Interés sobre la política

Sobre la base del esquema expuesto en el acápite anterior sobre el comportamiento político, es que se procedió a evaluar el interés de los ciudadanos de Lima Metropolitana por la política. Un aspecto básico en la manifestación del interés por la política es la información política y la exposición a medios, variables que hemos reseñado en el capítulo II. En esta parte evaluaremos el seguimiento de lo que pasa en el gobierno; la atención que se le presta a los acontecimientos políticos y la pertenencia a un grupo o entidad social que active como grupo de presión. En segunda instancia, se evalúa la participación electoral, para ello se utilizó un índice ad hoc.  Como nuestra investigación está restringida a la información política, más que al comportamiento político en general, es que se consideró pertinente también conocer el tipo de información política que más interesa.

Seguimiento de lo que pasa en el gobierno

En el caso de la frecuencia de seguimiento de lo que pasa en el gobierno, el 24,9 por ciento sigue siempre lo que acontece con el gobierno, que serían en este caso el grupo de personas que dentro de la escala, manifiestan un interés muy alto y alto por los asuntos del gobierno desde el punto de vista de interés informativo; y, en el otro extremo, entre quienes a veces o casi nunca siguen los asuntos del gobierno, alcanzan al 75,1 por ciento de los entrevistados.

Debemos precisar que la palabra gobierno en este caso se uti­lizó en modo general sin especificar qué lo contenía y poder así contrastar la atención sobre actividades específicas de diferentes entidades y situaciones políticas, como serán reseñadas en el apar­tado siguiente.

En cuanto a las variables demográficas y el punto en análisis, en­contramos que tanto hombres y mujeres, casi en la misma pro­porción, entre un 75 por ciento, no es de su preocupación los suce­sos del gobierno. En cuanto a la edad, el rango de 40 — 70 años, el seguimiento es propor­cionalmente mayor que en el rango de edad de 18 – 24. El desinterés en función de la edad, es mayor entre los jóvenes, que alcanza el 82,8 por ciento, mientras que se va redu­ciendo en el rango de 25 – 39 años, al 76,1 por ciento, y ya en el rango de 40 – 70 años, el 65 por ciento mani­fiesta un seguimiento entre a veces y casi nunca.

Considerando la exposición a medios, la diferencia la marcan aque­llos que tienen una exposición muy alta, pues el 46,2 por ciento sigue siempre lo que pasa en el gobierno, en los otros indicadores de exposición, los porcentajes se reducen en promedio 23,1 por ciento, siendo la tasa de desinterés en promedio del 78,8  por ciento, con excepción del indicador muy alto, que llega al 53,8 por ciento del desinterés.

Atención e interés sobre las cuestiones políticas

Este es un punto más específico que el anterior, que lo incluye, pero se separó con el propósito de encontrar diferencias entre lo que las personas consideran qué conforma el  gobierno. Algunos sólo consideran al Poder Ejecutivo, otros incluyen a la mayoría del Congreso, por eso, se desagregó el interés por los asuntos políticos, en la que se incluyó otras cuestiones que son: Lo que se discute y hace el Congreso, las actividades del poder Ejecutivo, la Municipalidad de Lima Metropolitana, la oposición, los partidos políticos, los sindicatos y las campañas electorales.

En cuanto al interés, la atención en general es baja, si consideramos que el 11,8 por ciento manifiesta estar muy interesado, luego, los interesados alcanzan el 35,8 por ciento. Mientras que el 52,4 por ciento están poco o nada interesados sobre los asuntos políticos del país. A pesar de ello desagregamos esta apreciación y fuimos más específicos e indagamos ocho cuestiones, si bien los porcentajes variaron la tendencia al interés siguió siendo menor.

Desde la perspectiva desagregada se logró reunir algunos datos importantes pues como vemos en la tabla, el interés de los ciudadanos está relacionado principalmente a las actividades del Poder Ejecutivo, la Municipalidad de Lima y las campañas electorales.

En común tienen que en los dos primeros casos se destaca el liderazgo de una persona —el Presidente y el Alcalde— en quienes se puede personalizar las actividades de estas entidades públicas, y poseer cada uno, un potencial electoral, al tener el primero la posibilidad de presentarse a una tercera elección y el segundo a tentar la presidencia en el 2000. En el tercer caso, las campañas electo­rales revisten singular importancia para los electores, por ser la oportuni­dad para ratificar o cambiar a los gobernantes en ejercicio, en ese sentido al acercarse los procesos electorales el interés se incrementa, como lo veremos más adelante.

Llama la atención, sin embargo, que los temas internacionales ocu­pen un expectante lugar, por encima de la oposición, el Congreso de la República, etc. Regularmente el interés por los temas internacionales es muy bajo, por eso, una posible explicación es que esté vinculado a las ne­gociaciones que el Perú y el Ecuador han sostenido para solucionar la cuestión fronteriza y los acuerdos alcanzados en tal sentido. También debe considerarse que de las tres cuestiones de mayor interés para los ciuda­danos, dos se refieren a entidades estatales, y la tercera a un proceso po­lítico de elección, si observamos el 50 % de los electores está siguiendo en diferente intensidad.

El Congreso de la República, la otra institución que forma parte del Estado, se encuentran por debajo de la mitad de los índices que se ha mostrado y en cuanto a poco interés o ningún interés, llega al 75,8 por ciento, cifra por demás alarmante, si tenemos en cuenta que el Congreso es la entidad receptora de la representación política de los electores y que en ese sentido, éstos —por lo menos formalmente— deberían estar más relacionados y estar más interesados en sus actividades. En el capítulo I, específicamente al abordar acerca de los canales formales de comunica­ción. [1]

Indicamos que el Congreso es la entidad que mejor preparada está al haber asumido su compromiso de informar directamente a la ciudadanía sobre sus actividades. Y porqué aparece estos resultados, ¿Quiere decir, que todo el programa de comunicación que el Congreso está realizando tiene una falla? Desde mi punto de vista, la idea es clara, las demandas de  comunicación e interacción son atendidas, tener sus propios medios de comunicación es una salida siempre y cuando se tenga claro a quien nos dirigimos, pues tienen que competir con otros medios y con otras informa­ciones que para las personas son más importantes que la política y lo que hace el Congreso.

Lo volvemos a repetir, una información que no llega al potencial re­ceptor, es un proceso comunicativo fallido. Entonces además de comuni­car, hay que llamar la atención y por ese lado, institucionalmente el Con­greso, tiene algunas deficiencias que no están en capacidad de atender, por ser consustancial a su función política, albergar a mayorías y minorías, por tanto, generan controversia sobre su accionar y lo que la opinión pú­blica espera de esta institución. [2]

Finalmente, consideremos a los partidos políticos. En la escala de muy interesado alcanzan sólo el 10,4 por ciento, y el resto porcentual lo ocupan nada interesado con el 54,1 por ciento y poco interesado con 35,6 por ciento.

Aunque realmente parece que ni en sus mejores momentos, los partidos políticos hayan aglutinado a un porcentaje importante de los vo­tantes. Para 1989, “alrededor del 5 por ciento del electorado nacional mi­lita en algún partido político[3]  su peso político y por lo tanto su protago­nismo en el escenario nacional, radicaba en la organización, la ideología, la militancia, los líderes, su presencia en el parlamento; según los estudios de Alfredo Torres, “En 1986 el 73 por ciento de la ciudadanía simpatizaba con algún partido político y el 17 por ciento se declaraba independiente. En abril de 1993 los simpatizantes se habían comprimido a 12 por ciento y los independientes habían pasado a constituir el 86 por ciento del electo­rado”. [4]

Los partidos empiezan a perder presencia política desde 1989, he­cho que se demuestra con los resultados de las posteriores elecciones ge­nerales y municipales. Trasladándose el respaldo ciudadano a nuevas or­ganizaciones política, que proclamándose no partidos, no políticas y no tradicionales, ingresan al escenario político y se hacen con el control de la función de gobierno.

Los llamados movimientos independientes encabezados por líderes con minúsculo apoyo social asumen el rol de gobernar el país. Y casual­mente los principales líderes y los activistas de estas organizaciones fue­ron en algún momento de su vida militantes de alguna organización polí­tica. Podría decirse políticos y militantes en algún momento, con la deno­minación de independientes. Mientras los últimos, como lo definimos an­teriormente no participan en política, ya que por definición no están inte­resados en ella. Paradoja o manera de presentarse con otra imagen. El independiente que hace política y no el político a secas y directamente,  y en el fondo, lo mismo, manipular el lenguaje y la realidad.

Es evidente que los hechos descritos, obligan a las organizaciones partidarias, intentar adecuarse a las nuevas circunstancias históricas y políticas. En ese sentido, la mayoría de ellas, han iniciado un proceso de reestructuración que abarca una serie de aspecto.

A pesar de los cambios, ¿porqué los partidos políticos no recuperan su esplendor anterior? La principal razón no es que los partidos se hayan quedado sin militantes y sin simpatizantes.

El asunto pasa por dos cues­tiones básicas. Primero la valoración social en la actualidad sobre la polí­tica, la militancia o simpatía partidaria provoca una actitud negativa y si­multáneamente muchos ex militantes de diversas organizaciones partici­pan del gobierno en los distintos niveles bajo el pseudo ropaje de la inde­pendencia que refuerza esa apreciación social. Y, segundo, las expectativas sociales sobre las posibilidades electorales de los partidos son bajas, pues éstos demandan compromisos más cohesivos que cualquier movimiento independiente.

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