Voto obligatorio o voto facultativo

El tema sobre el voto obligatorio o voto facultativo es un debate por demás absurdo, pues parte de un supuesto falso, respecto del papel que desempeñan los ciudadanos en el proceso electoral, es decir, en el procedimiento para elegir a sus gobernantes. Hay que recordar que el voto era sólo potestad de los hombres letrados y con propiedad. Cuando se quiso implantar el voto universal, que la verdad no era tan universal, porque sólo alcanzaba a los hombres letrados, las voces opositoras decían algo así: “cómo los que no tienen dinero y no participan de la política pueden decidir sobre ella”, “no tienen práctica en el voto”, “son gentes poco preparada, inculta”, “el pueblo no está preparado para ello”.

Si todo lo dicho le suena familiar es porque los políticos de ahora, usan similares argumentos para oponerse al voto voluntario, Castro Stagnaro argumentó: “una gran mayoría del país no está políticamente madura para un cambio de esta naturaleza.”

Ese afán paternalista por un lado y despreciativo hacia el elector, les hace suponer a muchos políticos que ellos están “maduros” y que los electores somos “inmaduros”. Pamplinas, los electores somos más listos de lo que creen ciertos políticos trasnochados. Sino basta mirar los resultados de las elecciones generales de los últimos años en el país. Los electores hemos dividido nuestro voto para que un mismo partido político no controle simultáneamente el Poder Ejecutivo y el Congreso.

El voto es un derecho, no es una obligación, ni menos un derecho y obligación. Si bien es cierto, la Constitución establece la obligatoriedad del voto, esta es una tara que se arrastra desde la lógica de la “política de las masas”.

El voto como derecho, le da al ciudadano la posibilidad de elegir o no a sus gobernantes, esa acción estará muy ligada al interés que éste tenga sobre la política, el gobierno y la “calidad” de los candidatos en disputa, salvo que, sea un militante disciplinado de un partido político.

El voto como obligación, hace que participen ciudadanos que no lo quieren hacer, sea por las razones que sea, el no participar, o, el hacerlo obligadamente no pone en entredicho la legitimidad de un sistema político, lo que cuestiona es la legitimidad de una elección con votos obligados.

Es evidente, por la experiencia en otros países que, el voto voluntario haga mermar la participación ciudadana en los procesos electorales, y ese “problema” no se explica por el voto voluntario, sino por el descrédito de los políticos y la política que atraviesan la mayor parte de los países del mundo.

Debemos considerar, además, que el no participar no excluye a dichos ciudadanos del proceso político general, sino que se autoexcluyen del proceso electoral, teniendo abierta la posibilidad de expresarse políticamente a través de otros mecanismos institucionales o no.

Por tal razón, el archivar el voto voluntario en el debate de la reforma constitucional pone al descubierto otros aspectos coyunturales que les describo. A mi juicio, el apoyo del PAP al asunto, así como el rechazo de las bancadas de oposición, responde a un tema central.

¿Cuál sería el resultado de las elecciones de dichas organizaciones en el próximo proceso electoral?, y la respuesta es: El PAP tienen una base de militantes y simpatizantes que bordea el 20% de los electores, siempre y cuando, Alan García esté presente en el escenario político. Tienen la experiencia y la gente para movilizarse y movilizar a los electores en un proceso electoral. Ese es una de sus fortalezas como partido político, la otra, está en el gobierno.

Mientras que, las otras organizaciones partidarias, tienen una cantidad limitada de militantes y mucho menos simpatizante, lo que dificulta la movilización electoral. Más aún, el escenario probable de las elecciones del 2011, seguramente se centrará en alianzas de movimientos políticos regionales que intenten fraccionar la preeminencia electoral de Lima y otras ciudades costeras en detrimento de la sierra, por una cuestión de caudal electoral.

En tal sentido, si lo dicho es cierto, ante el escenario del voto voluntario, quien tienen una ventaja en él es el PAP en comparación con los demás partidos. Ello, explica la razón de la posición asumida al votar el dictamen en la Comisión de Constitución.

Por ello, hay que tener presente que, la reforma política como esta se tiene que realizar siempre con una mirada de largo plazo, en la cual se reconocen derechos ciudadanos para mejorar la democracia. Ésta se construye ejerciendo derechos y cumpliendo deberes; más no por el calculo político de la coyuntura.

En tal sentido, pesa mucho el contexto o escenario y su proyección en el mediano plazo. Aquí lo que ha faltado es mirar los cambios que deben introducirse en el sistema de partidos, el ajuste a la barrera electoral, y lo más importante, el mecanismo para que los electores puedan renovar o no su confianza a sus representantes y para ello se necesita introducir la renovación de la representación congresal antes de concluir el mandato.

Que sean los electores quienes decidan la composición congresal, esta reforma es vital, porque da al ciudadano el control directo sobre el poder que ostentan los congresistas y sobre el accionar de los partidos en dicho escenario.

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