idea del MÍNIMAS, con ello estamos afirmando que el medio limita inevitablemente las alternativas de que dispone el grupo, pero no las determina como creen los neo institucionalistas.

Cobra importancia lo que se entiende por “selección de medios eficaces”, que entraña la selección de una alternativa entre varias y aunque esto de una tendencia “racionalista” bien definida no debe interpretarse la concepción sobre los aspectos racionales del comportamiento como una afirmación de que los seres humanos son siempre o generalmente racionales, este falso concepto que impregnó la teoría política utilitarista y una gran parte de la teoría económica clásica ha sido refutado de una manera decisiva por el desarrollo de la psicología y la sociología.

Así, la elección de una alternativa está influida no sólo por los fines sino también por las expectativas de los fines que pueden ser realizados en distintos momentos, dando como resultado ya no una racionalidad absoluta sino limitada. Ahora bien, podríamos llegar al mismo resultado de racionalidad limitada si se parte del hecho que es imposible que el comportamiento de un individuo alcance un alto grado de racionalidad, esto por las siguientes razones:

Primero, es tan grande el número de alternativas que necesitaría explorar para cada decisión y segundo, porque la cantidad de información que tendría de valorar haría difícil sino imposible concebir siquiera una aproximación a la racionalidad objetiva, tal y como la plantean los racionalistas clásicos o los modelos lógico matemáticos.

Hay que tener presente que una elección o selección de alguna alternativa tiene lugar en un ambiente de supuestos, de premisas que el sujeto acepta como base de su elección y el comportamiento resulta adaptable únicamente dentro de los límites establecidos por estos supuestos.

Podemos hablar de límites de la racionalidad dado que la racionalidad objetiva implicaría que el sujeto amoldase su comportamiento a: [19] la visión de las alternativas de comportamiento, previa decisión, de una manera panorámica, 2) la consideración del complejo total de consecuencias que seguirá a cada elección y 3) la elección, como un sistema de valores como criterio, de una entre toda la serie de alternativas.

Pero el comportamiento real posee muchos elementos de incoherencia que no se hallan presentes en este cuadro idealizado, por lo menos eso cree Simon y estamos de acuerdo con su opinión, por tanto, podríamos afirmar que en realidad el comportamiento real revela sólo algunos segmentos de racionalidad. El comportamiento real no alcanza la racionalidad objetiva debido a tres factores:

  1. La racionalidad exige un conocimiento y una anticipación completa de las consecuencias que seguirían a cada elección y en realidad el conocimiento de las consecuencias es siempre fragmentario.
  2. Dado que estas consecuencias pertenecen al futuro, la imaginación debe suplir la falta de experiencia al asignar los valores, pero sólo es posible anticipar de manera imperfecta los valores.
  3. La racionalidad exige una elección entre todos los posibles comportamientos alternativos, en el comportamiento real sólo se nos ocurren unas pocas de estas posibles alternativas.

En todo ello consiste la propuesta de un modelo de racionalidad limitada que creo devuelve al modelo decisionista la capacidad de explicar el proceso de toma de decisiones en una situación dada.

Concluimos señalando que el proceso de decisiones es una función donde intervienen muchos factores diferentes, vinculados con el comportamiento de los individuos y el de las grandes estructuras organizativas, de ahí la dificultad en poder establecer con claridad cada factor y qué importancia tiene.

Bibliografía

  • Bobbio, Norberto “Diccionario de política” Ed. Siglo XXI España, 1982
  • Strauss, Leo “¿Qué es filosofía política? Ed. Guadarrama, España, 1970
  • Catlin, George “Teoría política” Ed. Letras, México, 1968
  • Dahl, Robert “Análisis sociológico de la política” Ed. Fontanella, España, 1968.
  • Manheim, Jarol “La política por dentro” Ed. Gernika, México, 1975
  • Easton, David “Política moderna” Ed. Letras, México 1968
  • Dahl, Robert “El método conductista en la ciencia política” en: Revista de estudios políticos N° 134, Madrid, España, 1964
  • Almond, Gabriel “Una disciplina segmentada: escuelas y corrientes en la ciencia política” Ed. F.C.E. México, 1999
  • Charlesworth, James C. “Un plan para la ciencia política: objeto, finalidad y método” en: Revista de estudios políticos N° 161, Madrid, España, 1968.
  • Van Dyke, Vernon “Ciencia política: un análisis filosófico” Ed. Tecnos, España, 1971
  • Easton, David “Esquema para el análisis político” Ed. Amorrortu, Argentina, 1984
  • Resnik, Michel “Elecciones. Una introducción a la teoría de las decisiones” Gedisa, España, 1998
  • Lindblom, Charles “El proceso de elaboración de las políticas públicas” Ed. Miguel Ángel Porrúa S.A. México, 1991
  • Allison, Graham “La esencia de la decisión” Ed. GEL, Argentina, 1975
  • Simon, Herbet “El comportamiento administrativo” Ed. Aguilar, Argentina, 1984
  • Caminal Badía, Miquel “Manual de ciencia política” Ed. Tecnos, España, 1998