El problema del objeto de estudio en la ciencia política

El problema principal es la diversidad de orientaciones teóricas que existen dentro de ella, esto crea la confusión y la idea que casi hablamos de disciplinas diferentes que tratan sobre la política, pues cada enfoque o corriente metodológica maneja un

Hay quienes probablemente me digan que es cierto no es el poder en general del que debemos de hablar sino de un poder en particular, del poder político, como por ejemplo Maurice Duverger explica en varios de sus trabajos “Método de las ciencia sociales”, “Sociología de la política” y “Método de la ciencia política”, pero el agregarle el adjetivo político al poder no resuelve el problema, porque entonces tendríamos que definir que es poder político de forma empírica y hasta ahí llegan sus defensores.

Por tanto no es sorprendente que este supuesto objeto haya decaído entre los politólogos, Si hay quienes intentan una revisión comprensiva de las obras sobre el tema es bastante fácil señalar el origen de la dificultad, los defensores del poder intentan utilizar el concepto de forma análogo al papel desempeñado por el dinero en la economía, por ejemplo, Karl Deutsch en sus trabajos: “Política y gobierno” y en “Análisis de las relaciones internacionales”, pero de inmediato se encuentra con dificultades empíricas pues el poder de hacer una cosa que no implica necesariamente el poder de hacer otra, las fuerzas armadas por ejemplo, son con frecuencia bastante inútiles para las tareas civiles, aunque a veces ellos creen lo contrario como queda expresado en el trabajo de Edwin Liuwen “Armas y política en América Latina”.

El poder, para decirlo en otra forma, ha de ser de algún modo definido por referencia al campo en el que opera y los efectos que produce, así se abre una caja de Pandora de la discusión sobre la legitimidad, el consentimiento y todo un conjunto de problemas conexos. Dos intentos interesantes de enfrentarse con el problema del poder dignos de ser leídos son los trabajos de Robert Dahl “El concepto de poder” artículo publicado en la revista de Ciencias de comportamiento en julio de 1957 y el de Herbert Simon “Notas sobre la observación y medición del poder político” artículo publicado en la revista de Política en 1953, ambos artículos fueron recogidos luego en el libro de Sydney Ulmer “Introducción a los escritos sobre comportamiento político” publicado en 1961.

El error de los defensores del poder es identificar este elemento como el contenido sustantivo de la política, es decir, de confundir la política con el poder, cuando la política en realidad designa un amplio conjunto de actividades, ninguna de las cuales debe designarse como “significado esencial” de ella.

Otro problema, es que el poder puede ser entendido en dos sentidos, en un sentido sustantivo, como si el poder fuera una cosa que se adquiere o un espacio que se ocupa y en un sentido relacional, es decir como consecuencia de la interacción entre los seres humanos, pero este es otro tema largo para desarrollar aquí[26], retornemos por tanto a revisar el concepto de poder en base a los criterios señalados anteriormente, ya veíamos que el primero de esos criterios resulta difícil de superar a pesar de los esfuerzos realizados por algunos especialistas.

Con relación al segundo criterio, el ser incluyente, el poder por el contrario deja fuera otras características que posee la política, como la legitimidad, el orden, la cooperación, la justicia, la equidad, la sanción, finalmente respecto al tercer criterio existirían varias corrientes dentro de la disciplina que se opondrían a aceptarla como objeto de estudio, por lo que también quedaría descartada.

El comportamiento político.- Es una categoría interesante, que posee defensores como detractores y que como en el caso de las otras dos categorías aludidas requeriría mucho más espacio del que disponemos para esclarecerla adecuadamente, intentaré en esta oportunidad ceñirme exclusivamente al tema dejando de lado otros aspectos vinculados con este concepto, como el origen de sus estudios o el impacto de su desarrollo en la disciplina; sin embargo, para los que tengo curiosidad en estos trabajos recomiendo revisar los libros de Robert Goodin y Hans Dieter Klingemann[27] y el trabajo de Eva Anduiza[28].

Pero volviendo al tema, el comportamiento político es una categoría que con creces cumple con el primer criterio, probablemente en este sentido sea el más adecuado de entre todos los posibles objetos, sin embargo, esta capacidad empírica también ha traído inconvenientes a sus defensores pues se reduce ostensiblemente la explicación de la política a hechos individuales y esa es la principal crítica que ha recibido por parte de sus detractores, ¿acaso la política puede ser explicada a partir del comportamiento de cada uno de los individuos?, el dar una respuesta afirmativa o negativa nos colocaría en una forma de entender la política, base desde la cual podríamos aceptar o rechazar este concepto, debate crucial y permanente entre institucionalistas y conductistas.

Si utilizamos el segundo criterio, observaremos que adoptar el comportamiento político significa rechazar de plano otro tipo de explicaciones, es más, dudar de la capacidad de explicación desde otros enfoques, por tanto no cumpliría con este criterio, pues excluye a todos aquellos fenómenos que no puedan ser observados a partir del individuo mismo, sobre este punto puede verse los trabajos de Dowsen y Hugues “Sociología política”, Sartori “Elementos de teoría política” o Marsh y Stoker “Teoría y métodos de la ciencia política”.

Finalmente, bajo el tercer criterio, el comportamiento político resulta una categoría con pocas posibilidades de adaptarse o adecuarse a enfoques diferentes al conductista, razón por la cual también queda descartado como objeto de estudio.

El sistema político. – Es una categoría utilizada por los politólogos como parte del proceso de cambio de paradigma que sufrió la disciplina en la década de los cincuenta y que ha servido para desarrollar los conocimientos sobre política.

Digamos de una vez, es una categoría que se aproxima mucho a las requisitos o criterios señalados al principio, por tanto, él es objeto más adecuado para el desarrollo de la disciplina, pero no saquemos conclusiones todavía.

Respecto al primer criterio el sistema político tiene las características apropiadas para ser trabajado empíricamente, el hecho de definirlo de forma sencilla como las unidades que establecen interacciones entre si nos permite un adecuado manejo a nivel empírico, más aún cuando describimos estas interacciones que establecen precisamente las características del sistema político en relación a otros sistemas, esa es la razón de que en los trabajos más importantes de afamados politólogos se desarrolle este concepto como en el caso de Easton “Esquema para el análisis político”, Almond y Powell “Política comparada”, Karl Deutsch “los nervios del Gobierno”, Sartori “Elementos

de teoría política”, Pasquino “Manual de Ciencia Política”, Kart Lowenstein “Teoría de la constitución”, para citar solo a los clásicos.

Respecto al segundo criterio precisamente el sistema político es la categoría más inclusiva que tiene por ahora la disciplina, dentro de ella se desarrollan todas las actividades que conciernen a la política, sirve de continente frente a la acción política y todas sus variantes, dentro de ella se puede hablar tanto del comportamiento como de las instituciones políticas, lo cual es adecuado precisamente para establecer nexos entre las diferentes temáticas que aborda la ciencia política.

Respecto al tercer criterio efectivamente en los tiempos actuales por lo menos existe una aceptación mayoritaria, es cierto que no se ha llegado a una etapa consensuada, pero por ahora eso resulta muy difícil para los cultores de la ciencia política, sin embargo podemos ver como con algunas excepciones por ejemplo la teoría de la elección racional, el concepto de sistema político se adapta adecuadamente a las diferentes corrientes existentes dentro de la ciencia política.

En definitiva, no estaremos frente a un objeto ideal, pero si ante uno optimo que permitirá continuar con el avance al que hacía referencia al inicio de esta exposición, finalmente para terminar esta disertación: debe quedar claro que a pesar que hoy aceptemos una categoría como objeto, eso no significa tener una posición definitiva y cerrada creo que en la ciencia no puede existir este tipo de posiciones dogmáticas y que debemos estar predispuestos a revisar todo lo nuevo, releer lo pasado y reflexionar en torno a lo que tenemos, en el caso peruano además tenemos mucho por hacer como ciencia política, en otras latitudes esta disciplina tiene más de un siglo entre nosotros recién empieza a cobrar interés.