Concepto y técnicas de la propaganda y su aplicación al nazismo

«El término “propaganda” procede del latín propagare. Como recuerda Brown, “Aludía a la práctica del jardinero de introducir en la tierra los esquejes frescos de una planta para multiplicarla” (1991:10). Por lo tanto, se acentuaba la idea de una transformación mediante el empleo de técnicas artificiales. Hoy son muchas las definiciones existentes sobre la propaganda.

El diccionario de la Real Academia Española la describe como “la acción o efecto de dar a conocer una cosa con el fin de atraer adeptos o compradores”. Sin embargo, además de no referirse a las características específicas de la propaganda, la definición se ajustaría más a lo que entendemos por publicidad.

En definitiva, y recogiendo los aspectos más sustanciales de las anteriores definiciones, se entiende por propaganda la acción sistemática reiterada, ejercida por medios orales, escritos o icónicos, sobre la opinión pública, con una finalidad persuasiva, principalmente mediante la sugestión y técnicas psicológicas similares, para imbuir una ideología/ doctrina o incitar a la acción mediante la canalización de actitudes y opiniones, al presentarse la realidad tergiversada, seleccionada e interpretada con un reduccionismo valorativo y una carga emocional.

La propaganda se mueve en una estructura sociocultural determinada, sin la cual no pueden comprenderse sus repercusiones psicológicas y culturales.

En esta definición se recogen las líneas básicas en que se sustenta la propaganda. En primer lugar, la acción sistemática y reiterada consiste en la repetición hasta la saciedad del mensaje. De esta forma, no sólo es necesario limitar la elección aludiendo a argumentos de una sola postura sino reiterándolos constantemente. El ministro de la propaganda, Joseph Goebbels, pronto toma conciencia de la importancia de una técnica que había descubierto en la Iglesia Católica.

La propaganda, además, presenta la realidad tergiversada. En el régimen nazi el empleo de la mentira fue una constante. Así, por ejemplo, se ponía de manifiesto en la recomendación hitleriana de la “gran mentira”: “El sentimiento exige verdades o mentiras, más no acepta jamás medias verdades ni mentiras a medias” (1925: 93). La mentira se convirtió en todo un arte en manos de Goebbels: “toda falsedad es más creíble cuanto mayor sea”.

Las técnicas y principios de la propaganda quedaron ya formulados teóricamente en los años posteriores a la I Guerra Mundial, tras su utilización práctica en la contienda. En este sentido, Hitler no inventó nada nuevo. Tan sólo, a través del estudio y observación de estas, supo compendiarlas en el Mein Kampf y plasmarlas posteriormente en la práctica.

En el caso del régimen nazi, hablar de propaganda es hablar de la política en que se basó todo un sistema. La propaganda no supuso tan sólo un uso masivo, una acción sistemática de métodos y técnicas, sino toda una estrategia política sobre la que se sustentó todo el régimen».

Documento: Artículo | Editorial: Universidad Pontificia de Salamanca | Abrir documento

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