Los 7 hábitos

Uno de los aspectos centrales que se colige del libro escrito por Stephen Covey, es que el ser humano al actuar frente a sí mismo y su entorno, es la capacidad de actuar y no reaccionar. Es decir, conducir sus comportamientos sobre la base de la razón y no de la irracionalidad.

A pesar que, la mayoría de las personas actuamos de manera irracional, porque nuestro cerebro está gobernando biológicamente por el cerebelo, el educar a éste para que actúe en torno al análisis racional de los procesos sociales, es un emprendimiento muy importante y retador, porque justamente los hábitos propuestos implican un cambio radical de los paradigmas humanos. Por tanto, se parte de una concepción del hombre al cual se le considera como uno entre iguales, y no como un ente diferente y excluyente. Igual en el sentido de reconocer y ser reconocido bajo los mismos supuestos éticos y morales y no diferenciarlos por rasgos físicos o de otra índole.

Desde tal perspectiva, la propuesta de Covey tiene implícito principios éticos y morales propios de la cultura occidental, como la tolerancia, el cambio, la cooperación, la visión del futuro mejor, etc., que para muchos estaban ausentes de la cultura empresarial o que por prejuicios se consideraba que había una diferencia ética y moral entre la empresa y el individuo.

Así, el sentido de competencia que para muchos es un valor negativo, se revaloriza y adquiere su real significado al comprender que, las capacidades humanas, si bien no son infinitas, sí poseen la cualidad de incrementar la comprensión de los procesos humanos, sean estos de orden económico, social o político. En tal sentido, la competencia no implica un actuar desprovisto de valores para ganar, ya que el ganar o tener éxito debe enmarcarse precisamente en la concepción del hombre descrita líneas arriba y actuar en consonancia a esa creencia.

Asimismo, desde esta perspectiva, el cambio como concepto adquiere una dimensión nueva, ya que los seres humanos tendemos a temer al cambio por el mismo hecho de la incertidumbre que genera esa situación. Desde la perspectiva de Covey, el cambio es parte indisoluble del quehacer de la humanidad, que ha permitido la evolución en todos los sentidos y direcciones de la historia de la humanidad.

Por tales argumentos, el autor denomina a su propuesta como hábitos y no reglas o pautas, porque el hábito es un “modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas”. Es por tanto una costumbre, parte de la personalidad del individuo o de la empresa que se interioriza.

Puede resumirse los siete hábitos propuestos por el autor de la siguiente manera:

  1. Ser proactivo Significa que la vida es producto de los valores y no de los sentimientos, en el caso de las organizaciones es producto de sus decisiones, no de sus condiciones. Lo opuesto a ser proactivo es ser reactivo, lo que significa que la vida es una función de los sentimientos, de los estados de ánimos. El concepto básico es elegir y asumir nuestras responsabilidades. Se recusa el determinismo como elemento que condiciona nuestras vidas, reconociendo que hay variables que no se pueden controlar, pero se enfrentan y se actúa en consonancia.
  2. Comenzar con el final en mente significa ver una imagen mental un panorama general de hacia dónde quiero llegar, es la visión del futuro, de propósito que se quiere alcanzar, es la imagen objetivo de hacia dónde quiero llegar. Implica establecer la visión de corto, mediano y largo plazo, e identificar los posibles problemas y las oportunidades.
  3. Primero lo primero (prioridades): Significa que hay que decidir qué es realmente lo principal, elegir las prioridades, romper con las ataduras sociales y empresariales que impiden separar lo prioritario de lo no prioritario. Las cosas que importan más nunca deben estar a merced de las cosas que importan menos.
  4. Ganar / ganar: Es el hábito del beneficio mutuo, el paradigma o principio fundamental es la abundancia, desde una perspectiva del compartir, esto no es una amenaza, sino una oportunidad para incrementar el valor de la persona. Hay que pensar en el pastel a repartir, no como un término finito sino como un espacio de compartir en que los involucrados comparten las ganancias.
  5. Comprender y ser comprendido: Todos queremos ser escuchados y ser comprendidos, porque creemos poseer la verdad, cuando lo realmente importante es comprender primero al interlocutor, para ello hay que escuchar y ello implica un proceso comunicativo empático. Ponerse en los supuestos del otro para enriquecer el diálogo permite entender y ser entendido. Antes de buscar ser entendidos hay que entender primero.
  6. Sinergias: Es un hábito cooperativo por excelencia, implica dejar de pensar en que una sola persona, por más brillante que sea, no puede hacer todas las cosas. Por ello implica la cooperación y el trabajo en equipo, representa la “acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales”, es decir, unidos se consigue algo mejor que separado, valorando las diferencias, no solo tolerarlas sino celebrarlas e integrarlos en algo superior.
  7. Afilar la sierra: Aprendizaje continuo, el cambio es permanente y hay que reciclarse permanentemente, estar siempre listos para aprender, emprender e innovar. El cambio es el valor. Lo único permanente es el cambio.
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