El modelo de democracia de consenso

La interpretación predominante de la definición básica de democracia es que esta significa Gobierno de la mayoría del pueblo. Se argumenta que las mayorías deben gobernar y las minorías deben oponerse; pero esta opinión le pone en duda. El modelo de democracia de consenso. Como ha señalado inequívocamente el economista Sir Arthur, Lewis, Premio Nobel, el dominio de la mayoría y el tipo de gobierno que presupone —gabinete frente a oposición— puede interpretarse como no democrático por ser excluyentes aquellos principios.

Lewis afirma que el significado primigenio de democracia es que todos los que se ven afectados por una decisión deben tener la oportunidad de participar en la toma de esta decisión, bien directamente o por medio de representantes elegidos. Su significado secundario.

Es que debe prevalecer el deseo de la mayoría. Si esto significa que los partidos ganadores pueden tomar todas las decisiones de gobierno y que los perdedores pueden criticar, pero no gobernar —aduce Lewis— los dos significados son incomparables: Excluir a los grupos perdedores de la participación en la toma de decisiones viola claramente el significado primario de democracia.

Hay dos situaciones en las que democracia y norma impuesta por mayoría no son completamente incompatibles. Primero, la exclusión de la minería se ve mitigada sin mayorías y minorías. Se alterna en el Gobierno. Esto es, si la minoría de hoy puede convertirse en mayoría en las próximas elecciones, en lugar de estar condenada a ser permanentemente oposición. Así funcionan los sistemas bipartidistas británicos y neozelandés. Desde luego, en estos dos casos ha habido también periodos relativamente largos en los que uno de los dos partidos principales partidos estuvo alejado del poder. El Partido Laborista británico, durante 13 años, el Partido Nacional de Nueva Zelanda durante 14, y el Laborismo neozelandés durante 12 años.

Incluso durante estos prolongados periodos de exclusión del poder, se puede aducir posiblemente, que democracia y norma de la mayoría no estaban en conflicto a causa de la presencia de una segunda condición, cual es el hecho de que Gran Bretaña y Nueva Zelanda sean sociedades relativamente homogéneas y que sus mayores partidos no hayan estado habitualmente muy distanciados en sus perspectivas políticas, porque han tendido a permanecer próximos al centro político.

Mantener a un partido excluido del poder puede no ser democrático en base al criterio de «gobierno del pueblo», pero si el interés y la voluntad de los votantes están razonablemente bien servidos por la política del otro partido en el gobierno, entonces, el sistema se aproxima a la definición de democracia como «gobierno para el pueblo».

En sociedades menos homogéneas ninguna de las dos condiciones funciona. La política defendida por los principales partidos tiende a divergir en el más alto grado y la lealtad de los votantes son frecuentemente más rígidas, reduciendo así la oportunidad de que los grandes partidos se alternen en el ejercicio del gobierno.

Especialmente en sociedades plurales —aquellas que por motivos religiosos, ideológicos, lingüísticos, culturales, étnicos o raciales están profundamente divididas en sus sociedades, virtualmente separadas con sus propios partidos políticos, grupos de presión y medios de comunicación— se carece de la flexibilidad necesaria a una democracia mayoritaria.

En estas condiciones, el dominio de la mayoría no solo no es democrático, sino también peligroso, porque las minorías, que ven continuamente denegado su acceso al poder, se sentirán excluidas y discriminadas del mismo y perderán su lealtad al régimen. Por ejemplo, en la sociedad plural de Irlanda del Norte, dividida en una mayoría protestante y una minoría católica, el dominio de la mayoría significó que el Partido Unionista, protestante ganará todas las elecciones y formara todos los gobiernos entre 1921 y 1972. Las multitudinarias protestas católicas de finales de los 70 abocaron a una guerra civil católico-protestante que solo pudo ser controlada por la intervención militar británica y la imposición del gobierno directo desde Londres.

En las sociedades plurales, por lo tanto. Norma de la mayoría, significa dictadura de la mayoría y contienda civil antes que democracia. Lo que estas sociedades necesitan es un régimen democrático que acentúe el consenso, que incluye, más bien, que excluye. En lugar de la oposición hay que intentar optimizar la amplitud de la mayoría gobernante, en vez de darse por satisfecho con su estricta mayoría. Esto es la democracia del consenso.

El modelo de democracia de consenso puede describirse en función de 8 elementos que destacan. En agudo contraste con las características mayoritarias del modelo de Westminster. Suiza y Bélgica nos servirán de ejemplo ilustrativo. En el capítulo anterior vimos que Gran Bretaña y Nueva Zelanda son buenas, aunque no perfectas. Ilustraciones del modelo Westminster. La misma precaución debe tenerse con los casos de Bélgica y Suiza ejemplifican muy bien el modelo de consenso, aunque no perfectamente. (Págs. 37-39)

  1. Participación en el poder ejecutivo: grandes coaliciones.
  2. Separación formal e informal de poderes.
  3. Bicameralismo equilibrado y representación de la minoría.
  4. Sistemas pluripartidistas.
  5. Sistema de partidos multidimensional.
  6. Representación proporcional.
  7. Descentralización y federalismo territorial y no territorial.
  8. Constitución escrita y veto de la minoría.

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