Los niños del terror

El PCP-SL, tuvo una política persistente, repetitiva y continua de reclutamiento forzado de niños y niñas, en especial en las zonas de Ayacucho, Huancavelica, Huánuco y Junín.  Considerando a los niños como parte del Ejercito Guerrillero Popular, para ello formó la organización de los “niños pioneros” o “pionero rojos”, quienes desde muy temprana edad realizaban trabajos de vigilancia, espionaje, provisión de alimentos, entre otros. A partir de los 12 años, la fuerza principal enseñaba a los niños pioneros, el uso y manipulación de armas, lanzas, cuchillos y hondas. El objetivo era entrenarlos para participar en acciones armadas y en los enfrentamientos.

En consecuencia, los graves actos perpetrados por parte del PCP-SL significan una grave vulneración al núcleo intangible de derechos fundamentales de todo ser humano transgrediendo, de esta manera, el derecho interno y el derecho internacional humanitario.”

El texto precedente se puede leer en la página 620 del informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación presentado en el año 2003. Hoy, 9 años después, el problema sigue latente, por lo que muchos niños siguen siendo victimas de tratos que violan sus derechos fundamentales y lo más grave, se forjan en sus mentes el germen de una ideología que perdurará en el tiempo si la sociedad peruana no es capaz de enfrentarla directa y abiertamente.

Desde inicios de la guerra contra la subversión los peruanos hemos sido esquivos al problema mientra no nos afectara directamente. Cuando se creía que Sendero Luminoso podía tomar Lima y realizó ataques directos a las zonas residenciales, recién se reaccionó de manera notoria. Caído Abimael Guzmán y su comando, nos hicieron creer que se había vencido al terrorismo.

Los estrategas de entonces y los subsiguientes gobernantes, olvidaron rápidamente las palabras del líder subversivo en el momento en que Ketín Vidal le comunica que es detenido, dijo: “Está bien, pueden haberme capturado, pueden matarnos, pueden encarcelarnos, pero lo que está aquí, en la mente, eso nadie lo va a quitar

Precisamente, lo que he subrayado es lo que hemos olvidado. Sendero dicen los medios de comunicación y los líderes de opinión que capturan, abusan y utilizan a los niños para su guerra. Es cierto, pero se olvidan o no quieren mencionar que lo que siembran en la mente de esos niños se transmite, se difunde, se multiplica en un medio en que la única verdad es la verdad del pensamiento Gonzalo. Ese pensamiento se convierte en una forma de ver e interpretar la realidad que les toca vivir.

En estos casi 32 años de guerra con la subversión, de los cuales en los últimos 10 años estamos en un franco proceso de progreso económico, ni el Estado, ni la sociedad hemos enfrentado los problemas asociados a la guerra que el Perú ha vivido. Hasta ahora, damos argumentos a muchos peruanos para que crean que el senderismo es una opción política, una ideología que tiene la respuesta a los problemas que afectan al país.  SI una opción política que busca por la vía armada y la vía formal ser parte del sistema para derrocarlo y tomar el poder. Pretender creer que Sendero está debilitado porque su radio de acción se limita a ciertas zonas del territorio, es negar precisamente, lo que han conseguido hacer en nuestras propias narices. Difundir su ideología. Esa difusión no necesita de territorios, necesita mentes.

La semilla está en cada mente de quienes entonces fueron niños y hoy son adultos, de los niños de hoy que mañana serán jóvenes y que al no encontrar otra respuestas, ni otros caminos, seguirán creyendo que la violencia es el camino para su supuesta liberación.

El Perú a pesar del desarrollo alcanzado no ha sido capaz de revertir el contexto social, político y económico que propició esta situación. A­ sendero tenemos que enfrent­arlo en todos los frentes, principalmente en el ámbito político, demostrando que la democracia ­ a pesar de sus problemas es el sistema político que garantiza la libertad y la igualdad, y que además da la oportunidad de progresar a sus miembros.

No es momento de callar o no querer ver lo que está sucediendo. Ni menos de dejar que los militares y policías resuelvan el problema, es momento de tomar partido, el problema es de todos. Cada quien debe hacer algo para acabar con la semilla del terror.

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