Acta de la sesión de instalación del primer Congreso Constituyente del Perú

Por lo demás, la voz del poder soberano de la Nación será siempre oída con respeto por San Martín, como ciudadano del Perú, y obedecida y hecha obedecer por el mismo, como el primer soldado...

“En la ciudad de Lima, a 20 de septiembre del presente año de 1822, tercero de la independencia del Perú, hallándose los señores diputados propietarios de los departamentos libres, y provisionales de los que están ocupados por la dominación española, nombrados unos y otros conforme a los decretos del Gobierno Protectoral; y habiendo procedido al reconocimiento de los poderes respectivos, hecho por una comisión de cinco diputados, a saber: los señores don Felipe Antonio Alvarado, D. Nicolás Araníbar, D. Francisco Herrera y Oricaín, D. Rafael Ramírez de Arellano y D. Tomás Forcada, cuyos poderes habían sido reconocidos por el mismo Gobierno, se reunieron, a las 10 de la mañana, en el Salón del Palacio de Gobierno, los señores diputados” (Echegaray Correa, 1965, pág. 1022):

Doctor D. Toribio Rodríguez de Mendoza, diputado por el Departamento de Lima; Dr. D. Javier de Luna Pizarro, por el de Arequipa; Dr. D. Pedro Antonio Alfaro de Arguedas, por de Arequipa; Dr. D. Cayetano Requena, por el de la Costa; D. Francisco Agustín de Argote, por el de Huamanga; Dr. D. José Gregorio Paredes, por el de Lima; Dr. D. José Larrea, por el de Huaylas; D. Tomás de Méndez, por el de Huamanga; D. José Iriarte, por el de Tarma; Dr. D. Manuel Arias, por el de Lima; Dr. D. Santiago Ofelan, por el de Arequipa; D. Eduardo Carrasco, por el de Huancavelica; D. Felipe Antonio de Alvarado, por el de Lima; Conde de Vista Florida, por el de Huaylas; D. Pedro Pedemonte, por el del Cuzco; Dr. D. José Joaquín de Olmedo, por el de Puno; Dr. D. José Pezet, por el del Cuzco; D. Miguel Tenorio, por el del Cuzco; Dr. D. Manuel Pérez de Tudela, por el de Arequipa; Dr. D. Miguel Tafur, por el del Cuzco; D. Francisco Javier Mariátegui, por el de Lima; Dr. D. José María del Piélago, por el de Huaylas; Dr. D. José Sánchez Carrión, por el de Puno; D. Gregorio Luna y Villanueva, por el de Arequipa; D. Manuel Salazar y Vicuña, por el de Huaylas; D. Juan Zevallos, por el del Cuzco; D. José La Mar, por el de Puno; D. Julián Morales, por el de Lima; Dr. D. Felipe Cuellar, por el del Cuzco; Dr. D. Manuel Antonio Colmenares, por el de Huancavelica; D. Mariano José Arce, por el de Arequipa; D. Alonso Cárdenas por el de Huamanga; Dr. D. Tiburcio José de la Hermosa, por el de Huaylas; D. Ignacio Ortiz de Zevallos, por el de Lima; Dr. D. Francisco Herrera y Oricaín, por el de Huamanga; D. Bartolomé Zárate, por el de Huamanga; D. Joaquín Paredes, por el del Cuzco; D. Francisco Pastor, por el de Arequipa; Dr. D. Bartolomé Bedoya por el de Arequipa; D. Ignacio Alcázar, por el de Puno; Dr. D. Nicolás Araníbar, por el de Arequipa; D. Tomás Forcada, por el de Lima; D. Francisco Rodríguez, por el del Cuzco; D. José Rafael Miranda, por el de Huamanga; D. José Mendoza, por el de Huamanga; D. Miguel Otero, por el de Tarma; D. Toribio Dávalos, por el de la Costa; D. Tiburcio Arce, por el de Huaylas D. Rafael Mancebo por el de Tarma; D. José Lago y Lemus por el de Tarma; D. Manuel Echegoyen, por el de Huaylas; D. Toribio de Alarco, por el de Huancavelica; D. Manuel Ferreyros, por el del Cuzco.[1]

Todos los cuales, a la hora señalada, se dirigieron del Palacio a la Santa Iglesia Metropolitana, a implorar la asistencia divina, mediante la Misa del Espíritu Santo, que celebró el Deán Gobernador Eclesiástico del Arzobispado.[2]

Después de ella, cantado el himno Veni Sancti Spiritus, y hecha una breve exhortación por el mismo Gobernador, el ministro de Estado y Relaciones Exteriores[3] pronunció en alta voz la siguiente fórmula de juramento:[4]

¿Juráis la santa religión católica, apostólica, romana, como propia del Estado: mantener en su integridad al Perú: no omitir medio para libertarlo de sus opresores: desempeñar fiel y legalmente los poderes que os han confiado los pueblos: y llenar los altos fines para que habéis sido convocados?

Y habiendo respondido todos los S.S. diputados: -Sí, juramos, pasaron de dos en dos a tocar el libro de los Santos Evangelios.

Concluido este acto, dijo el protector: “Si cumpliereis lo que habéis jurado, Dios os premie; y si no Él y la patria os demanden”

El gobernador eclesiástico entonó consecutivamente el Te Deum que siguió el coro, en cuyo momento se repitió en la Plaza Mayor una salva de 22 cañonazos, renovándose en la del Callao y buques de la armada nacional, y contestando en la ciudad un repique general que continuó hasta llegar al salón del Congreso los S.S. diputados acompañados del jefe supremo, comandantes de los buques de guerra de las naciones europeas que se hallaban anclados en el puerto, general en jefe del Ejército[5] director general de Marina[6], alta cámara de justicia, y todas las demás autoridades civiles y eclesiásticas y corporaciones del Estado, cubierta la carrera de tropa y colgadas las calles con la mayor decencia.

El protector ocupó la silla que estaba bajo el dosel, con una mesa al frente, a cuyo lado se sentaron los ministros de Estado[7] y los diputados en sus respectivas sillas, colocándose las demás comitivas en los asientos fuera de la barra, así como un concurso numeroso en las galerías.

Inmediatamente el protector del Perú se despojó de la banda bicolor, investidura del jefe supremo del Estado diciendo:

«Al deponer la insignia que caracteriza al jefe supremo del Perú, no hago sino cumplir con mis deberes y con los votos de mi corazón. Si algo tienen que agradecerme los peruanos, es el ejercicio del supremo poder, que el imperio de las circunstancias me hizo obtener. Hoy que felizmente lo dimito, yo pido al Ser Supremo el acierto, luces y tino que necesita para hacer la felicitad de sus representados».

¡Peruanos!

“Desde este momento queda instalado el Congreso soberano y el pueblo reasume el poder supremo en todas sus partes”.

Acto continuo, y dejando al Congreso seis pliegos cerrados, se retiró, acompañándole hasta la puerta del salón seis S.S. diputados.

Luego que estos volvieron, se trató antes de todo, de nombrar presidente y secretario momentáneos verificándose la elección del primero en el señor doctor don Toribio Rodríguez de Mendoza, y la del segundo en el señor Dr. D. José Sánchez Carrión, quienes ocuparon sus asientos para el acto de elección en propiedad del presidente, vicepresidente y dos secretarios.

Procedióse a ella en seguida, escribiendo en una cédula, cada uno de los S.S. diputados, el nombre de la persona por quien sufragaba, la que se echaba en una urna puesta sobre la mesa.

Del escrutinio resultó electo para presidente, por cuarenta y ocho votos, el señor doctor don Javier de Luna Pizarro; para vicepresidente, por treinta y uno, el señor Conde de Vista Florida; y para secretarios los señores Dr. D. José Sánchez Carrión, por cincuenta y tres votos, y don Francisco Javier Mariátegui por treinta y uno.

Actuadas las elecciones ocuparon sus asientos los S.S. presidente y secretarios.

Tomado su asiento, el señor presidente anunció: “Que ya el Congreso Constituyente del Perú estaba solemnemente constituido e instalado; que la soberanía residía esencialmente en la Nación, y su ejercicio en el Congreso que legítimamente la representa”.

Varios S.S. diputados pidieron que se publicase por un decreto expreso lo mismo que acababa de anunciar el señor presidente; y así se acordó.

El señor presidente hizo una enumeración de los males que acarrea a las asambleas legislativas, la falta de orden, e indicó los medios de que se han valido las más célebres para evitarlos. Con muchas y poderosas reflexiones persuadió que debían observarse ínterin se sancionaba el reglamento de debates.

Concluido este discurso, propuso abrir los pliegos que dejó el general San Martín a su partida, y suscitada la duda de si alguno de ellos contendría materia que tal vez no debiera hacerse pública, se resolvió, después de una ligera discusión, que, abriéndolos el señor presidente, hiciera leer los que no contuviesen medidas de secreto. Vistos, se leyó el número 1.[8]

El Congreso quedó enterado.

Consecutivamente, el señor Colmenares pidió se declarase al general San Martín generalísimo de las armas del Perú. Fundó su proposición en los heroicos servicios de este Jefe a la causa del Perú. El señor La Mar la apoyó, insistiendo en la necesidad de nombrar inmediatamente un Jefe del Ejército; pues habiendo cesado, con la instalación del soberano Congreso, todas las autoridades mientras se deliberase sobre la división de poderes y ejercicio del Poder Ejecutivo, debía correr algún tiempo; y el Ejército ni un instante podían estar sin Jefe, etc.

Hablaron también otros señores, y puesta a votación, la siguiente proposición:

5/5 - (11 votos)

4 comentarios

  1. Muchas gracias mi estimado Dr. Carlos Castañeda por compartir su estudios e investigaciones. Saludos y que sigan los éxitos personales y profesionales

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