Opinión pública

Habermas en el prefacio a su libro clásico sobre la opinión pública, hace una serie de comentarios y referencias a los cambios que han ocurrido tanto en su propia percepción de la materia como a los comentarios y críticas de otros investigadores sociales.

Sostiene el autor que ha cambiado su propia teoría, menos en sus rasgos fundamentales que en su grado de complejidad. Indica que se propuso estudiar el tipo ideal de la publicidad burguesa desde sus expresiones inglesa, francesa y alemana, a partir del siglo XVIII hasta comienzos del siglo XIX. Acepta las críticas que le formularon sobre las deficiencias empíricas de su investigación.

Reacciona positivamente a los comentarios vertidos por investigadores, sobre aspectos puntuales del caso inglés. Acepta que su excesiva estilización de la publicidad burguesa lo conduce a una idealización injustificada. Afirma que no es correcto hablar del público en singular, ni siquiera cuando hay cierta homogeneidad entre sus miembros.

Es consciente que se forman varios “foros” de discusión, que expresan ideas de las subculturas excluidas de la publicidad burguesa.

Sobre el papel de la plebeya en la Revolución francesa, sostiene que pudo dejarse de lado y considerarse como una variante de la publicidad burguesa. Asimismo, sostiene que, gracias a estudios posteriores de otros autores, se muestra que desde la cultura popular se ha desarrollado una cultura política con prácticas y formas de organización propias. Sostiene por ello, que la exclusión de las capas bajas, movilizadas cultural y políticamente, provoca una pluralización de la publicidad en el mismo proceso de surgimiento. [1]

Aprecia que la obra de Bajtin, le abrió los ojos respecto de la dinámica interna de la cultura popular. Afirma que esta es la expresión de una reacción al mundo dominante. De allí, que también tiene otra mirada sobre la exclusión de las mujeres en la política.

Respecto de la sociedad y el estado, sostiene que, en el surgimiento e interacción de ambos, se origina un problema de participación en el poder por parte de los individuos, pues el estado se reservó la atribución de tomar decisiones y los individuos y la sociedad en general se les otorgó la libertad burguesa que no es la libertad política, es decir, ninguna participación en el poder político de decisión en el estado y ninguna posibilidad de influir sobre él.

El entrelazamiento del estado y la economía, sostiene que trastoca esa inicial separación entre sociedad y estado, dando paso a un “neocorporativísmo” que denomina “socialización del estado” y “estatalización de la sociedad”, que se expresa en la posibilidad que tiene la burguesía de expresar sus intereses y defenderlos a partir y con el Estado.

[1] Op. Cit. Pág. 6.

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