El modelo de la cascada: Formación y circulación de las ideas y opiniones

Se entiende que en cada contenedor existe diferentes canales de comunicación, opiniones e intereses, por lo que está asegurada el debate de las opiniones ante puntos de vista discordantes y lo más importante la retroalimentación al interior de cada nivel y a través de los otros contenedores garantiza que no haya posibilidad de paramentrar la información que circula, salvo el límite de la misma información que circula.

“Todo depósito no sólo desarrolla un ciclo completo, sino que en el seno de todo contenedor los procesos de interacción son horizontales: influyentes contra influyentes, emisores contra emisores, recursos contra recursos”.[5]

El marco de referencia básico es una sociedad en que haya múltiples fuentes de información, así como diferentes puntos de vista respecto de un tema, así como la posibilidad de hacer manifiesta estas opiniones, sin poner en peligro ninguno de las atribuciones que tienen las personas en su condición de ciudadano.

Esta sociedad debe ser pluralista, permisiva y tolerante de las opiniones diversas, aunque contradigan las propias. En el ámbito político, el único sistema que garantiza las condiciones de desarrollo y discusión de los asuntos públicos es la democracia.

Los valores que sustenta la democracia garantizan los derechos ciudadanos que permiten el pensamiento libre y la expresión de las ideas, sin más parámetro que la responsabilidad del ciudadano.

La evidencia empírica del desarrollo de estos valores es variante entre distintos sistemas políticos. Robert Dahl expresa que existen ocho condiciones básicas o garantías institucionales con las que se puede deducir que un sistema político es una poliarquía.

Este autor utiliza el término para no mezclar o confundirlo con la democracia, que en este caso sería el ideal. “Algunos lectores se resistirán a aceptar el término «poliarquía» como sustituto de democracia, pero es importante mantener la distinción entre la democracia, como sistema ideal, y los convenios institucionales, que deben verse como una especie de aproximación imperfecta al ideal”.[6]

Sartori discrepa en alguna medida con este argumento, y es por eso por lo que, a pesar de darse cuenta de las implicancias de mantener un término que tienen múltiples connotaciones y derivaciones conceptuales, prefiere los términos de democracia prescriptiva y democracia descriptiva. En el primero nos referiremos al sistema de creencias que sustentan los valores de la democracia y en el segundo, a la existencia empírica de los sistemas políticos con valores políticos democráticos.

Estas garantías son: “1) libertad para constituir e integrarse en organizaciones; 2) libertad de expresión; 3) el derecho de voto; 4) elegibilidad para cargos públicos; 5) derecho de los líderes políticos a competir por el voto; 6) fuentes alternativas de información; 7) elecciones libres y limpias; y, 8) que las instituciones para hacer política de gobierno dependan del voto y otros signos de preferencia”.[7]

Dahl afirma que estas garantías institucionales, así como las tres condiciones básicas que formula,[8] se presta a múltiples combinaciones, entre el debate público o lucha política y el número de personas que parti­cipan en el proceso político, vía la representación, y que estas dos dimensiones a lo largo de la historia han configurado distintos sistemas políticos, derivadas de los dos ejes constituido por el debate político y la participación (representación). Vistas estas garantías institucionales y las condiciones que deben manifestarse en mayor o menor grado en cualquier sistema político que se quiera denominar democrático, es de interés para la investigación el punto seis.

Dos aspectos deben considerarse sobre nuestro país, por un lado, la situación de los medios de comunicación y su relación con el gobierno y la situación de los ciudadanos y la posibilidad de expresar sus opiniones.

A pesar de los intentos por establecer parámetros y limitaciones a la libertad de expresión por parte del gobierno —especialmente a los medios televisivos— tenemos un nivel de libertad de opinión, pensamiento y expresión tal que los ciudadanos tienen la posibilidad de encontrar múltiples opiniones, comentarios y apreciaciones sobre los asuntos públicos, ya que los medios de comunicación manifiestan una pluralidad de posiciones respecto del gobierno, asumiendo apoyo, oposición o tratando de mantener cierta independencia.

Podemos encontrar más de una explicación y punto de vista sobre cualquier hecho político, social o económico. Por lo menos al nivel de diarios y radios la pluralidad de fuentes es mayor; en tanto la televisión, si bien es cierto hay variedad de propuestas, se observa cierta uniformidad en la presentación de la información política.

Cada medio de comunicación escoge su línea de política informativa, sea libremente o por coacción, a pesar de ello la variedad de fuentes de información y de interpretación de los sucesos es garantía de la pluralidad de las propuestas informativas.

En tanto los individuos estamos sometidos al arbitrio de nuestras conciencias para expresar nuestras opiniones y apreciaciones sobre la realidad de nuestro país.

Por tal razón se expresan un sinnúmero de manifestaciones individuales y colectivas de apoyo o desaprobación sobre lo que hace o deja de hacer el gobierno, y existe un grado de tolerancia tal que se permite expresar las opiniones.

Para completar el panorama no podemos dejar de mencionar una tendencia que es consubstancial a la relación entre política e información.  Y es la tendencia a la autocensura. La autocensura es esa posibilidad que tienen las personas y los medios de comunicación para dejar de decir algo sobre la base de un cálculo de los inconvenientes que puedan causarles.

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