Todos hacemos política

Según los estudios de opinión pública, la gente que está interesada en la política es relativamente poca, cuando se le pregunta por ella. Aproximadamente, el 70 % de los ciudadanos está muy poco o nada interesado en ella. Esta tendencia es muy similar, sea en países desarrollados o en desarrollo. Asimismo, si lo miramos por rango de edad, vemos que los jóvenes son los que menos se interesan por la política.

Sin embargo, esas mismas personas que en las encuestas afirman tener poco o nulo interés por la política y los asuntos pública, no se han dado cuenta que, aunque no lo crean están haciendo política. Me explico, es cierto, el nivel de militancia partidaria es bajo, lo menciono en un artículo anterior,[1] también los niveles de participación en actividades de vigilancia política o voluntariado lo son, pero esas mismas personas, opinan, intercambian información con sus pares, familiares, amigos, compañeros de trabajo sobre los diversos temas políticos.

Las situaciones son diversas, en el ómnibus, en la cola del banco, en el supermercado, en el puesto de periódico, en el almuerzo, en una fiesta; es decir, en cualquier lugar en que nos encontremos, encontraremos comentarios sobre cómo va la situación económica, las decisiones tomadas en el Parlamento, el cuestionamiento hacia un ministro o congresista, etc. En suma, transmitimos nuestras apreciaciones sobre la situación política de nuestra sociedad.

Es cierto, opinar sobre política es una actividad, digamos pasiva, pero por ese hecho no deja de ser un acto político. Recordemos que, la política también son ideas, opiniones que censuran o aprueban el accionar de los gobernantes. Cuando decimos: “El alcalde no ha cumplido su promesa”, “el congresista está mintiendo al país” o “debería mejorar la atención en la posta médica”, también estamos haciendo política, porque propagamos nuestra apreciación sobre los servicios públicos, las políticas públicas, en suma, sobre los actos y decisiones de los gobernantes.

Algunos dirán, pero falta la acción, llevar la opinión a la práctica, influir, incidir, cuestionar o ratificar la gestión del gobierno. Es cierto, faltaría eso, pero para propiciar la acción se necesita un “clima” un estado de opinión, y eso es lo que quiero resaltar. Que, a pesar, que la gente no se involucra en la acción política, sí hace política por el sólo hecho de manifestar su apreciación sobre lo que pasa en ella.

Es prácticamente imposible, que algún ciudadano no haya expresado alguna apreciación sobre lo que hace su gobernante, que esa información fluye en el sistema político y que genere su propagación de dicha visión. Claro, se dirá, ¿Qué impacto puede tener una opinión frente a la influencia de los medios de comunicación? Es cierto, los medios se tornan en un arma brutal para propagar opiniones, sobre todo, la versión oficial, la del gobierno de turno o de la oposición —según las circunstancias—, pero, a pesar de ello, los medios no pueden decirnos, cómo pensar. Y no lo pueden hacer, porque nosotros nos interrelacionamos con otras personas que piensa, sienten y miran la realidad más allá de lo que, los medios de comunicación y los políticos afirman.

[1] ¿Cuántos militantes tienen los partidos políticos peruano?

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