Centralismos vs descentralismo

En el Perú, a través de toda su historia republicana, siempre han estado latentes diversos temas de interés nacional, uno de ellos es sin lugar a dudas el del centralismo.

Este no es un problema de ahora, sino de hace mucho tiempo; para que podamos apreciar con mayor claridad el tema recordemos como en los inicios de la era republicana, tanto en el Congreso como en otros foros fuera del gobierno se debatía y discutía acerca del centralismo y de sus consecuencias negativas en el desarrollo del país.

Existían grupos antagónicos que no podían concertar en la organización de un Estado eficiente, nos referimos a los federalistas y a los centralistas. Los primeros eran partidarios de una descentralización parecida al modelo norteamericano, donde existe una federación de Estados, cada uno con autonomía en diversas áreas. Los segundos por supuesto contrarios a la idea de los federalistas, estos no eran participes de la descentralización.

Uno de los más grandes pensadores que tuvo el Perú fue José Carlos Mariátegui, él no pudo alejarse del tratamiento del problema, en su más conocida publicación: “7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana” nos brinda un capítulo denominado “Regionalismo y Centralismo” donde realiza un análisis histórico del problema, nos relata la serie de debates que surgían entre grupos radicales (federalistas y centralistas) sobre la descentralización, así como los continuos experimentos que ocurrían en las constituciones para favorecer el descentralismo, se hablaba en ese entonces de la creación de Juntas Departamentales, Consejos Departamentales, Municipios, etc. Ninguno de ellos perduró por mucho tiempo.

Mariátegui observa con cuidado la opción descentralizadora de los federalistas, y asume que el Perú no puede aplicar un modelo federal [1], porque si le diéramos autonomía a las regiones los primeros en asumir el encargo de autoridad serían los gamonales (dueños de grandes extensiones de tierras) en este caso tendrían carta libre para realizar cualquier acción dentro de una región.

En esos tiempos, estaba presente el problema del indio y la tierra, para el Amauta [2] debían solucionarse estos problemas antes que el centralismo. Él entendía el problema desde un punto de vista económico y social, no se podía descentralizar un país cuando la gran mayoría de su población no se encontraba insertada en los regímenes legales, me refiero a los pobladores de la sierra que no tenían derecho a la identidad, a elegir a sus autoridades, ni a la propiedad. En pocas palabras antes que una solución política al problema del centralismo él consideraba primero una solución social y económica.

Otro gran pensador que trata el problema del centralismo es el francés Maurice Duverger, él no cree en el descentralismo, considera que una autoridad local tiene un poder menor que el de un gran industrial afincado dentro de un territorio. Ponemos como ejemplo Texas en los Estados Unidos; la comparación de poder que realizamos entre el gobernador de esta zona y un magnate del petróleo es contrario al primero, el magnate, por su gran poder económico [3] muchas veces llega a influir en las decisiones del gobernador que representa el poder político, no es el caso del Presidente de la República, que ante tales presiones no se deja influenciar [4].

Al tratar el problema del centralismo me he referido a dos pensadores de diferentes épocas, con opiniones en algún caso similares que nos sirven para reflexionar acerca de este problema tan presente.

No se trata de copiar un modelo de descentralización extranjero que no nos da ninguna seguridad de un eficiente funcionamiento como Estado, tenemos que realizar ante todo una observación de nuestra realidad; muchos países pueden ser similares pero nunca iguales; siempre existe alguna peculiaridad que nos caracteriza, esta observación nos dará como resultado que el Perú no ha constituido bases sólidas para la descentralización, es decir no ha creado núcleos de desarrollo en el interior del país que pueden competir con la capital que aspiren a ser autónomas en su manejo político, un caso palpable es el descuido permanente de nuestras fronteras, así Tumbes, Tacna, Puno, etc. Se encuentran en desventaja con ciudades vecinas extranjeras como Arica por ejemplo que tiene una importancia vital para Chile.

Para descentralizar nuestro país se tendría que seguir pasos concretos que nos sirvan a largo plazo para la eficiente administración del Estado, como primordial medida tener un país totalmente comunicado, cosa que el Perú carece, luego vendrían el desarrollo de las ciudades que puedan convertirse en núcleos verdaderos de cohesión de regiones económicamente aisladas. “Un régimen capitalista, donde las unidades de producción (empresas) son muy fuertes, muy grandes, si se descentraliza el poder político y administrativo se coloca a los administradores y a los políticos en una débil posición frente al potente poder económico”.

La descentralización por sí sola no es sinónimo de desarrollo, tiene que complementarse con una serie de medidas económicas, sociales, culturales, etc. Que le tienen que anteceder para que en conjunto se logre un desarrollo mancomunado y duradero, la historia nos muestra que en el pasado se intentaron soluciones políticas totalmente aisladas de lo económico y social, como era de esperar estos experimentos fracasaron rotundamente, no podemos en la actualidad caer en el mismo error.

Tengo que realizar en este momento un deslinde entre lo que son las municipalidades y las regiones. Las municipalidades son instituciones encargadas de la administración de las ciudades, son los encargados del servicio de limpieza pública, seguridad ciudadana, etc. En los últimos años se ha reclamado por parte de diversos políticos la asignación de mayores recursos económicos a los municipios para que logren solucionar sus problemas locales, en algún momento se propuso que se acrecentaran sus poderes y así pueda administrar escuelas públicas, servicio de agua, desagüe, electricidad, correos, etc. Las regiones son organismos totalmente diferentes, son parte de un tipo de gobierno con poderes más amplios que las municipalidades.

He tenido que realizar diferencias entre estas dos instituciones para que se entienda con claridad que no se puede dar una excesiva importancia al papel de las municipalidades dentro del Estado, ellas cumplen una función necesaria pero no podemos pensar en acrecentar sus poderes en forma automática y que estos nos traiga como consecuencia una buena administración, podría suceder lo contrario es decir, que abarcando mucho se pueda crear una burocracia ineficiente que sería un lastre para su organismo, tenemos ejemplos similares como el que aconteció con las empresas que manejaba el estado en épocas pasadas, que significó perdidas económicas irrecuperables para el Perú.

La descentralización como discurso político, como promesa política siempre ha existido en nuestra historia, tenemos que analizar en qué contexto aparecen, quienes son los voceros de este y en qué momento se le menciona, pues fácilmente puede ser utilizado por agrupaciones políticas como medio para captar votos en época de elecciones en provincias principalmente gracias a la buena imagen que trae consigo el cliché de la descentralización.

Vivimos en un país en donde todo está por hacer, la descentralización es un mecanismo que bien formulado nos puede brindar soluciones a nuestros más graves problemas, pero no es una cosa de un día para otro, al menos en el Perú se necesita tiempo para accionar ese mecanismo descentralista, pero eso sí, que se encuentre contemplando en un plan de desarrollo nacional a largo plazo, de este modo cuando ingrese un nuevo gobierno los planes del anterior sigan en funcionamiento; para que esto se haga realidad tenemos que saber elegir bien a nuestros gobernantes y que estos asuman su papel con seriedad y amor al país.

No se piense pues que la descentralización cual panacea nos traerá desarrollo inmediato al país, se tienen que pasar etapas duras pero necesarias.

Notas

  1. “El Federalismo no aparece en nuestra historia como una reivindicación popular, sino más bien como una reivindicación del gamonalismo y de su clientela, no lo formulan los mismos indígenas”. 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Pág. 194. Emp. Editora Amauta. Lima – Perú 17ava edición. 1969.
  2. Así se le denominaba también a Mariátegui.
  3. El fin histórico de una descentralización no es secesionista, sino por el contrario unionista. Se descentraliza no para separar y dividir a las regiones sino para asegurar y reforzar su unidad dentro de una convivencia más orgánica y menos coercitiva. Regionalismo no quiere decir separatismo. 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. Pág. 201.
  4. Los Regímenes Políticos. “Entrevista a Maurice Duverger”. Ed. Salvat Editores. Barcelona – España 1973. Pág. 8 y siguientes.
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