Transfuguismo militante

Debido a una pregunta que me hicieron en un taller, me percaté de un problema que genera el multipartidismo extremo. Resulta que un joven me dice, soy militante de un partido político. Me presenté para un puesto de trabajo e incluí que pertenecía a dicho partido. Me dijo que ese punto —según él— le había perjudicado, puesto que, en la entrevista, le hicieron notar ese detalle en términos negativos. Al margen de la respuesta que le di, el tema me ha dado vueltas en mi cabeza, durante varios días, puesto que, el excesivo número de partidos políticos propicia problemas en el propio sistema de partidos, al diluirse la expectativa que pudiera tener un militante, respecto de su perspectiva de ser gobierno en algún momento de su existencia. Es decir, cumplir con la razón de ser de una organización partidaria, tomar el control del gobierno para administrarlo a través del voto de los ciudadanos.

Imaginemos por un momento que nuestro sistema de partidos fuera uno en que, 3 o 4 partidos políticos tienen posibilidades reales de llegar al poder mediante elecciones a las diferentes instancias de gobierno. Los militantes del partido ganador, sabrían que tendrían oportunidad de incorporarse a la gestión de gobierno, sea solos, si tienen mayoría o en alianza o acuerdo tácito con otro grupo político.

Asimismo, los militantes de los partidos que perdieron las elecciones, sabrían que en las próximas elecciones, tendrían la oportunidad de gobernar e ingresar al Estado para hacerlo. Claro, no hay una relación de causa – efecto, pero si una tendencia o posibilidad de que ello suceda, al haber 3 o 4 partidos en el sistema. Como el período de gobierno en el Perú dura 5 años, entonces en ese lapso de tiempo hay espacio para el desarrollo partidario con perspectiva y el desarrollo profesional (ganar experiencia).

Pero, ¿Qué pasa con un sistema de partidos como el peruano, en la que en promedio hay 13 – 15 partidos en cada proceso electoral nacional y logran re-inscribirse un número similar de ellos? De ese número, por lo menos la mitad llegará a poner representantes en el parlamento, y el partido que gane las elecciones, tendrá que establecer algún tipo de “acuerdo” para tener los votos necesarios en él. Pero desde la perspectiva de los militantes, aparece un problema complejo.

¿Qué expectativas puede tener un militante de un partido político si a la incertidumbre normal de ser opción de gobierno en un contexto de 3 o 4 partidos, se le presenta el escenario de que compiten con 15 partidos? La respuesta, a mi entender es casi ninguna. En una situación extrema como la mencionada, un militante de un partido político, si no tiene objeciones ideológicas, ni éticas muy intensas con los demás partidos, debería apuntar a involucrarse con aquel que potencialmente tiene más opciones de triunfo en la próxima elección. Sin embargo, dicha acción promueve el transfuguismo, actuación cuestionado desde una perspectiva ética e institucional.

A pesar de ello, si revisamos cómo ha variado el número de militantes de los partidos políticos, observaremos cómo aquellos que en su momento están en el gobierno, elevan rápidamente el número de inscritos, para luego diluirse cuando pierden el control del mismo. Tomé los datos del Jurado Nacional de Elecciones, en dos momentos 2008 y 2012, resultando que, el porcentaje de militantes no varía significativamente en relación a la población electoral, pero lo que sí se mueve es la cantidad de militantes del partido político que está en el gobierno y los que tienen más potencial de alcanzarlo. [1]

En esos años, el partido que más creció fue el Partido Nacionalista, pasó de 4,847 a 115,879 militantes. En ese mismo período, el Partido Aprista Peruano, perdió cerca de 71,479 militantes, pues pasó de 302,747 en 2008 a 231,268 en 2012. Es decir, transfuguismo neto, silencioso, nada mediático y por tanto sin rastros del escándalo que se produce cuando lo hacen quienes tienen un mandato y/o autoridad.

El Partido Popular Cristiano, quien conformó una alianza electoral, crece en ese mismo periodo, pasa de 194,558 militantes a 263,287.

Pero, entonces, ¿Qué otras opciones tienen los militantes? Expectativas de incorporarse a la gestión de otro partido a través de sus relaciones amicales, perseverar en que su partido llegará alguna vez al gobierno o en su defecto abandonar la vida política partidaria y dedicarse a otra cosa. De todas esas opciones, no cabe duda que la primera es la que prevalece. Por eso, también se hace evidente, casos como el fujimorismo que llevan 13 años sin haber vuelto al gobierno nacional, el PPC que nunca ha sido gobierno nacional y sólo tiene experiencia municipal. Acción Popular, que no ha vuelto al gobierno desde 1985 en que Fernando Belaunde culminó su segundo mandato, o casos como Unión por el Perú que, desde 1995 pugna por llegar al gobierno y que en su camino sólo ha visto mermar su militancia. Podría investigarse, cómo se van “reciclando” a lo largo del tiempo.

Recapitulando, tal como están las cosas, el sistema de partidos políticos peruano, propicia, promueve, incentiva el transfuguismo entre sus militantes, al no tener estos un horizonte más o menos claro de posibilidades de ser gobierno, entre un periodo de gobierno y otro, por el excesivo número de partidos que compiten en los procesos electorales. Asimismo, se puede observar la tendencia a que el partido que alcanza el gobierno (2008 – 2012) ve incrementado el número de militantes, el mismo que disminuye cuando lo deja. Finalmente, se puede observar la tendencia de que el número de militantes que pierde el partido político que deja el gobierno, lo capitaliza en parte, aquel que lo sucede.

[1] http://www.politikaperu.org/articulos/doc.asp?id=126.

Transfuguismo militante
Votar