Los grupos de presión

Introducción: Los medios de comunicación regularmente hacen referencia a los lobbys que habrían funcionado en el Congreso para motivar, modificar o paralizar algunos de los proyectos de ley que se debate. O que, el Poder Ejecutivo, observa una norma aprobada en el Parlamento, debido a la intervención de los también denominados grupos de presión.

Las representantes de las organizaciones políticas, los diversos gremios, e incluso, algunos políticos se expresan reconociendo su existencia e influencia, mientras que, otros, acusan a sus contendores de dar cabida a estos organismos, habiendo sucedido que los entonces presidentes Fujimori y Toledo, hayan afirmado, que sus decisiones fueron tomadas por sus gobiernos y que los lobbys no intervienen directa ni indirectamente.

En las editoriales de los medios de comunicación, aparecen posiciones disímiles, que van desde argumentos ético—morales que piden desterrarlos, de corte empírico que proponen su libre participación, y otros que proponen su regulación vía norma legal.

Este artículo surge por dos motivos. El primero porque la ciencia política tiene el bagaje teórico—práctico sobre la materia; y, segundo, porque caminando por las calles de Lima dos personas adultas pasaban por un quiosco y leyeron el titular de un diario sobre los lobbys; uno de ellos le preguntó qué era “eso.” A lo que su acompañante le respondió qué será.

Ese diálogo se quedó en mi pensamiento y motivó a que juntara un material que tenía acumulado y redactará el presente artículo, para que más personas sepan cual es la dinámica de la política y cómo es el proceso de influencia que se manifiesta en el nivel gubernamental por parte de los grupos de presión para que se tomen decisiones.

Los grupos de presión: Según la teoría constitucional sólo los órganos del gobierno y por ende sus miembros son los que en representación de la nación toman las decisiones políticas. Si bien esto es cierto en lo que afirma y falso en lo que describe, omite por tal razón, que la política debe ser entendida como un proceso continuo de influencia, comunicación e interacción entre los distintos grupos gubernamentales y también por la relación entre éstos y la sociedad civil.

La sociedad, en este contexto, no tiene sentido, si es que no se entiende que ésta a su vez se subdivide en un sinnúmero de grupos humanos organizados en torno a ciertos intereses y aspiraciones de todo tipo y categoría, y que, por lo tanto, deben ser conseguidos para alcanzar su bienestar en cuanto grupos organizados.

De este primer alcance nos encontramos que el gobierno elegido no es el único que interviene en la formulación de las decisiones políticas, sino que, y en cuanto involucre algún interés específico de algún grupo, éstos también intentarán influir en las decisiones públicas para encauzarla y lograr que los beneficie.

En esencia eso son los grupos de presión, y lo defino como: “cualquier tipo de organización que, sin el propósito de alcanzar el gobierno, influye sobre él para la defensa de sus intereses”. Entre los tipos de organización tenemos a los gremios empresariales y profesionales; los sindicatos, empresas, confesiones religiosas, entre otros. Algunos autores incluyen a las Fuerzas Armadas y algunas entidades públicas.

El objeto básico de los grupos de presión es la defensa de sus intereses, estos pueden ser materiales (económicos, contratos, concesiones, etc.) y subjetivos (ideales, valores, principios, creencias). Los grupos de presión tienen básicamente tres ejes de influencia: el gobierno, la opinión pública y los demás grupos de presión.

Entonces qué conjunto de atributos poseen los grupos de presión para influir en la toma de decisiones y cómo los ciudadanos a veces sin saberlo respaldamos con nuestras simpatías puntos de vista que principalmente benefician a un sector determinado de la población. Estos atributos los denominaremos los elementos de influencia:

Elementos de influencia de los grupos de presión: Los elementos de influencia de los grupos de presión, pueden ser definidos como aquellas facultades o cualidades que les permite conseguir los objetivos propuestos en un contexto político específico. Para un mejor análisis, debemos distinguir entre los elementos básicos o esenciales de los demás elementos complementarios.

Elementos básicos: Jean Meynaud en su clásico libro “Los grupos de presión” distingue dos elementos básicos de poder de los grupos de presión; por un lado, el número de sus miembros y por el otro, la capacidad financiera. Ambos elementos pueden funcionar complementariamente o diferencialmente, en el sentido de que cada grupo de presión puede poseer uno u otro componente básico.

El número de miembros: la capacidad persuasiva y negociadora de un grupo de presión puede ser medida en función del número de miembros o adherentes que aglutinen. Así un sindicato de una rama importante de la producción nacional que aglutine por ejemplo al sector pesquero, puede por ese solo hecho, poseer una capacidad de presión sobre sus eventuales competidores (gobierno, empresas), ya que podrían paralizar completamente ese ramo de actividad en la eventualidad de un conflicto.

Número de adherentes: (efectivos y potenciales): establecer una distinción entre adherentes efectivos y potenciales, nos permite distinguir que, si bien es cierto, un grupo de presión puede poseer una cantidad de adherentes de una rama de producción o de ideas, casi nunca puede aglutinar en su seno a la totalidad de los posibles adherentes. Allí radica la diferencia entre los adherentes efectivos. Muchos no se sienten identificados con las agrupaciones o están vinculados con otros organismos del mismo tipo. Por lo que, la diferenciación tiene su importancia, toda vez que, en un eventual diferendo, la posibilidad de contar con la adhesión de los miembros potenciales (aunque sea en la eventualidad) permitirá no romper con la unidad requerida en esos momentos.

Calidad de la adhesión: teniendo como referencia el marco anterior, es posible colegir que necesitamos establecer cual es la calidad de la adhesión de un grupo de presión y qué elementos pueden aglutinarlos en un contexto específico. Primero, la calidad de la adhesión es variable; según los ideales, objetivos e intereses de cada uno de los miembros vinculados. Anterior a ello, existe cierto criterio de unión, rama de producción, interés gremial, ideas sociales y/o políticas o de cualquier índole. Esto significa, que, ante las múltiples dimensiones del ser humano, este elige a cual de todas identificarse, lo que a veces acarrea desligarse de otros vínculos grupales. Aquí pues juega un factor importante, la visión del mundo y el interés específico de cada uno de las personas que se adhieren a una causa.

La calidad de la adhesión puede medir el grado de afinidad a una idea o interés, la importancia que tiene para éstos grupos organizados, los objetivos que persiguen, y sobre todo, la capacidad de respuesta ante la eventualidad de un conflicto.

La Capacidad financiera: es otro elemento básico para conseguir aglutinar la cantidad de poder necesario para conseguir objetivos. Gozan de esta capacidad principalmente los gremios empresariales y los movimientos sindicales con vinculaciones extranjeras. La capacidad financiera, a veces por sí sola permite mejorar las posibilidades de los grupos de presión para conseguir objetivos; por ejemplo, pueden colocar sus opiniones o comentarios en medios publicitarios, disponer de medios o espacios en medios masivos de comunicación, publicar y distribuir gratuitamente escritos y material diverso, llegando al extremo, si la situación lo amerita, corromper con dinero u otro instrumento de valor, la voluntad de funcionarios públicos y políticos.

Ahora bien, un número alto de adherentes —por ejemplo, una confederación sindical— no implica tener la capacidad financiera del caso, es decir generalmente no existe una relación entre el número de adherentes y la capacidad financiera. Adicionalmente, a veces el Estado subvenciona a los grupos de presión. En nuestro país hasta 1992 existían tributos destinados a engrosar las arcas de algunos gremios profesionales como el Colegio de Abogados y Periodistas, en las que un pequeño porcentaje del Impuesto General a las Ventas[1] formaba parte de los ingresos de estas organizaciones.

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