Ciencia política en América Latina

La Ciencia Política en América Latina ha tenido un desarrollo muy desigual, en íntima relación con el propio desarrollo político de los diferentes países. La coincidencia se refiere tanto a sus inicios y al camino recorrido hacia una disciplina científica, como a sus temarios y a sus alcances teóricos y metodológicos.

Para la mayoría de los países de la región se puede diferenciar entre dos épocas fundacionales, finales de los años sesenta y principios de los años ochenta. En Venezuela, por ej., la ciencia política. nace en 1958 con la democracia, en el contexto de lucha por su constitución, en la que la Universidad desempeñó un papel de abanderado.

Allí se establece por primera vez la relación prioritaria en el desarrollo de la ciencia política. en América Latina: su vinculación con la →Democracia. La disciplina nace con la democracia, que es a la vez norte y objeto de su estudio. Sin embargo, la relación no es del todo fácil. Muchos politólogos de la primera generación se sintieron atraídos por la política, comprometiéndose con ella, lo que supuso para la ciencia política una pérdida de recursos intelectuales, dado que muchos abandonaron el campo académico.

El desarrollo de la profesionalidad se vio asimismo negativamente afectado, en la medida en que las posiciones ideológicas y los enfrentamientos políticos vividos en tiempos de democracia invadieron las oficinas de estudio y las aulas de docencia. Esta última tendencia se expresó más claramente en el concepto de la →ciencia comprometida.

El caso peruano resulta el más llamativo en este sentido, con el agregado de que cuando se genera una demanda de estudios políticos, son los propios sociólogos los que la cubren, invadiendo y ocupando de hecho el ámbito genuinamente politológico. Esto explica la tardanza en la constitución de la C.P. propiamente dicha en el Perú, tanto en su dimensión de investigación como de docencia.

Lo que observa M. Tanaka (2005) para el caso peruano, es válido para toda la región: “la politización de la academia ha disminuido considerablemente, se ha legitimado el estudio de la política desde cánones científicos, los politólogos (aunque todavía muy pocos) tienen mejor formación y están más al tanto de la literatura internacional”. Es conveniente señalar que estos logros se consiguieron en el marco de un entorno financiero precario, en el que se encuentra en general toda la academia latinoamericana. Es apropiado también mencionar el aporte internacional al desarrollo de la disciplina regional a través de programas de cooperación entre centros de estudios latinoamericanos, por un lado, y estadounidenses y europeos, por el otro. Especial mención merecen las fundaciones científicas y políticas por sus programas de becas.

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