La anarquía

«Cuando aparece ante nosotros la palabra anarquismo presentimos estar pisando un terreno rizado por todo tipo de obstáculos. Pues la política es el ámbito del discernir humano más expuesto a las ambigüedades del lenguaje. Las palabras y los conceptos toman rumbos insospechados y en ninguna otra área del conocimiento científico se presentan tantas dificultades para hacer coincidir predicado y pensamiento. Vocablos e ideas divergen hacia interpretaciones ajenas al sentido e intención original y, en mayor proporción que en el pensamiento religioso, cobran el valor de anatemas, de oscuras fugas de la mente que debemos eludir para salvaguardia de nuestras conciencias y vidas.

Así, el juicio objetivo es impedido por un alud de prejuicios y omisiones, lo que facilita el desborde de las actitudes esquizoides del sujeto que piensa en el deber ser y así mismo es un sujeto al que se le impide pensar.

Palabras como democracia, propiedad privada, igualdad, libertad, oposición, etc., fungen de comodines para toda clase de discursos y propuestas y, al margen de cualquier pudor, reciclan sus sentidos en posiciones contrarias. ley, orden, obediencia, etc., son típicos vocablos destinados a ser congelados en el tiempo, sin posibilidad de evolucionar al compás de la lengua. Otras pasan al ostracismo mental y se las desfigura con toda serie de atributos negativos: rebelión, desobediencia, subversión, etc. Comunismo, anarquía, revolución, etc., debido a la complejidad conceptual que implican, ocupan el nivel más elevado de distorsión como espacios de discernimiento. Construcciones surgidas a partir del pensamiento de los espíritus más elevados, son hoy, por prodigio de la retórica, ámbitos satanizados que conllevan a condenas de exclusión, censura y extermino de todos aquellos que se atreven a explorarlos.

Todo ello exige que la mente abierta que decide adentrarse en la exploración de estos tópicos y, eventualmente abrazarlos, deba aguzar más que ninguno sus sentidos para poder ser coherente entre lo que predica y lo que hace. Vale esta afirmación, de manera categórica, si se trata de las ideas anarquistas. “…la Anarquía tiende a la concordia universal, a la armonía de los intereses individuales por medio de generosas y mutuas concesiones…” (p.19). Pues si el pensamiento y las ideas devienen y conducen a consideraciones éticas, el Anarquismo se nos presenta como la coyuntura extrema de la ética individual. Podría decirse que el Anarquismo representa la idea sublime de la ética individual en el contexto de las ideas políticas.

Exige del individuo una responsabilidad frente a lo otro, mucho más rigurosa y elevada que cualquiera de las construcciones religiosas conocidas, y es congruente con el espíritu ético de todos los grandes reformadores teológicos e ideólogos que han intentado definir la naturaleza absoluta de los juicios de valor. Estas inferencias se desprenden con facilidad a medida que avanzamos en el discurso de Manuel González Prada que, con la eficiencia de un maestro de escuela, nos conduce con palabras sencillas por los meandros de las ideas políticas y nos descubre los motivos que originan las ideas anarquistas y el campo de exigencias que esta luz impone a quienes la persigan. “Porque no basta adoptar a la ligera una convicción, llevándola a flor de piel, como un objeto de exhibición y lujo: se necesita acariciarla, ponerla en el corazón y unirla con lo más íntimo del ser hasta convertirla en carne de nuestra carne, en vida de nuestra vida” (p.18). Discursos como el de Manuel González Prada no son simples recursos para eruditos sino obras oportunas y necesarias hoy, cuando las condiciones políticas nos revelan una crisis paradigmática sin precedentes y nuestra ética individual nos impone una participación ineludible, pues permiten penetrarnos del sentido correcto de las ideas que orientan nuestros pasos. Sólo así podremos ser dignos de gozar del atributo de pensar con libertad». (Wilson Rojas, 2010, págs. 5-6)

Tipo de documento: Libro Electrónico

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Un comentario

  1. El pensamiento anarquista en su máximo esplendor en la pluma de uno de los pensadores políticos peruanos de mayor transcendencia, Manuel Gonzales Prada. «La Anarquía no se declara religiosa ni irreligiosa. Quiere extirpar de los cerebros la religiosidad atávica, ese poderoso factor regresivo. Obras colosales de ingenio y lógica, pero basadas en axiomas absurdos, las religiones malean al hombre desde la infancia inspirándole un concepto erróneo de la Naturaleza y de la vida: representan las herejías de la Razón. Pueden considerarse como la ciencia rudimentaria de los pueblos ignorantes, como una interpretación». (Pág. 22)

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