Carta póstuma de Alan García Pérez

Por eso le dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones, a mis compañeros una señal de orgullo y mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios porque ya cumplí la misión que me impuse.

Carta póstuma de Alan García Pérez, leída por su hija Luciana García Nores: «Cumplí la misión de conducir el aprismo al poder en dos ocasiones e impulsamos otra vez su fuerza social. Creo que esa fue la misión de mi existencia, teniendo raíces en la sangre de ese movimiento.

Por eso y por los contratiempos del poder nuestros adversarios optaron por la estrategia de criminalizarme durante más de 30 años, pero jamás encontraron nada y los derroté nuevamente porque nunca encontrarán más que sus especulaciones y frustraciones.

En este tiempo de rumores y odios repetidos que las mayorías creen verdad, he visto cómo se utilizan los procedimientos para humillar y vejar y no encontrar verdades.

Por muchos años me situé por sobre los insultos, me defendí. Y el homenaje de mis enemigos fue argumentar que Alan García era muy inteligente como para que ellos no pudieran probar sus calumnias.

No hubo ni habrá cuentas ni sobornos ni riqueza, la historia tiene más valor que cualquier riqueza natural. Nunca podría haber precio suficiente para quebrar mi orgullo de aprista y de peruano. Por eso repetí: otros se venden, yo no.

Cumplido mi deber en la política y en las obras hechas en favor del pueblo, alcanzadas las metas que otras países o gobierno no han logrado. No tengo porqué guardar vejámenes.

He visto a otros desfilar esposados guardando su miserable existencia, pero Alan García no tiene porqué sufrir esas injusticias y circos. Por eso le dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones, a mis compañeros una señal de orgullo y mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios porque ya cumplí la misión que me impuse.

Que Dios al que voy con dignidad proteja a los de buen corazón y a los más humildes». Alan García Pérez.

1 Comentario

  1. edwin

    Demósle el benficio de la duda de ver al país de esa forma. Sólo sé que un buen líder enfrenta sus errores y su mala intervención ante cualquier organización o territorio. Con esto, siento que no tuvimos en Alán a un líder valiente y con coraje a enfrentar la verdad. Su decisión respetable, pero, deja un legado de cobardía en las nuevas generaciones de su partido y de los jóvenes del Perú en general.

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