El lenguaje político

Nuestra investigación referida a la información política, no puede descuidar el lenguaje político lenguaje que se usa para comunicar. En este sentido, debemos establecer qué y cómo se comunica e informa la política.

El enemigo común, es la más usadas de las técnicas. La individuali­zación del adversario ofrece muchas ventajas, ya que los hombres prefie­ren enfrentar a seres visibles y no a fuerzas abstractas o difíciles de indi­vidualizar, por eso se intenta convencer a las personas que el enemigo no es tal o cual nación, partido político o sindicato, sino que el enemigo es el líder o los lideres de estas organizaciones socio—políticas. A modo de ejemplo, los estrategas del Presidente Fujimori, ante la necesidad de en­frentar a los partidos políticos, y aplicando este principio no atacan a cada partido político por separado, sino crean primero una frase que aglutine e identifique a todos los partidos políticos (partidos tradicionales) para luego emprender su campaña propagandística en contra de ellos, desnudando y explotando sus puntos débiles en común.

La regla de unanimidad asume que de acuerdo con los roles que re­presenta el individuo en la sociedad, formula diversas opiniones, así un mismo individuo puede tener diferentes opiniones sobre un mismo tema en tanto representa los siguientes papeles: Comerciante, consumidor, pa­dre, hermano, miembro de partido, iglesia, etc. La tarea de la propaganda será pues reforzar la opinión de acuerdo a uno de los roles sociales y si es posible conciliarlas creando opiniones artificialmente, se trata de crear ese sentimiento de miedo difuso que lleva al individuo a adoptar las mismas concepciones que parecen compartir la casi totalidad de las personas que lo rodean; crear una impresión de unanimidad y utilizarlo como un medio de entusiasmo y/o terror al mismo tiempo, que es el mecanismo básico de la propaganda.

La orquestación consiste en la repetición constante de un tema en todos los órganos de difusión en formas adaptadas a los diversos públicos, que debe ser tan variada como sea posible. Para un publico diferente, siempre un matiz diferente. Se trata de insistir con obstinación en el tema central pero en diferentes aspectos, adaptar el tono del discurso y el len­guaje a las diferentes características de los receptores, debe limitarse a una pequeña cantidad de ideas repetidas siempre, pero de formas dife­rentes. La persistencia en el tema, junto con la variedad de su presenta­ción, es la cualidad de toda campaña de propaganda. Una campaña de propaganda triunfa cuando consigue que en todas partes se discuta un mismo tema de las más diversas maneras, y cuando se establece entre los que la han iniciado y aquellos en quienes ha repercutido un verdadero fe­nómeno de resonancia cuyo ritmo puede ser mantenido y amplificado. La regla de orquestación es usada por la mayoría de los partidos políticos, grupos de presión y el gobierno.

La transfusión es una regla que se aplica partiendo de una situación dada, sea esto una situación revolucionaria, un mito preexistente, nacio­nalismos o rencillas entre bandos opuestos; luego de dada esta situación, se utiliza el principio de no contradecir la opinión de los ciudadanos, sino comenzando por declarase de acuerdo con ellos para luego inducirlos a cambiar de opinión. Así Walter Lippmann escribió en su libro «opinión Pú­blica»: «el jefe político apela en primer lugar al sentimiento preponderante en la muchedumbre…  Lo que importa es aproximar, por medio de la pa­labra y de asociaciones sentimentales, el programa propuesto a la actitud primitiva manifestada por la muchedumbre». [14] Esta regla de transfusión se aplica pues explotando los deseos y opiniones de la gente, aceptándolo como válido, para luego orientar sus opiniones hacia objetivos preestable­cidos por el propagandista.

Resumiendo, hemos visto como las técnicas de la propaganda son la mejor expresión de cómo los gobiernos, políticos y organizaciones políti­cas, manipulan el lenguaje político para crear y recrear la realidad. Dos cuestiones finales, primero, puede ocurrir que de tanto manipular el len­guaje y el discurso político —vía el lenguaje, la propaganda y la ideolo­gía— sus mismos creadores caigan en el autoengaño y no sepan al final qué es la realidad y qué es lo que ellos han creado y creen que es la reali­dad, es decir confundir su creación con la realidad; y en segundo lugar, el uso de esos instrumentos provocan en demasiadas ocasiones que los di­ferentes actores políticos entren en conflicto por diferencias o defectos al momento de comunicarse y como bien aprecia Morató: “políticos y elec­tores —los primeros deliberadamente, los segundos sin caer en la cuenta de ello—, están muchas veces perdidos en la estructura del lenguaje, sin enterarse de la estructura de la realidad”.[15]

Referencias

[1] SARTORI, GIOVANNI. La política – Lógica y métodos de las ciencias sociales. D. F. – México, Fondo de Cultura Económica, 1987, p. 16.

[2] Ibíd., p. 18

[3] DEL REY MORATÓ, p. 134.

[4] Ibíd., pp. 146 – 147.

[5] Ibíd., p. 147.

[6] DEL REY MORATÓ, Ob. cit., p. 97.

[7] Ibíd., p. 98.

[8] DUVERGER, MAURICE, Introducción a la política, Barcelona – España, Ariel, 1997, p. 184

[9] DEL REY MORATÓ, Ob. Cit. p. 160.

[10] YOUNG, KIMBALL, Psicología social de la propaganda, Buenos Aires – Argentina, Paidós, 1956, pp. 7 – 8.

[11] Ibíd., p. 14.

[12] DOMENACH, JEAN MARIE, La propaganda política, Buenos Aires – Argentina, Eudeba, 1962.

[13] Asociación de Municipalidades del Perú.

[14] LIPPMANN, WALTER, La Opinión Pública, Nueva York – Estados Unidos, 1946, p.

[15] DEL REY MORATÓ, Ob. Cit., p. 50.