Ollanta: De incendiario a bombero

El presidente, Ollanta Humala está siendo víctima de sus propias palabras ahora que está gobernando el país y ya no es más candidato presidencial. Efectivamente, las grabaciones (ver) están ahí para hacernos recordar que él se encargó de incrementar la tensión existente en Cajamarca respecto a la relación que tiene con la minería en general, pero sobre todo con la minera Yanacocha.

Estar en la oposición es fácil en tanto no era él quien tenía que enfrentar los conflictos sociales que se han generado en nuestro país, ni tener que lidiar con los poderes formales y fácticos. En campaña es fácil crear estereotipos, construir enemigos comunes, soliviantar viejos o nuevos rencores entre departamentos y comunidades, revivir supuestos o reales conflictos raciales, nacionales e internacionales, cuando sólo se busca el voto por el voto mismo, cuando el objetivo sólo es el poder sin pensar en las consecuencias de lo que se dice o hace en campaña. Aunque muchos consideren que una campaña electoral es un acto de gestos y que estos se pueden “olvidar” si es que se llega al poder, no se le dijo al entonces candidato, que la intensidad de la creencia de sus interlocutores respecto del tema minero era tal que luego no se podría “olvidar”  lo dicho, sino que en el eventual gobierno sería el momento de cumplir con lo prometido.

Por eso, muchos nos preocupamos sobre el real perfil político e ideológico del presidente. Cuan intensa es su creencia respecto del velasquismo, el marxismo, el etnocacerismo y todas aquellas influencias ideológicas que él ha tenido a lo largo de su formación política. Su cambio entre la “Gran Transformación” y la “Hoja de Ruta” era solo un cambio de dirección hacia el centro con fines electorales o era la convicción que con ideología no alcanza para gobernar un país. Esa es la incógnita que descubriremos con el paso de los meses.

Ollanta, sin duda no fue un político responsable al plantear la protesta y la huelga en aquellas zonas donde la minería tiene problemas, porque allí donde se exige de un político un diagnóstico certero y una propuesta coherente y ausente de demagogia, nuestro presidente prefirió lo último, prefirió la demagogia y la disyuntiva propagandística rico – pobre, blanco – negro, agua – mina, como si en la vida no existieran matices como en casi todo proceso social.  En su lógica argumental de campaña, enfrentar a las mineras contra la población le servía para ganar votos, pero ahora no le sirve para gobernar.

Mientras estaba en campaña ese discurso anti le sirvió para capitalizar el ambiente de protesta socio-política que existe en muchos departamentos del Perú. Es cierto, los problemas sociales existen de origen minero. Las mineras —algunas de ellas— han cometido excesos ambientales muy graves.

Ahora en el gobierno e intentando seguir la “hoja de ruta” se encuentra dicen sus ministros con las bombas de tiempo dejado por el gobierno anterior —es cierto—, aunque también ellos se encargaron de cargarlas, cuando con el problema existente antes como ahora pudieron hacer propuestas serias que enfrenten los problemas que tiene el Estado peruano para ejercer su poder frente a las grandes empresas mineras.

Algunas preguntas: ¿Quien debe regular los estándares medioambientales y que estos estén al día con la tecnología existente? ¿Quien debe establecer qué zonas pueden o no ser objeto de explotación minera?, ¿Quien debe regular el uso de las aguas que utiliza la minería?, ¿Quien debe establecer las penalidades frente a los daños ambientales que puedan causar las industrias extractivas? La respuesta es una sola: El ESTADO PERUANO, las regulaciones en algunos casos existen, ¿Están actualizadas?

Estos son algunos de los temas que el gobierno anterior de Alan García no quiso resolver para así evitar la fuga de las inversiones, en ese lapso, cinco años, tuvo también el actual presidente y su equipo de asesores y congresistas para hacer propuestas sobre esos temas. Algunas se hicieron, pero persistió el discurso incendiario.

Ahora, el gobierno propone el diálogo, pero para dialogar y negociar se requiere que las partes estén dispuestas a ceder, a realizar recíprocas concesiones para solucionar un conflicto. ¿Cómo se soluciona un conflicto si uno de los actores —usando el mismo argumento de su contraparte— sostiene como punto no negociable que el proyecto minero Conga debe salir de la región  Cajamarca? En esas condiciones no se puede ir a negociar puesto que se parte de un punto muerto. Es muy probable que no se llegue a un acuerdo y que el gobierno tenga que, ante la situación de huelga y bloqueo de carreteras que declarar el estado de emergencia en la región.

Ello implicará una nueva escalada de poder entre los cajamarquinos y el gobierno. O se busca la negociación sobre bases más reales y ambas partes ceden en sus posiciones o estamos en proceso de incrementar la tensión del conflicto y que se desencadenen hechos violentos que todos lamentaremos.

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