La vieja política y la nueva economía en América Latina de los 90

Francisco Panizza, sobre la base de un estudio de dos casos, el de Brasil y Argentina, analizará dos cuestiones fundamentales, primero, el vínculo de la economía y la política en ese contexto, y cómo las prácticas políticas tradicionales se han conjugado con las políticas económicas de apertura en la década de los 90. Y, en segundo termino, pondrá en cuestión algunas de las afirmaciones hechas por O’Donnell en su propuesta de la democracia delegativa, como una descripción de los sistemas políticos latinoamericanos y su apreciación limitada, en la que las democracias de esta parte del continente tiene un componente muy fuerte en el presidente de la república, como factor que gobierno “como lo creen conveniente”.

La reforma económica en el contexto político

El contexto en que se desarrolla el cambio de modelo económico dentro del sistema capitalista, sucedido en la década de los 90, luego que a comienzos de los 80, los países más grandes de la región, México, Brasil y Argentina, así como, algunos otros, hayan sucumbido ante el problema de la deuda externa, la ausencia de flujos de capitales, la inflación, el déficit fiscal, entre otras, que redujo dramáticamente los estándares de vida de las personas en la región.

Asimismo, explica el autor, que dicho contexto económico, tuvo efectos políticos muy marcados y evidentes, de diferente magnitud e importancia en los distintos sistemas políticos. En tal sentido, expresa que se perdió la legitimidad de las instituciones políticas y se destruyó la las expectativas sociales sobre un orden básico y el futuro.

Habría que recordar, que en la mayoría de los casos se venía de un régimen autoritario, o en el mejor de los casos, en democracias limitadas por la ausencia de valores y prácticas políticas recurrentes.

Entonces, cuando se empiezan a introducir las “políticas de ajuste”  para revertir la situación preexistente y corregir los desequilibrios macroeconómicos, la cultura política de las élites y de los ciudadanos en ambos países estudiados, así como en los demás,  no habían sufrido cambios importantes, respecto de prácticas políticas tradicionales.

En ese sentido, la economía requería de cambios, impulsados no por el convencimiento de la eficacia de dichas medidas, sino como una mezcla de influencias externas (organismos internacionales) e internas (la presión de los organismos internacionales sobre los gobiernos y empresarios) pues el modelo económico pre-existente daba muestras, en el peor de los casos de fracaso (Argentina) o de agotamiento (Brasil).

Justamente, este es el argumento que expresa Panizza, para cuestionar la tipología de O´Donnell respecto de las democracias delegativas, pues si bien es cierto, que el Presidente de la República tiene mucho poder y capacidad de decisión, no tiene la fuerza suficiente como para decir que gobierna como “lo crea conveniente”, pues, el gobierno, cualquier gobierno, no es resultado de una sola voluntad, sino de múltiples intereses e ideales que se expresan, en diferente medida para dar como resultados decisiones y sobre todo, ejecutarlas a través del aparato administrativo.

Asimismo, sostienen Panizza que la propuesta de O´Donnell no explica el porqué en Perú o Argentina el modelo implantado “tuvo éxito” y porqué no lo tuvo en Brasil. Pues no sólo está en juego el papel del líder neopopulista, pues, expresa que hay que tomar en cuenta el contexto institucional y las estrategias políticas que permitieron impulsar las reformas económicas.

Las condiciones políticas de la reforma económica de Brasil y Argentina

Panizza aprecia algunas variables en el análisis del contexto político. Primero, la percepción de la opinión pública respecto de la gravedad de la crisis económica y de sus posibilidades o no de ser resulta por el aparato estatal.

El sentido que le dan las élites políticas al tema de la crisis económica, -indica- es importante para el desarrollo de los acontecimientos, para el grado de popularidad o no del gobierno y sobre todo, el nivel de legitimidad del gobierno.

La diferencia que encuentra entre lo sucedido en Argentina y Brasil es que en este último, el poder ejecutivo se dispersó hacia una pluralidad de actores políticos, y en Argentina, el poder ejecutivo se concentra una cuota mayor de poder. Esto dio como resultado con el entorno institucional que el autor expresa en tres cuestiones:

  1. Las formas en que los respectivos legados político-institucional del pasado conformaron las nuevas instituciones democráticas;
  2. La relativamente mayor legitimidad democrática del presidente Raúl Alfonsín comparado con el presidente Sarney,
  3. La capacidad del presidente Menem de forjar una alianza reformista entre políticos tradicionales y reformadores económicos.

Es decir, en poner la política tradicional al servicio del ajuste económico. Describe cómo los diversos contextos institucionales en que interactúan partidos, grupos de presión y élites permiten en uno u otro sentido opuestos, que se ejecuten políticas.

Para el primer punto, describe como en el Brasil la representación de intereses estuvo concentrada en organizaciones de trabajadores y empresarios de tipo corporativista y como en el ejecutivo y la burocracia se concentraban la toma de decisiones bajo el régimen autoritario.

Esta situación empieza a variar a partir de 1985 cuando se democratiza el sistema se observa la debilidad política, en la que a pesar del cambio introducido, sigue perenne las prácticas y costumbres políticas tradicionales, expresadas en divisiones regionales, compadrazgos, vulnerabilidad del sistema político, etc.

Para el caso de Argentina, entra la caída del régimen de Perón y el retorno de los militares a sus cuarteles, se suceden una serie de sucesos que debilitan en extremo el vínculo entre la sociedad y los partidos, así como su capacidad de representación, aunque perduraba la visión y prácticas políticas de los viejos militantes de los partidos políticos más importantes.

Otra cuestión que observa, Panizza es la legitimidad del Poder Ejecutivo. Las diferencias son manifiestas, mientras en Brasil el proceso se describe como un proceso de lucha hegemónica entre el estado federal (ejecutivo) y los gobiernos estaduales. En contraste, en la Argentina, ese proceso no se observó, sino más bien en la contienda electoral entre Raúl Alfonsín e Italo Luder.

El tercer elemento observado, es la forma en que la política tradicional se articuló con la “nueva economía”. Por un lado, la profunda crisis de la Argentina facilitó la concentración del poder en el Ejecutivo, encabezado por Menem, para llevar adelante el paquete de reformas, y por el otro, cómo en el Brasil, el fortalecimiento de la política estadual, fortaleció a los liderazgos estaduales, reforzando las oligarquías tradicionales.

Esas situaciones contradictorias, permitió mediante distintos mecanismo y prácticas, introducir los cambios en la economía, aprovechándose de las prácticas políticas para canjear por ejemplo, a los tomadores de decisión en el caso del Brasil para que se tolere tomar decisiones impopulares a cambio de beneficios en infraestructura y recursos para los estados federales. Cabe destacar que, por los altos índices de crecimiento económico que permitió el modelo económico de sustitución de importaciones y el desarrollo que conllevó, hizo más lento y con mayores resistencias el cambio de políticas.

Y en el caso argentino, el acuerdo de las elites para respaldar al presidente Menem para introducir las reformar económicas en un contexto de grave crisis política y social, luego de la caída del presidente Alfonsín.

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