Participación electoral

Otra de las manifestaciones del comportamiento político, es la participación electoral. ¿Qué conjunto de actividades o conductas observadas puede ser considerado como participación electoral? El acto de votar es una de ellas, también la militancia en alguna organización política y en nuestro caso la participación en actividades propias de una campaña electoral sin una militancia declarada y perdurable en el tiempo; ambos elementos no explican completamente la participación electoral. Votar es la forma básica de participación política, pero ésta no se agota allí, sino que se conjugan una serie adicional de factores.

La militancia política formal es muy baja, según pudimos constatar el 4,8 por ciento de los entrevistados, manifestó pertenecer a alguna enti­dad política, 0,2 por ciento menos que el resultado encontrado por Apoyo en 1989, entonces otros elementos pueden ayudarnos a dilucidar y com­prender la participación electoral.

Indice de participación electoral

En nuestro país, ante la proximidad de elecciones sucede un acelerado proceso de germinación de listas o movimientos políticos, éstos mo­vilizan recursos, personas y activan con el objeto de participar y en el mejor de los casos ganar las elecciones; mucha gente participa haciendo labores de proselitismo político, proporcionando dinero, asistiendo a manifestaciones o reuniones, portando distintivos o colocando en sus hogares paneles, carteles, etc., y especialmente, tratan de influir en los demás ciudadanos al manifestarles las ventajas o cualidades de su movimiento político o candidato. Aunque se declaren independientes y considerando la explicación que dimos al respecto, son personas politizadas, pues se involucran en actividades que van más allá del acto de votar. Las motivaciones por las cuales, las personas participan son diversas y van desde principios ideológicos, pasan por afinidades con los líderes, hasta intereses de índole económica.

El proceso concreto es que se pueden observar comportamientos que podemos denominar de participación política activa, que involucra el voto, pero no lo termina de describir, por ello, evaluaremos si las personas han realizado algunas actividades adicionales con el propósito de ayudar a que candidatos o partidos logren ganar una elección. El índice de partici­pación electoral [1] mide esas cuestiones y justamente se lo construye to­mando en cuentas las consideraciones expuestas.

Se establecen tres niveles de participación electoral, bajo, medio y alto. En bajo tenemos a quienes no votaron, ni participaron en actividad alguna; medio, involucran a las personas que únicamente votaron; y, alto a la persona que además de votar realizaron por lo menos una de las ac­tividades descritas.

El análisis se enriquece cuando indagamos más que el acto de votar y la militancia política, porque estos elementos, limitan nuestra visión so­bre el comportamiento político en general y el electoral en particular, so­bre todo en nuestro país en que en la actualidad los índices de militancia política son bajos y donde se tiene una actitud negativa sobre la política, los políticos y los partidos políticos. Y porque indudablemente muchas per­sonas que no son afiliadas en partido alguno, participan activamente du­rante las campañas electorales.

Tomando en cuenta a los cinco elementos que incluimos dentro del índice de participación electoral, se encontró que el 27,4 por ciento de los encuestados, aseguró que habló con alguien para demostrarle que debía votar por uno de los candidatos en las elecciones generales de 1995; un 14,3 por ciento asistió a alguna forma de manifestación política, como mí­tines, reuniones, etc., el 5,5 por ciento realizó actividades de proselitismo electoral, y 8,0 por ciento afirmó que uso insignias, puso panales, letreros o pancartas en sus casas, autos o bienes personales.

Cruzamos esta información con los resultados de militancia política y encontramos que, por ejemplo, del 27,4 por ciento de las personas que hablaron sobre candidatos e influyeron para que votasen por alguno, sólo el 3,5 por ciento pertenece a algún partido político, el 23,8 por ciento no milita formalmente o por lo menos declaró no ser afiliado. Del minúsculo grupo de personas que dieron alguna forma de ayuda financiera para un candidato o partido, el 0,8 por ciento no está afiliado y 0,4 por ciento si lo está. Quienes asistieron a los mítines o reuniones políticas, 11,0 por ciento no está formalmente registrado como afiliado y el 3,3 por ciento si lo está. Y en los demás casos, como realizar actividades de proselitismo y portar insignias, poner paneles o pancartas, etc., en sus casas o vehículos, tam­bién la proporción de no militante es mayor que la de militantes formales.

Podemos afirmar que la participación electoral se manifiesta con principal énfasis entre quienes no tienen una militancia partidaria decla­rada y aunque éste es un componente integrante del índice de participa­ción electoral, nos demuestra que en la actualidad los ciudadanos que hacen política son principalmente no militantes de las organizaciones polí­ticas.

 

La distribución del índice de participación electoral nos pone de manifiesto que el 30,6 por ciento de nuestros encuestados se ubican dentro de la categoría alta, es decir, hacen algo más que votar en un proceso electoral, el 56,4 por ciento sólo vota y no tiene otra participación, por lo que están ubicados en la categoría medio; mientras que el 13 por ciento no participa en todo sentido, y lo incluimos en la categoría baja.

Cabe preguntarse, entonces, ¿Existe relación entre el índice de participación electoral y el índice de exposición a medios?  La respuesta es concluyente. Aquellos que manifiestan una participación electoral alta están por lo regular más expuestos a medios y en tal sentido buscan información de contenido político.

Mucha gente que tiene una participación electoral activa está singularmente informada sobre los acontecimientos políticos y su exposición a los medios es mayor. Esto no quiere decir que dentro de dicho segmento no haya personas con otros niveles de exposición, sino que la nota predominante es la que resaltamos. Observemos que el indicador está un 20.0 por ciento encima que el porcentaje general.

Por lo tanto, podemos afirmar que la participación electoral, en muchos casos involucra necesariamente una exposición alta a los medios y que es una cualidad que un reducido grupo de ciudadanos asume como requerimiento informativo que motiva la participación electoral en la coyuntura política apropiada.

Indudablemente existe entre los indicadores que conforman el índice de participación electoral, unos que predominan más que otros,  singularmente más expuestos están los que dieron dinero o solventaron una campaña electoral, le sigue en importancia los que hablaron con otras personas para convencerlas de votar un candidato y los militantes de algún partido; en sentido inverso los menos  expuestos fueron los que asistieron a mítines y los que realizaron alguna actividad o trabajo para un candidato u organización.

En términos demográficos, los hombres entre los rangos de edad de 40 a 70 años y de clase social superior, son los que alcanzan tasas más elevadas de participación electoral, que las mujeres y las personas jóve­nes y de menor estrato social.

Elecciones y participación electoral

Los sistemas electorales tienen por objeto convertir los votos ciudadanos en la elección de los representantes a cargos públicos y en los procesos de democracia semi—directa en decisiones que resuelvan asuntos específicos en discusión.

Todo proceso electoral enmarca en el elector una doble dimensión, que son la elección y la decisión. En este sentido, el escoger al candidato de su preferencia entre las diferentes alternativas políticas que se pre­sentan en un proceso político—electoral implica valorar los mensajes polí­ticos para optar por una de las posibles alternativas y asumir esas ideas como las que deben plasmarse en el gobierno. Sólo en el momento mismo del acto de votar, es que se manifiesta la segunda dimensión individual, es decir, la decisión. El elector, luego de escoger su mejor opción sobre la base de la información disponible la manifiesta en la boleta de votación y establece quien o quienes serán los encargados de tomar las decisiones políticas en un período de tiempo establecido.

Esta simple descripción de un proceso tan complejo, es la que per­mite a los ciudadanos participar en el proceso político de elección pública de gobernantes y decidir sobre quienes gobernarán, bajo qué términos y en qué plazos decidirán por nosotros.

El proceso anteriormente descrito configura muy marcadamente los parámetros electivos de los ciudadanos y por ende, se convierte en una condición poco probable de ser modificada por éstos, pero posible de ser configurado por las organizaciones políticas de un país.  Esta posibilidad surge de un acuerdo de los agentes políticos involucrados y de los niveles de poder político que gozan en un contexto temporal específico; los sistemas electorales surgen y son expresión del arreglo institucional en la distribución y ejercicio del poder político por parte de las fuerzas políticas.

Es decir, los diferentes matices y resultados a que se puede llegar aplicando un modelo electoral construido basándose en el acuerdo político, así como las variables de entorno como los sistemas políticos general, el sistema de partidos, el entorno social y comunicativo configuran el proceso político de elección y le dan sentido a un sistema electoral específico.

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