El pensamiento idealista

También, es necesario señalar, la ausencia del pueblo y sobre todo del indio en las obras de los novecentistas latinoamericanos, casi todos de ellos se preocuparon más por la estética que con las protestas y el reclamo social de los pueblos. Sus trabajos orientados a la satisfacción espiritual de la clase dirigente, posibilitó que poco a poco sus intereses coincidieran con las diversas formas de autoritarismo, esa fue la causa por la que muchos de los neoidealistas apoyaron las dictaduras de Juan Vicente Gomes en Venezuela y Porfirio Díaz en México, y otros se volvieran ardientes defensores del fascismo como Riva Agüero en el Perú.

Luis Alberto Sánchez ha sintetizado las enseñanzas de Rodó, expresando que fueron: «la rehabilitación del idealismo; la exaltación de la juventud, aunque sin establecer claramente en qué consiste la consecución de la «civilización latina» en contraste con la sajona o nórdica a la que asignaba nada más en características materiales y mecánicas; el culto a la «oligarquía intelectual», la desconfianza hacia la «democracia», la evasión del presente y la fe en el porvenir; el » eclecticismo » basado en el «individualismo» y en el «proteismo». En resumen: una dogmática del escepticismo ─ atractivo paradoja— Ideológicamente los arielistas comprendieron la importancia de renovarse, socialmente temieron toda renovación. (10)

Dicho temor, provenía de la composición social de muchos de los arielistas pertenecientes a la clase dirigente del continente, más interesados por una pose intelectual, que por las necesidades del pueblo. En tal sentido, como lo expresa Carlos Rangel lo que Rodó logró en su libro «es cuajar las angustias y los resentimientos no de los latinoamericanos (la mayoría de cuyos habitantes en 1900 jamás se enteraron ni de Ariel ni de ningún otro libro) sino de las clases dirigentes latinoamericanas. (11)

La reforma universitaria, iniciada en Córdova, Argentina en 1918 terminó con el idealismo arielista en todo el continente, la nueva conciencia social, producto de los efectos político social de la revolución rusa, revolución mexicana y el término de la primera guerra mundial, determinó el surgimiento de nuevos hombres para una nueva época. De hechos muchos arielistas devinieron en conductores y agitadores de la juventud latinoamericana, otros se aferraron a la defensa del statu quo.

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