Otra vez la constitución en el debate

No es que considere que la Constitución sea un documento inmutable en el tiempo. Tampoco creo que la Constitución de 1979 sea mejor que la de 1993. Es más, para ser sinceros los orígenes de nuestras constituciones siempre han estado vinculados a golpes de estado, es decir, a  actos de fuerzas que luego han tenido que ser “regularizados” mediante algún proceso de legitimación.

Inauguramos un nuevo período de gobierno y, ¿cómo se inicia? Poniendo en debate la siempre bien ponderada y harto recurrente reforma o cambio constitucional. Para los desmemoriados, iniciado el gobierno de Alejandro Toledo y luego, de Alan García, también empezó con el mismo tema.

Pero no es cualquier reforma. Los que propugnan los cambios, apuntan básicamente a dos aspectos: Los más radicales quieren cambiar toda la Constitución y los moderados proponen modificar aspectos puntuales de la misma, específicamente la bicameralidad, el voto preferencial, el voto voluntario, transfuguismo, etc., todos relacionados al sistema electoral y a la conformación del Parlamento.

Y claro, no se ha podido cambiar la Constitución porque hacerlo implica la posibilidad de modificar el régimen económico, que muchos creen que es invariable. Pero tampoco se ha logrado hacer los cambios al régimen político a pesar del “entusiasmo” de nuestros políticos, del apoyo de los organismos internacionales, de las consultas, audiencias y demás acciones para lograr el consenso necesario para los cambios constitucionales.

El principal escollo, lo último mencionado, la falta de consenso entre los políticos sobre qué cambios introducir en el régimen electoral y parlamentario porque los afecta directamente en la forma de cómo se eligen y como se distribuyen los escaños, así como la manera de cómo pueden circular entre las organizaciones políticas, distritos electorales y los saltos y cambios que pueden hacer, también en el parlamento.

La Constitución ha sufrido varios cambios, en diferentes aspectos, pero en los aspectos que supuestamente los políticos quieren “cambiar” se ha logrado sólo incrementar el número de escaños, más nada. La pregunta que queda por responder es: ¿Esta vez será diferente? Me temo que no, se gastará mucha tinta, se argumentará arduamente, pero al momento del voto en el parlamento, ahí los votos no alcanzarán porque los cambios que se buscan no sólo no tienen el consenso entre los políticos, tampoco de los ciudadanos ni la sociedad civil organizada.

Otra vez la constitución en el debate
Votar