El problema del objeto de estudio en la ciencia política

El problema principal es la diversidad de orientaciones teóricas que existen dentro de ella, esto crea la confusión y la idea que casi hablamos de disciplinas diferentes que tratan sobre la política, pues cada enfoque o corriente metodológica maneja un

En todo caso no nos quedaremos en este debate, daremos simplemente por hecho la necesidad de identificar aquel aspecto de la realidad sobre el cual nuestra disciplina debe centrar su atención, claro hay quienes pueden creer que es una cuestión bizantina pues el mismo nombre de la disciplina nos dice de que se ocupa, pero si intentamos definir la política nos encontraremos no con una sino con varias acepciones de política y ¿cuál de todas ellas es la que estudiamos?, en todo caso no creo que sea el camino más adecuado para resolver el problema del objeto.

Pero antes de empezar a descartar posibles objetos en la disciplina creo que es importante plantear algunos criterios que nos permitan identificar el objeto más adecuado para la ciencia política y que esto no sea solo el resultado de preferencias por formación, convicción o subjetividades personales, a los criterios que nos ayuden en este proceso vamos a denominarlos características de un objeto de estudio porque precisamente eso intentar ser, un conjunto de características que debe poseer aquel aspecto de la realidad al que le demos la categoría de objeto para nuestra disciplina y que nos permita acercarnos a una solución del problema, no decimos definitiva porque

el objeto tiende a evolucionar con la ciencia así que nunca será una cuestión cerrada y definitiva. Esas características de las que hablamos son tres:

  1. Debe poseer necesariamente una naturaleza empírica.- Esto obviamente nos enfrenta con algunos pocos politólogos que todavía no aceptan el carácter empírico de la disciplina, decíamos que depende de la idea que manejen de ciencia, pero se a logrado que en los tiempos actuales una considerable mayoría de politólogos acepten esta posición, y en este cambio de paradigma ha contribuido el movimiento conductista y hoy aún los neoinstitucionalistas[20] aceptan la importancia de tener referentes empíricos, es una de las características que además diferencia a la ciencia política de la filosofía política como lo explican Sartori y Bobbio en sus trabajos, aún críticos como Leo Strauss[21] reconocen esta característica de la disciplina la misma que no comparte pero ese es otro asunto, por tanto cualquiera sea el objeto que elijamos debe ser factible de ser verificado empíricamente o mejor aún ser un referente empírico directo, bajo este criterio analizaremos entonces a los posibles objetos.
  2. Ser incluyente y exhaustivo. – Esto es, que debe contener todas las materias que pertenecen al campo de estudio de la ciencia política y a su vez no debe quedar ninguna materia vinculada con la actividad política fuera de su campo, ello nos permitirá descartar a posibles objetos de estudio como el gobierno, las políticas públicas o las decisiones políticas en razón de no incorporar a los demás aspectos de la realidad que pueden ser abordados desde la disciplina.
  3. Debe lograr una aceptación mayoritaria dentro de la comunidad politológica. – Esto es, que desde los diferentes enfoques o corrientes de las que hemos hablado antes no exista una resistencia para aceptarlo como objeto de la disciplina de tal forma que los diferentes enfoques logren mantener un tema en común, precisamente el objeto de estudio y que sea a través del mismo que se logre un acercamiento entre ellas y más adelante tal vez un consenso en torno al objeto.

Como puede apreciarse no se trata de requisitos imposibles sino más bien de requisitos mínimos sobre los cuales puede plantearse el problema del objeto de la disciplina.

Por el espacio no podré abordar todos los posibles objetos de la disciplina, así que solo me concentraré en algunos que considero por mi experiencia como docente en la disciplina y por las tendencias existentes en la ciencia política que se práctica en el Perú, como aquellos que suelen ser considerados como tales en uno u otro ámbito me refiero a: el Estado, el Poder, el comportamiento político y el sistema político.

Es cierto que ya antes mencioné que el debate sobre si el estado o el poder es el objeto de estudio pertenece a la década de los cincuenta, pero en el Perú pareciera que todavía hay quienes no han logrado superar esa década, así que empezaré por esos posibles objetos.

El Estado. – Este probablemente es uno de los temas que poseen más referencias bibliográficas y que se mantiene sin embargo sin solución, más aún porque el tratamiento que se le ha dado al tema ha sido precisamente abstracto y normativo, la teoría general del Estado es precisamente una visión entre filosófica, jurídica e histórica que trata de abordar la cuestión, pero la pregunta es ¿podemos aceptarlo como objeto de estudio?

Hoy hasta los institucionalistas tienen dudas al respecto y es que para empezar no cumple con el primer criterio que hemos señalado, carece de un referente empírico por

tratarse de un concepto abstracto, pero además como ya lo señalaba Easton en su trabajo “Política moderna” [22] tiene tantas definiciones que el solo hecho de elegir entre una de ellas ya resultaría un problema, además el Estado como organización política surge en un momento determinado de la historia humana y podría desaparecer o trasformarse en algo muy diferente como ha ocurrido con otras formas de organización política, ello ¿supondría la desaparición de la ciencia política? ¿acaso la ciencia política no puede explicar formas de organización diferentes a las del Estado?, como las bandas, tribus o jefaturas, para poner algunos ejemplos y la respuesta es que si puede hacerlo como lo planteaba Easton en un artículo publicado en la revista de ciencia política norteamericana titulado: “¿Existe una antropología política?” [23].

Pues bien, regresando al tema del Estado resulta que este además tampoco cumple con el segundo criterio, es decir ser incluyente, en el supuesto de acogerlo como objeto de estudio quedarían aspectos de la realidad que tienen que ver con la política pero que no están directamente vinculados con el Estado, esa es la razón para que Almond lo descarta como objeto en su trabajo “Política comparada”[24], o que Sartori y Pasquino expliquen en “Política: lógica y método de las ciencia sociales” y “Manual de ciencia política” respectivamente que mientras el desarrollo del Estado ha sido vertical por la relación de mando obediencia, hoy se requiere de otros conceptos para entender su apertura más bien horizontal a la sociedad, la categoría Estado no es pues ni incluyente ni exhaustiva como lo requiere nuestra disciplina.

Finalmente, tampoco podría ser utilizado bajo el tercer criterio pues no es de aceptación mayoritaria, como decíamos antes, se trata más bien de una minoría entre los politólogos quienes prefieren mantenerlo como objeto de estudio sobre todo aquellos que no han podido superar su formación o influencia jurídica, queda por tanto descartada como objeto de nuestra disciplina.

El poder. – De entrada diremos citando a Eugene Meehan[25] que: “el poder no puede proporcionar una base conceptual adecuada a la ciencia política, si bien se mantiene como parte de la terminología habitual de la disciplina pero la pretensión de ser el objeto de la disciplina ha sido rechazado” .

La descripción de los esfuerzos de los estudiosos de la política para construir una teoría del poder adecuada requeriría casi una historia completa de la ciencia política, o más aún del pensamiento político, esa no es nuestra pretensión, así que solo elegiremos a los más conspicuos exponentes de la ciencia política que han intentado explicar el poder desde una aproximación más empírica.

En el sentido amplio del término, la ciencia política está íntimamente relacionada con el estudio del poder, es cierto, pero todos los intentos llevados a cabo para restringir el concepto han resultado infructuosos y las pretensiones de los más radicales defensores del análisis del poder (Hans Morguenthau por ejemplo) se han visto en último término desatendidas. El concepto de poder es propiedad hoy, sobre todo, de los críticos sociales y la vaguedad y ambigüedad que tan perjudiciales resultaron para su explicación son a veces ventajosas para esta crítica social.

Es cierto que la categoría poder también ha sido trabajada desde diferentes posturas académicas, desde las meramente especulativas hasta las posiciones con un afán más empírico, empezaremos por descartar las corrientes especulativas pues estas no cumplen con el primer criterio, es decir la naturaleza empírica que debe poseer el objeto, he intentaremos analizar a los de la segunda corriente.

El mayor esfuerzo para basar un esquema conceptual central de la ciencia política en el concepto de poder es el de Harold Laswell y Abraham Kaplan en su trabajo conjunto “Poder y sociedad”, publicado en 1950, en esa obra los capítulos IV y V evidencias las dificultades conceptuales que implica el uso del concepto de poder como principio organizador, no resulta aprensible, estos politólogos a pesar del intento no logran identificar adecuadamente todos los elementos empíricos de este concepto, un trabajo menos sistemático del uso del poder en la ciencia política se encuentra en Hans Morguenthau en un artículo titulado: “El poder: un concepto político” publicado en la revista de Política en octubre de 1955, el trabajo de George Burdeau “Tratado de Ciencia Política” también aborda el problema pero de forma mucho menos rigurosa que la de los norteamericanos.