Definiendo lo político: Carl Schmitt y Hannah Arendt

Definiendo lo político: Carl Schmitt y Hannah Arendt. Hay formas distintas de pensar, definir e interrogar “lo político”, con consecuencias importantes para el objeto y objetivo del análisis.

En el caso de Schmitt, el pueblo es objeto del poder, en el caso de Arendt, el pueblo es el sujeto del poder.

Efectivamente, en el primer caso, la individualidad es socavada, sometida y subsumida frente al espíritu común: el pueblo que se integra en el Estado totalitario.

En el segundo caso, el pueblo, específicamente sus miembros son creadores de la historia de los pueblos a través del desarrollo de sus capacidades argumentativas y del compromiso común de construir lo político en torno al desarrollo de la comunidad como espacio de desarrollo común.

Balance

En el ámbito de la acción política, la propuesta de Schmitt ha servido para justificar enfoques totalitarios, así como también enfoques denominados de realismo político con énfasis en los estudios de las relaciones internacionales, donde las categorías amigo—enemigos pueden articulados como herramienta de análisis. De allí la máxima: Los Estados no tienen amigos, sino solo intereses.

En el caso de Arendt, su propuesta ha servido para construir un discurso crítico sobre el desarrollo de la democracia liberal y proponer la democracia deliberativa con especial énfasis en la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos.

Desde tal perspectiva, si bien su propuesta empuja los valores democráticos descriptivos hacia los empíricos, no plantea cómo se puede realizar estos en las democracias contemporáneas, lo que, en vez de ser un avance, podría convertirse en una frustración participativa.

Podría argüirse que, ambas propuestas, surgen de la filosofía y no de la evidencia empírica, por lo que no puede exigirles correlato empírico, y esto es correcto. Sin embargo, debemos comprender que la política se desenvuelve en tres planos sobrepuestos:  la filosofía, el discurso común y la ciencia.

Por lo que, ese entrecruzamiento acarrea nuevos discursos maximalistas sobre la democracia, que carecen del aparato operativo y los recursos que permitan ejercer el gobierno.

Seguramente sirven para teorizar e incluso para construir un discurso electoral prodemocracia, pero planteado al extremo, el discurso se diluye en la acción democrática.

[1] La Polis no es entendida como un espacio físico, sino como el espacio (abstracto) donde fluyen las palabras (el discurso) con las personas que comparte el mismo espíritu sin importar el espacio físico en donde se encuentran.

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