La asesoría política

Se me planteo la cuestión acerca de la asesoría política de cómo definirla y qué ámbitos abarca por parte de un internauta. Cavilando sobre el tema, consultando alguna bibliografía y sobre la base a la experiencia profesional es que me anime a escribir sobre la materia.

Partamos del hecho siguiente. El trabajo se ha especializado y por tanto, aunque todos los políticos tenga maestrías y doctorados, resultaría imposible que poseyeran el conocimiento de todas las áreas que involucran el ejercicio del gobierno. Por tanto, la acción política en general que incluye el gobierno, exige de los políticos buscar un conocimiento especializado que lo proveen gentes especializadas en algún conocimiento específico.

En el Perú siempre han existido asesores en diversas materias como la economía, la Sicología, las comunicaciones o el jurídico; además de ello, se ha realizado tareas o ejercido funciones de asesoría política por personas que, contando con alguna experiencia práctica o profesional, no eran en general especialista en política. Aunado a lo anterior, entre los políticos existe la presunción que ellos son los únicos que pueden tener experiencia política, por su ejercicio práctico, por lo que, resulta difícil hacerse asesorar en política. Este es uno de los principales problemas, que ya Sartori lo observa agudamente cuando afirma: “En esencia, el problema consiste en cómo el saber (el que sabe) se relaciona con el poder (el que manda)”

Y finalmente, la ausencia de especialistas en asesoría política en general en cada una de sus sub—especialidades, ha motivado la relativa ausencia en la demanda de esta especialidad. No es recién hasta hace pocos años, que paulatinamente se hace necesario y se requieren en medios, organismos públicos, universidades y empresas privadas a especialistas en la materia, por lo que se está revirtiendo esa situación.

Quienes pueden ser asesores políticos

Una discusión regular, asociado a lo anteriormente descrito, es que cualquier persona puede realizar labores de asesoría política, ese razonamiento, prima sobre manera, entre los políticos y su entorno, que consideran que la experiencia es más importante que el conocimiento sistematizado. Respondo que, sí, cualquier persona puede realizar esa labor, pero, qué se prefiere, a un empírico o a un profesional. Y la cuestión radica en ello.

La práctica política en el Perú hace que el entorno del candidato haga un trabajo ad honoren con la única opción de realizar un trabajo remunerado si el candidato llega al poder. De allí surge lo que llamamos el clientelismo político, pues el candidato—electo tiene que “pagar” favores a gente muy bien intencionada pero que necesariamente no está capacitada para ejercer las labores especializadas en el ámbito del gobierno. Indudablemente, el mismo riesgo se corre si un asesor político, realiza mal su trabajo y en ves de guiar desvía. En ambos casos se corre un riesgo y el político debe ser capaz de mesurar el mayor benéfico con el menor margen de riesgo.

También, desde otras profesiones se ha cubierto la necesidad —aunque no en la misma medida— del conocimiento técnico de la política. Por tanto, la demanda de tal conocimiento existe, lo que se requiere es que los que conocen de ello, se hagan cargo de esas labores.

Asimismo, el grupo de profesionales en ciencia política capacitados para realizar labores de asesoría es tan pequeño —no llegan al centenar— que aún no tienen la organización suficiente para lograr formar un organismo que defienda sus intereses y conseguir justamente lo que está faltando, que la tarea de asesoría política la realicen los especialistas. Tan igual como sucede con las otras ramas de conocimiento como la medicina, la sociología, el derecho, entre otros.

Se dirá, pero dicha asesoría es una cuestión de confianza entre el político y su asesor. Claro eso prima mucho, pero, el político corre un riesgo adicional de error —en la acción— si acude al consejo de una persona con buena voluntad, pero con poco conocimiento. Como bien afirma Tomás Mestres Vives:

“En medicina, un ignorante bien intencionado no es un médico, sino un curandero. En política, un ciudadano lleno de entusiasmo y celo, pero mal informado, constituye una amenaza”.

Si es necesario de una guía para la acción política. ¿qué se preferirá? La respuesta la tienen los políticos.

Un campo de especialización

Afirmo que, la especialización en materia política es un requerimiento social que no está siendo atendido oportunamente, propiciando una pérdida importante de recursos —en general— ante la imposibilidad de realizar un proceso de decisión política sobre la base de fuentes de información y conocimiento adecuado y oportuno.

En primer término, es insuficiente el número de especialistas en ciencia política en el Perú, y los pocos que hay, están ejerciendo su especialidad en la mayoría de los casos en la administración pública, pero, oportuno es decirlo, muchos de ellos se encuentran fuera de su área de especialización. Una segunda cuestión es que, en las convocatorias a plazas laborales públicas y privadas no se requieren, salvo algunas excepciones de especialistas en ciencia política. Tercero, el Estado está invirtiendo dinero en formar cientistas políticos, pero no está absorbiendo esa especialización en toda su magnitud, y, por tanto, se pierden los recursos materiales, económicos y los conocimientos que se están adquiriendo.

El surgimiento de estudios de post—grados y no de facultades de ciencia política limita también su accionar, y principalmente, existe mucha confusión entre los ciudadanos al diferenciar al politólogo del abogado, pues éste último ha cubierto el requerimiento de especialistas en ciencia política. A ello se suma la confusión de creer que el politólogo se forma para ser político u hombre de acción, lo cual no es necesariamente cierto, pues el objeto de la especialización profesional en ciencia política radica en el estudio y análisis científico de la política.

Y la especialización en las tareas de asesoría exige que los cientistas políticos asuman su tarea y dejen de ser pasivos ante el advenimiento de personas, que, poseyendo alguna especialidad, se presenten ante la comunidad como asesores o analistas políticos, cuando de hecho poseen otra especialidad. Evidentemente desde otras actividades profesionales se puede hacer análisis político, la cuestión radica si ese análisis surge de un conocimiento especializado o es resultado de una posición político—partidario e ideológicamente comprometida con alguna de las posiciones políticas preponderantes en una coyuntura determinada, o si el análisis político se realiza desde una perspectiva ético—valorativa de lo que debe ser. Todos estos matices y expresiones, hace que surjan algunos conflictos de interpretación de la realidad política misma, pues el asesor o analista político con una formación politológica, no intenta explicar la realidad en esos términos.

Y ello también resulta riesgoso, —por usar algún término— pues los actores políticos —principalmente— asumen que sólo se puede analizar la política a través de los extremos derecha—izquierda, ricos—pobres o buenos—malos. Siendo esa manera muy superficial y anacrónica. Si puede hacerse política en esos términos dicotómicos, pero tomar decisiones sobre esas bases indudablemente que conllevan al error.

El ámbito del error

Y justamente, llegamos a meollo de la cuestión, un error o los errores en política, no tienen consecuencias individuales, sino consecuencias COLECTIVAS, pues afecta positiva o negativamente a los ciudadanos. Por ello, si el político toma decisiones deberá estar armado del instrumental técnico adecuado para que tales decisiones sean resultado de un proceso racional y racionalizado de decisión. Y para ello, la asesoría política es parte indesligable del proceso público de decisión. Si el político, se deja llevar por la intuición, por el sentido común o por la ideología o el dogma político, entonces ya conocemos las consecuencias que afectan —repito— al ciudadano.

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