La comparación en el análisis político

A modo de anotaciones marginales, comparar sistemas políticos exige del analista no sólo tener un marco conceptual y una metodología, sino también, tener presente que la comparación debe hacerse sobre aspectos sistémicos, funcionales, institucionales o estructurales similares, pues de lo contrario, se cae en la deficiencia de comparar lo que no es comparable. Sani y Sartori sostienen que, precisamente, por qué alguno comparativistas norteamericanos caigan en dos defectos recurrentes. Por un lado, el parroquialismo y por el otro comparar lo incomparable.

En el primer caso, ha sucedido que los estudiosos comparan Estados Unidos con los demás países, sin darse cuenta de la ausencia de parámetros similares de comparación. Cayendo en lo que se ha denominado, la construcción de perros-gatos, que no es ni uno ni otro; en el mismo sentido, se han comparado sistemas políticos sin tener presente innumerables variables no solamente institucionales, sino además de semántica, sistémicas y de desarrollo relativo, por citar algunos elementos.

Principalmente, a nivel semántico las deficiencias vienen dadas por las diversas descripciones filosóficas de la teoría política que a saltad     o al derecho constitucional como dogmas y preceptos válidos por sí mismos como la separación de poderes, la soberanía popular, la justicia, la libertad, entre otros. Que si bien, tienen un alto nivel prescriptivo, carecen en el contexto de su análisis —el filosófico— del nivel descriptivo de la realidad y de la posibilidad de explicar procesos políticos muy complejos.

En tal sentido, cuando el enfoque sistémico, propone introducir conceptos y esquemas analíticos muy abstractos para comprender la dinámica básica de cualquier sistema político en general, lo que está proponiendo es también introducir una sistematización de los conceptos con que los politólogos nos comunicamos y comunicamos respecto de las investigaciones que hacemos de la política.

Y una de las contribuciones, innegables es precisamente, haber llamado la atención sobre el andamiaje conceptual y semántico que estamos utilizando para analizar la política. Pues está sucediendo como en la torre de babel, muchos hablamos, incluso de las mismas cosas, pero no nos entendemos y en el peor de los casos, creyendo entendernos, mezclamos papas con camotes, que, si bien son tubérculos, no son iguales, ni similares.

Otra cuestión vital en el análisis comparado, es cuanta micro o mediana evidencia es necesaria para validar las investigaciones que se realizan sobre dos o más sistemas políticos. Por ejemplo, el macroanálisis que Linz realiza tiene la dificultad que existen muchos elementos descuidados o situados en contexto distintos en el que se realizan, o son propensos a la crítica si desde el nivel macro se lo vuelve a comparar desde el nivel micro.

Por ejemplo, la descripción sobre las transiciones democráticas, si bien existen pautas de regularidades, también se observan particularidades que contradicen o limitan la explicación general, que obliga a tener mucho cuidado con las generalizaciones que se formulan desde esa vertiente de la ciencia política.

En tal sentido, la comparación por la comparación misma no tiene sentido si se caen en algunas de estas deficiencias, y como se observa, también en las ciencias sociales hay modas, y dentro de esa moda, parece que la comparación sin sistematización cobra relevancia, pero por ello, no quiere decir que sea la manera o el procedimiento adecuado para el estudio de la ciencia política, quizás sea la manera más fácil de analizar la política de hoy, pero por ello, también es la que más vacíos deja a mi entender, tal como se está desarrollando.

Por ello, si desde la perspectiva comparada se trata, más que el análisis de presidencialismo, parlamentarismo o una mezcla de algunos de estos, es pertinente introducirse en la materia desde el subsistema electoral, por un lado, de los efectos que este produce en el sistema político en general, como en el sistema de partidos, en las composiciones de las cámaras legislativas y del gobierno.

Asimismo, es preciso analizar caso a caso, las prerrogativas normativas establecidas en las constituciones, pero no como detalle lineal de lo que “debe ser” sino, cómo estas normas se desarrollan en procesos de articulación y definición de los atributos de poder que se configuran según la relación que haya entre ejecutivo y legislativo.

Por ejemplo, podemos encontrar grosso modo, cómo con las mismas normas constitucionales, pero con diferente correlación de fuerzas entre la composición del parlamento y la relación de este con el ejecutivo, se traducen en diferentes comportamientos institucionales de sus actores. ¿Qué varió la relación de poder y el equilibrio inestable que se establece en cada relación?

Por eso, más importante que decir si un sistema es mejor que otro, o que uno debe ser sustituido por otro, es más valioso para el analista, comprender, describir y explicar cada una de las variables que se configuran en cada proceso político y encontrar la manera de atenuar las deficiencias o disfunciones sistémicos.

Por citar un ejemplo, se busca gobernabilidad como condición para el desarrollo político, pero simultáneamente se busca representación pura, ambos objetivos contradictorios. O cómo un marco de normas constitucionales, otorga amplios poderes al presidente, a condición de una mayoría propia o construida con alianzas; y cómo ese mismo marco normativo, puede privar al presidente de esos mismos poderes que se expresan en la constitución.

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