Los cimientos de la democracia

Los defensores del buen gobierno, desde Platón, Aristóteles, Confucio y Erasmo a John Locke, Thomas Jefferson, Horace Mann, John Dewey y Vaclav Havel, han sido maestros, escritores y filósofos de la educación, empeñados en asegurar que quienes gobiernen estén preparados para esa tarea exigente, orientada por un alto sentido moral y espíritu público. Todos aducen, asimismo, que el gobierno en manos de quienes no reúnan estas cualidades será un mal gobierno, cualquiera que fuere el número de los gobernantes. El análisis clásico de Aristóteles de que el gobierno de uno, unos pocos, o muchos puede ser bueno como en la monarquía, la aristocracia o el gobierno constitucional, o malo como en la tiranía, la oligarquía o la democracia (en el sentido de gobierno de las masas controladas por demagogos). La distinción consiste, no en cuántos son los que gobiernan, sino en qué bien gobiernan. En cierto modo, el problema se complica más, pero no deja de ser igualmente importante, cuando el número de los gobernantes se amplía de uno a unos pocos o, como en una democracia, al mayor número posible: todos los ciudadanos.
Editorial: Departamento de Estado de los EE.UU.
Tipo de documento: Documento

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